16 Diciembre 2004

Comisión: El epílogo

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 14:01

La aparición de Pilar Manjón, en nombre de todas las víctimas del 11-M, cambió el decorado del Parlamento. Se hizo el silencio, aparecieron las lágrimas furtivas, y una figura de tragedia griega mandó sobre el escenario. Su dedo acusador fue, por un momento, el de la Justicia, la Sensatez y la Concordia. Medio país retuvo el aliento mientras esta mujer, embellecida por el dolor, nos pedía que respetásemos a quienes se acostaban y levantaban cada día con un tremendo vacío en sus vidas. De patio de colegio, calificó las reyertas que durante meses han llenado la Comisión del 11-M de improperios y de descalificaciones partidistas.

Lo que Pilar dijo, ante los portavoces de los diversos partidos políticos representados en la Comisión, es que los 90 minutos de juego se han acabado y que no hay ni prórroga ni desempate de penaltis. La Comisión tenía una finalidad bien clara: determinar las responsabilidades políticas que permitieron que la catástrofe se produjese. El propio José María Aznar, en sus Memorias, reconoce que se había bajado la guardia con el terrorismo islamista. No así con el de la ETA donde, todo el mundo lo reconoce, el gobierno del PP ha realizado, durante 9 años, una labor encomiable y cuyos frutos siguen produciéndose semana tras semana. No puede decirse lo mismo de la lucha contra un terrorismo islamita que, tras situarse nuestro gobierno en primera fila en las Azores, nos colocaba en el punto de mira de Al Qaeda y los grupos afines. Más que guerra preventiva, había que prevenir consecuencias por nuestra participación en la Coalición liderada por los EE.UU. El refuerzo que se está haciendo ahora en hombres y medios, para luchar contra el islamismo radical, debió de tomarse al regreso de Aznar de las Azores. Pensar que hemos tenidos en nuestras cárceles, extremistas que han participado en la organización del 11-M y que hemos sido incapaces de descubrir sus planes con antelación, es algo que debe irritar, con toda razón, a los familiares de las víctimas.

La justicia, por medio del Juez del Olmo buscará los autores intelectuales, estén en desiertos, en montañas o en Lavapiés. No hay señor X que buscar dentro del ámbito político o de nuestro terrorismo etarra. Si lo hubiere, el juez se encargará de ponerlo a disposición de la Justicia. Por medio de la Comisión, y con el pertinente informe que ha de consensuar y redactar, hay que enumerar todas las medidas que deben tomarse para evitar que un atentado de esta envergadura, vuelva a repetirse. ¿Cuantos hombres se necesitan, qué medios tecnológicos, cuantos intérpretes son precisos, qué coordinación de cuerpos de seguridad se requiere, qué servicios de inteligencia extranjeros pueden colaborar con nosotros, que costo tiene todo este conjunto de medidas? Es evidente que, sin rechazar ninguna colaboración estadounidense, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Marruecos, Argelia e Israel, entre otros, son imprescindibles para prevenir nuevos atentados. Quienes todavía hablan de Francia reprochándola su falta de ayuda en el caso de Perejil, deberían repasar la Historia y ver cómo el gobierno francés nos sacó de apuros con el desembarco de Alhucemas o con su intervención en Ifni. Si no se reconoce la colaboración actual de Francia contra ETA, desde los tiempos de Bidart, es que se está ciego.

El Informe de la Comisión Parlamentaria sobre el 11-M, debe de reunir el listado exhaustivo de necesidades que permitirán evitar que se repita un atentado como el de Atocha y la cuantificación de los medios necesarios para llevar a cabo esta lucha. Las medidas de ayuda, pronta y eficaz a los damnificados son, desde luego, prioritarias, pero también las preventivas. Si Pilar Manjón puede ofrecer, a su hijo de 21 años, un epílogo decente para esta Comisión, la vida truncada de este muchacho, habrá servido para que recordemos todos, el primer aplauso que salió de todas las manos, de todos los portavoces, de todos los partidos de la Comisión. Y ella, con los demás damnificados, se sentirá más arropada, menos vacía, cada noche y cada mañana, por la totalidad de sus compatriotas, los que no pudimos contener nuestras lágrimas al escuchar el más desgarrador discurso que haya escuchado jamás nuestro Parlamento. Y por añadidura, sin haber recibido aún el cuerpo de su hijo, el 14 de Marzo, creyente en la democracia, fue a votar.

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