De victoria en victoria
Cuando el mundo entero contempla el desastre anunciado de la intervención en Irak, un Bush pletórico, un Rumsfeld contestado por sus propias tropas, un Powell que hace mutis por el foro, la política exterior estadounidense va haciendo aguas por todas partes, al presentarse al acercarse al segundo año de guerra. El Halliburton de Cheney, cargando más de la cuenta las facturas de los suministros a las fuerzas de Estados Unidos mientras los soldados buscan, en los cementerios de chatarra fragmentos de chapa blindada para reforzar sus vehículos humvees deficientemente protegidos. Aumentan los suicidios, las deserciones, los actos de cobardía personal y de crueldad rematando prisioneros, se sigue torturando y se hace con manuales diseñados y supervisados por Donald Rumsfeld, el Ministro de Defensa. Se inventa la figura del combatiente ilegal para dejar en papel mojado la Convención de Ginebra. Se crea el limbo de Guantánamo para sustraer sus cárceles a la justicia estadounidense. El edificio que debía consagrar a Estados Unidos como la potencia mundial única y hegemónica, tiene que pedir ayuda a todos los países después de haberla rechazado inicialmente como el fanfarrón del pueblo. Se retiran tropas húngaras, lo hicieron los filipinos y se anuncia la de los polacos. Si gana Viktor Yúshenko, el candidato europeísta en las elecciones ucranias del 26 de diciembre, también ha prometido la retirada de sus tropas, junto a las cuales estuvieron las españolas en el sector Centro-Sur de Irak.
Existe la creencia de que quien critica un país, un gobierno o un partido político, es por definición un anti eso. Creo que si un amigo no es capaz de decirte lo que estás haciendo mal y te deja en el borde del precipicio sin hacer nada por impedir tu caída, no puede llamarse amigo tuyo. Europa es un continente cuya principal virtud es el espíritu crítico, algo que forma parte de su vida cotidiana, de su propia esencia. Si no fuésemos críticos, no seríamos europeos. Gracias a ese alambicado sistema de auditoria permanente que nos caracteriza y que tiene una praxis de siglos, somos capaces de hacer burradas pero nunca estupideces como la que ha servido de muelle de embarque a los EE.UU. cuando se han creído que podían comerse el bocado iraquí ellos solos, arropando la acción con media docena de países incautos. El relleno incluye países que han acudido posteriormente como ayuda a la reconstrucción. Cuando han visto que se les atragantaba, como la galleta que casi le cuesta el ahogo a George W.Bush, pidieron ayuda a la ONU, hasta entonces menospreciada por Washington. Para conocer quienes “formaron” la coalición, según la Casa Blanca, vayan al enlace: http://antesdelfin.com/coalitionirak.html
La guerra de Vietnam, además del heroísmo de sus habitantes en la lucha contra un enemigo superior en todas las expresiones posibles de la fuerza, tuvo un aliado excepcional en una prensa americana que mostró al país la verdadera cara de una guerra que produjo más de 50.000 muertos entre las tropas americanas. Aquellas fotos de Larry Burrows y otros fotoperiodistas, en LIFE, sacudieron la apatía de los estudiantes de Berkeley y empezaron las revueltas con víctimas en la Universidad. Por eso la guerra del Golfo, en 1991, tuvo lugar sin que nadie viese lo que ocurría en las arenas del desierto, donde miles de soldados iraquíes fueron enterrados en sus trincheras, avasallados por los tanques americanos. ¿Como es posible que los estrategas del Pentágono no hayan previsto el milagro tecnológico de las cámaras digitales que iban a convertir a cada soldado en un turista ansioso por coleccionar recuerdos y trofeos de guerra en los que se apreciaban las sevicias a las que se sometía a los prisioneros de Abu Ghraib? Ya se habla de prohibir que los soldados americanos lleven a la guerra sus teléfonos portátiles multimedia para evitar que envíen a casa fotografías desmoralizantes y comprometedoras para la política americana en la región. Que una mujer del ejército estadounidense presenciase y fotografiase cómo se obligaba a un prisionero iraquí a masturbarse delante de ella, no llamaba la atención de ningún superior. Un país en el que cada ciudadano tiene su psicólogo de cabecera, no tuvo a nadie que alertase del daño que aquellas fotos iban a producir en el mundo musulmán.
¡Como si estuviésemos en tiempos de Goebels en los que solo la radio, la TSF, la Telefonía sin hilos como se denominaba técnicamente, eran la única fuente de información de los ciudadanos! Se les podía contar de todo, como en tiempos de la expulsión de los judíos españoles cuando se les acusaba de comerse niños cristianos crudos. Se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo, a algunos, durante todo el tiempo pero no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo, decía Thomas Jefferson, uno de los más grandes presidentes de los Estados Unidos.
Lo dije en los primeros días de Marzo de 2003 en estas mismas páginas. Estados Unidos se iban a meter en un avispero del que les costaría salir. Por lo pronto su país está dividido y más del 56% considera que la guerra va mal, que no se parece en nada a lo que les anunciaron desde el principio y hasta recientemente. Los andares de triunfador de Bush, rodeado de banderas de las barras y estrellas, ya no tranquiliza a sus conciudadanos. Donald Rumsfeld puede visitar Irak cuantas veces lo quiera desde un helicóptero, la situación no variará. El seguirá escribiendo cartas de condolencia a las familias firmadas a máquina. Estados Unidos seguirá perdiendo la guerra. Así de sencillo.




