26 enero 2005

“Mi reino no es de este mundo”

Filed under: General — Enrique Meneses @ 14:31

El Vaticano y la Conferencia Episcopal, deberían recordar quien dijo esto. Lo olvidan con frecuencia.  “En un país democrático, los que deciden son los ciudadanos, sean católicos o no” , dice el teólogo más prestigioso de España, Enrique Miret Magdalena. Cuando la jerarquía española dice que el gobierno español está empeñado en una campaña de descrédito de la Iglesia con las medidas de gobierno que toma, se olvidan que no somos una excepción dentro del ámbito de la Unión Europea salvo que arrastramos un Concordato de 1979 que, en realidad, es el firmado por Franco en 1953 con algunas correcciones. Va siendo hora de que sea denunciado. Francia sigue ostentando el título de ”Hija Mayor de la Iglesia” y no toleraría una sola de las impertinencias que se permite Monseñor Antonio María Rouco Varela.

Los Estados Modernos separan perfectamente las dos esferas del poder espiritual y el poder terrenal. Ambos son igual de respetables pero mientras el primero se dirige a la conciencia de cada ciudadano, el segundo gobierna sus derechos y deberes. España, el Estado español, tiene un sistema de gobierno democrático. La Iglesia no. Ningún poder extranjero tiene la facultad de intervenir en los asuntos internos de un Estado. El Vaticano lo hace cuando pide a sus fieles que no acepten aquellas leyes que el gobierno español considera necesarias para la buena marcha de la convivencia nacional en este mundo, no en el que prometen las religiones para después de la muerte. Los unos deben preocuparse de las almas y de su preparación para ese futuro de eternidad. Los otros deben aliviar el dolor y el hambre y distribuir el bienestar con justicia en este mundo terrenal y limitado.

No es verdad que se ”cercene la libertad religiosa” porque la enseñanza del catolicismo no sea obligatoria y no puntúe en la nota de final de curso. Como siempre, el catolicismo español doméstico –que no el de los misioneros en tierras desfavorecidas– es tridentino. El Aggiornamento del Concilio Vaticano II, se quedó a medio aplicar tan pronto se cerro el ataúd del jovial y humano Papa Juan XXIII. Un Papa llegado del Este comunista, y al que se considera erróneamente “artífice de la caída del muro”, no era precisamente lo que necesitaba el impulso del Concilio Vaticano II. Me confieso agnóstico absoluto pero no me empacha decir que tengo amigos misioneros a los que respeto profundamente, que admiro la devoción que aportan las monjas de los hospitales y de las misiones africanas, que la Madre Teresa de Calcuta o los jesuitas de la Iglesia de la Liberación sudamericana, tienen toda la consideración y el apoyo de los que creemos en la bondad intrínseca de esos hombres y mujeres. Ninguno de ellos hubiese dejado de ser una buena persona de haber estado fuera del catolicismo. Las ONG están repletas de gente buena y no necesariamente religiosa. El favoritismo del papa polaco hacia el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, no son precisamente gestos que gusten a la mayoría de la iglesia de a pié. Otras órdenes gozan de más simpatías.

El gobierno pide luchar contra embarazos indeseados o enfermedades venéreas con el uso del preservativo. ¿Saben los católicos españoles que en Àfrica los misioneros son los primeros que reparten esos preservativos? Para hablar hay que conocer las realidades de algunas zonas desheredadas y quienes hemos pasado unos años en Àfrica sabemos que es imposible atajar una enfermedad como el SIDA en un continente al que no le queda más que una solución para sobrevivir a la hecatombe de la pandemia: reproducirse . . Son muchas las razones. En julio de 1993, en pleno sitio de Sarajevo, el ginecólogo del Hospital Kosevo, me decía que, durante el sitio y los bombardeos de los chetniks, había aumentado considerablemente el número de embarazos. En parte se debía a la falta de electricidad y de posibilidades de ocio pero, sobre todo, era el deseo de perpetuarse ante un futuro más que incierto. En Àfrica, se tienen muchos hijos para que sobreviva alguno. Nada que ver con nuestras sociedades desarrolladas y prósperas donde el egoísmo es un condón mental insalvable, especialmente en países tan católicos como España e Italia.

