30 Marzo 2005

Rajoy y la conspiración

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 0:52

El resultado que obtuvo el PP descabalgando a Felipe González, con la táctica de la machacona insistencia para que se marchase, ha quedado en el “Libro de Estilo” del partido como su mayor éxito de dialéctica parlamentaria. Los oradores de la gaviota han leído a Cicerón pero consideran mucho más moderno y eficiente el sistema de la mosca cojonera. Dar la matraca, impidiendo que se cierre la Comisión del 14-M, parece ser la meta diseñada por los estrategas de Génova. No han sacado conclusiones de cuando tenían al país en la calle diciendo no a la guerra y quieren repetir su conducción política en dirección prohibida. El español de a pié está muy contento de que no estemos en Irak como participantes en una Coalición de países ocupantes, por mucho que digan que están reconstruyendo el país. Y esa misma gran mayoría de españoles que fueron detrás de las pancartas, no aprecia el que todos los días, con la inestimable ayuda de Pedro Jota, se pidan comparecencias que a todos nos parecen muestras de filibusterismo político.

Si un señor que colaboraba con el CNI, tenía contactos con un condenado por complicidad en la masacre del 11-M, el PP, por satisfacer el ego de Acebes y Zaplana (y por supuesto el de su mentor Aznar), habrán quemado un servidor del Estado al sacar a la luz su condición de espía. De quienes en todo el mundo aseguraron, hace dos años, que había armas de destrucción masiva en Irak, solo queda el PP para seguir creyéndoselo. Ni el mismo Bush lo ha vuelto a mencionar. Los inventores de la fábula o pidieron perdón o se han amparado acusándo las falsas informaciones de exiliados iraquíes que no contrastaron. Porque dos exaltados llamasen “asesino” a José María Aznar el día de las elecciones, no es razón para que todo un señor partido de derechas o centro-derechas, criminalice al PSOE dando a entender que sabía que el atentado se iba a producir y no lo evitó porque quería ganar las elecciones. El CNI, por boca del director nombrado por Aznar, Jorge Dezcallar, avisó de la peligrosidad de Allekema Lamari, suicidado con el grupo de Leganés. Pero ya sabemos el caso que Aznar hacía de nuestros servicios de inteligencia a pesar de que siete de ellos murieron en atentado en Irak.

El pueblo español ha sentenciado ya ese tema hace más de un año con el resultado de las urnas. Desde entonces, dos tendencias dividen al PP. Los que se han querido poner a trabajar para ganar las próximas elecciones y los que, no queriendo aceptar lo que dijo el pueblo (y sigue diciendo si creemos los índices de popularidad de Zapatero), han decidido mantener la duda sobre un gobierno legítimamente salido de las urnas. La campaña de acoso al ejecutivo socialista, dudando de su inocencia ante el atentado del 11-M dejará, si lo creyésemos, un halo de duda sobre próximas elecciones. Cada partido que pierda en el futuro, deberá solicitar una Comisión de Investigación y mantenerla abierta hasta las siguientes elecciones con insinuaciones de connivencia entre el partido ganador y las fuerzas terroristas. Nadie ha pedido que se acuse a José María Aznar y al ministro Federico Trillo de ”homicidio involuntario” por haber escatimado el dinero y no haber vigilado la subcontratación del Yakolev-42 ucranio que costó la vida a 62 militares españoles. No habría prosperado la demanda pero podía haber estado envenenando la atmósfera política durante muchos meses.

La credibilidad del PP se puso en duda cuando Aznar, mirando a cámara, aseguró a los españoles que podían creerle cuando decía que Sadam Huseín tenía armas de destrucción masiva. No lo habíamos creído antes de las manifestaciones multitudinarias, que tanto disgustaron al amigo y aliado de Bush y Blair, pero menos vamos a creer ahora que un Pedro Jota, que siempre se ha creído Carl Bernstein y Bob Woodward, los dos en uno, hasta en los anchos tirantes, descubra ahora el Watergate de los socialistas. Los sensatos del PP, creíamos que deseaban superar la etapa Aznar y aupar a Mariano Rajoy presentándolo como hombre tolerante y abierto al diálogo para diferenciarlo de su arrogante predecesor. Creo que después de algunos atisbos de que el sucesor de Aznar iba por buen camino, vemos que hay fuerzas colocadas a tu vera como auténticas minas personales. Rajoy tiene al equipo de los aznaristas vigilándole estrechamente y alguno de ellos quisiera poder desbancarle porque para muchos parece tan blando como Rodríguez Zapatero. Las posiciones que quieren ocupar los “trepas” del PP, urgen más que descabalgar a ZP. El objetivo para ellos es Rajoy. Y este se ha dado cuenta y basta escucharle en La Mirada Crítica de Telecinco el día 29 para ver que quiere crispar más el ambiente para demostrar que es el primero en seguir las enseñanzas del ”Maestro”. Cuando un joven colega, llamado José Antonio Méndez, anuncia en LA RAZÓN, a bombo y platillo, que el PSOE está pensando en prohibir las procesiones de Semana Santa en las calles, está practicando terrorismo informativo. Está reapareciendo una Brunete Mediática delante de nuestros propios ojos y hay todavía muchos españoles que son incapaces de distinguir entre lo que es información veraz e información-mostaza. La retirada de signos del franquismo ha demostrado cuanto neo-franquista queda en este país. Rajoy dice que no hay que resucitar el pasado pero su partido no deja de hacer alusiones veladas al Frente Popular de 1936 al referirse al tripartito que gobierna Cataluña. La nostalgia está muchas veces asociada a la edad que teníamos. ¿Quién no se divirtió bajo el franquismo con 14 años? Pero una generación, que hoy son abuelos, sabe que en alguna fosa común, al borde de una carretera, yace su maestro de la escuela o su padre. Se habla mucho de Paracuellos, que se achaca a Carrillo, y nada de la posguerra franquista. Se quiere olvidar el exilio para pensar en el futuro pero eso lo dicen los que, a la muerte de Franco, no tuvieron que exiliarse por la generosidad de muchos republicanos. ¡Esos si que no buscaron revancha! Hubo más generosidad de un lado que de otro. Y no se comprende por qué la Fundación Francisco Franco recibe subvenciones importantes y se permite negar el acceso a sus documentos para los historiadores, como denunciaba Tusell. La retirada de la estatua ecuestre de Franco se ha hecho con respeto y la nocturnidad ha permitido no crear problemas de tráfico. En la antigua URSS las estatuas de Lenin y Stalin fueron derribadas despues de ensuciarlas con pintura roja, y Mussolini acabo colgado boca abajo junto a Clara Petacci. No creo que Franco hubiese permitido una estatua de Federico García Lorca en su ciudad natal.

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