11-M, Julio César y el ridículo
¡Por fin, el asesinato de Julio César ha sido reconocido por el Congreso de los Diputados español en el minuto de silencio que se guardó el jueves por respeto a todos los asesinados por motivos políticos de nuestra Historia! El PP, que no concibe que el islamismo radical la haya emprendido con España después de que José María Aznar acudiese a las Azores diciendo que estaban allí reunidos los grandes de este mundo para instaurar la democracia y los derechos humanos en Oriente Medio, ha conseguido que la palabra “terrorismo islamista” no se pronunciase en la sesión parlamentaria en memoria de las víctimas del 11-M. Como siguen diciendo que ha sido ETA la culpable, han desdibujado la fecha del aniversario para abarcar todos los actos terroristas, independientemente de la fecha en que se cometieron. Así es que propongo que en el centenario de la Teoría de la Relatividad, no se mencione a Einstein y se diga, en términos generales, “a todos los científicos que han sido”. Así quedarán satisfechos Ángel Acebes y Zaplana y no digamos José María Aznar.
Los esfuerzos del PP por negar la evidencia, de que la decisión de Aznar de formar parte de quienes declarasen la guerra a Sadam Huseín iba a acarrearnos represalias, raya en lo infantil. Se niegan a suscribir un documento consensuado con todos los partidos políticos porque consideran que reforzar los medios para luchar contra el radicalismo de Al Qaeda es reconocer que no fue ETA la responsable de la matanza de Atocha. Hay que seguir investigando. Fue Brutus el responsable material de la muerte de Julio César pero ¿Quién fue el verdadero autor intelectual? ¿Por qué se detuvo la investigación en el primer eslabón de la conspiración? ¿Y Lee Oswald? ¿Por qué se contentó todo el mundo con los resultados de la Comisión Warren?
El PP no quiere distinguir entre la investigación que lleva a cabo el juez del Olmo con la fiscal Olga Sánchez, que no han encontrado la menor prueba de que exista una conexión entre los etarras y los yihadistas, y las recomendaciones de la Comisión Parlamentaria. Sobre la relación ETA y yihadistas, Jorge Dezcallar, Jefe del Centro de Inteligencia Nacional (CNI), ex embajador en Marruecos y nombrado por el propio Aznar como cabeza de nuestros servicios secretos, dice lo mismo que la investigación policial y judicial. No solo no se escucho sus voces de alerta anteriores al 11-M sino que se excluyó al CNI de la investigación del atentado para solo escuchar lo que decían la CIA americana y el MI6 británico, como si todo el mundo supiese más del mundo árabe o musulmán que nosotros o los franceses. De todos modos, el documento de la Comisión Parlamentaria del 11-M no tiene nada que ver con la investigación de la Justicia española. Es solo un documento que analiza los fallos habidos para aportar remedio y evitar nuevos atentados del radicalismo islámico. Una cosa es quienes son los responsables últimos y otra como se podía haber evitado el atentado de hace un año. Cuando el PP sostiene que no hay relación alguna entre el atentado y nuestra participación en la Coalición, habría que preguntarse por qué Francia y Alemania, que no participaron en la pantomima de las Azores, no han sufrido el zarpazo de Al Qaeda? Algunos dirán que tampoco el Reino Unido ha sufrido un atentado parecido. Hay que explicarles que Londres tomó todas las precauciones necesarias antes de embarcarse en la aventura de Irak mientras nosotros seguíamos teniendo serias carencias en materia de terrorismo islámico. Baste decir que teníamos más traductores de euskera que de árabe en nuestras fuerzas de policía.
Nuestras relaciones con Marruecos no eran las mejores cuando más nos hubiese servido la ayuda de especialistas en el salafismo marroquí. Habíamos tenido en manos de la policía personas con antecedentes que luego resultaron ser cómplices necesarios del atentado e incluso ejecutores directos del mismo.
La imprevisión, ante las consecuencias de nuestro alineamiento con los EE.UU., fue notoria por parte del gobierno de Aznar. Todo se fió a un aliado que solo buscaba la revancha por el 11-S en lugar de buscar las causas de la animadversión del mundo islámico hacia ellos. Se fue pasando de la tajante acusación de tener armas de destrucción masiva –los señores Zaplana y Acebes deberían solicitar que se siga investigando donde están esas armas terroríficas, hasta el fin de los siglos—a considerar que Sadam Huseín era una tirano execrable (como si fuese el único) y debería ser eliminado para llevar al pueblo iraquí a la democracia de Jefferson y Abraham Lincoln. Y en esa cruzada, contra el 90 por ciento de la opinión española, nos metió el señor Aznar, el que nos dijo en televisión créanme que les estoy diciendo la verdad. Existen armas de destrucción masiva
El comportamiento del pueblo de Madrid en particular, y del español en general, el no tocar los derechos civiles para luchar contra el terrorismo, considerar que los ejércitos no sirven para combatir el terrorismo, cualquiera que este sea, el que no hubiese brotes de xenofobia, son las lecciones que España ha dado al resto del mundo. Y los políticos, especialmente algunos empecinados de la derecha, no están dando la talla ante sus conciudadanos. Luego se extrañan que en las elecciones se les castigue. Aznar no escuchó a ese pueblo, ni siquiera a nuestros servicios policiales y de inteligencia. La voz de Bush y Blair eran las del mismo Dios. Y lo ha pagado. Ahora, sus sucesores deberían dejarse de discusiones semánticas y corregir los errores que cometieron.