Una juventud masivamente (aunque no cualitativamente) educada, comprende el razonamiento de organismos de la ONU tan apolíticos como la OMS (Organización Mundial de la Salud). Por otro lado, la sociedad ha admitido la homosexualidad como algo natural que nada tiene que ver con castigos divinos o desviaciones y perversiones corregibles como señala la Jerarquía. En tres ocasiones, la Iglesia oficial –que no la de base—ha enmendado la plana al gobierno socialista. En primer lugar el rapapolvo que el Pontífice le dio a Jorge Dezcallar cuando presentó sus cartas credenciales ante el Vaticano. La segunda cuando el Papa Wojtyla recibió a José Luis Rodríguez Zapatero y le largó un sermón que faltaba al respeto que merecía un representante electo del pueblo español, católico, musulmán o hebreo, y ahora por tercera vez en la visita ad limina apostolorum con todos los cardenales y obispos de la Conferencia Episcopal Española. Ellos son los que informan a Juan Pablo II de cómo piensa el pueblo español. No solo Rouco Varela le ha dicho al Papa que en Madrid hay “cuatro millones de pecadores” sino que le ha empujado a tomar partido por el PP en la polémica sobre el Trasvase del Ebro. La “Santa intolerancia” del OPUS (Camino, 387)se visualiza en una intolerable ingerencia en los asuntos de gobernanza de un país soberano. La Jerarquía y el Papa no admiten la ley de parejas homosexuales o lesbianas que en nada perjudica a quienes, siendo héteros, desean casarse por la Iglesia. También existe el matrimonio civil y la Iglesia ha tenido que aceptarlo como perteneciente al ámbito de la administración pública. Si la Iglesia Católica cambiase su óptica sobre el celibato sacerdotal, vería que ello no impediría las vocaciones e incrementaría el número de seminaristas que, ciertamente no crece. Cuando el Papa ha preguntado a Demetrio Fernández, recientemente nombrado obispo de Tarazona, que cuantos seminaristas tenía en su diócesis. “He tenido que responderle la verdad, que solo hay uno”.

Los jóvenes españoles practicantes han bajado del 28% al 14% sin que la Conferencia Episcopal se haga la pregunta de por qué esa masiva deserción en el espacio de cuatro años. En Estados Unidos se están produciendo peleas campales entre educadores y padres que se niegan a que se enseñe a sus hijos la Teoría del Evolucionismo de Darwin y Lamarque. Creen a pies juntillas que Dios tardó 6 días de 24 horas en construir nuestro mundo. Y, siendo Dios, se sintió agotado y el séptimo día, descansó. El país que puso un hombre en la Luna se niega a aceptar que ya no estamos en la Edad Media.

La educación religiosa, de cualquier religión, en sus templos y no en las escuelas públicas. Si lo desean, pueden fundar sus colegios y dar la enseñanza religiosa que deseen pero el Gobierno de un país laico y aconfesional ha de mantener un equilibrio perfecto entre todas las creencias. Los dineros públicos deben sostener el patrimonio monumental cristiano o el musulmán y hebreo de nuestro país porque forma parte de nuestra riqueza cultural pero el culto y sus oficiantes deben ser sostenidos con los recursos que aporten los creyentes de los diferentes credos. No se trata de dar un sueldo a todos, al imán, al sacerdote o al rabí sino de que cada religión aguante su vela. Yo estudié mi religión católica a 300 metros de mi escuela pública en el Paris de los años cuarenta. Y mi compañero Jacob Mankievich en su Sinagoga del barrio.

Estamos viendo a donde llevan las religiones y sus intransigencias. Bush, que no cesa de invocar a Dios cada tres frases, pretende llevar la democracia a Irak después de derribar un hombre como Sadam Huseín que era musulmán no practicante. Ahora se encuentra Estados Unidos con un país dividido entre suníes y chiíes con una franja kurda que no quiere volver a estar gobernada por Bagdad. Eso se llama hacer un pan de dos tortas. Libertad religiosa, libertad de culto, ayuda económica para sostener un patrimonio que es de todos los españoles, retribución a las monjas que se desviven en los hospitales pero nada de eso tiene que ver con que se casen los homosexuales o que se recomiende el condón para evitar embarazos, es decir, en muchos casos, abortos. Y si se trata del Tercer Mundo, condenar el condón es no prestar asistencia a millones de personas en peligro de muerte. Y eso, todos los códigos civilizados lo tipifican como delito.

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