Funcionarios con conciencia
Algunos alcaldes del PP ya lo han anunciado. No casarán a parejas homosexuales. Ni siquiera delegarán en algún concejal para llevar a cabo tan ingrata tarea. Ante todo, la conciencia de buen católico. El alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, del PP, define su postura ante el matrimonio de homosexuales como “gesto de hombría”. Algunos de esos alcaldes del Partido Popular se han divorciado o mantienen una relación más o menos conocida por sus conciudadanos. Otros, como un concejal valenciano, ha aprovechado para salir del armario. Incluso los hay que han acosado a una concejala hasta empujarla a la depresión. Los hay en todos los partidos pero si menciono los del PP es porque son los únicos que siguen, en algunos casos a rajatabla, lo que les piden los obispos trabucaires. El viernes último, el presidente del Consejo Pontificio para la Familia, Alfonso López Portillo, pidió a los funcionarios públicos españoles a hacer uso de la “objeción de conciencia” que solo está prevista para los periodistas puesto que la de los reclutas ya no está en vigor al suprimirse el servicio militar obligatorio. Juan Antonio Reig Pla, obispo de Castellón va más lejos y pide la desobediencia civil. Hasta el emérito cardenal de Barcelona Ricard María Carles declara que “Si está primero la obediencia a la ley que a la conciencia, esto lleva a Auschwitz”. ¿Puede haber mayor sofisma que éste? Es su conciencia la que empuja a gays y lesbianas a querer casarse y poder adoptar. Muchos no hacían caso al Papa Juan Pablo II cuando decía que no se atacase a Irak y condenaba la guerra que se estaba preparando pero las cuestiones de moral que atañen a la familia y al sexo, eso es otra cosa distinta a la muerte de “infieles”.
No es posible discutir de ciertas cosas con nuestros integristas católicos. Decirles que Cristo predicaba el amor y que dos personas del mismo sexo pueden amarse y ser católicas y ser fieles la una con la otra o el uno con el otro, eso no les entra en la cabeza. Alguien les dijo una vez que la homosexualidad es depravación, “una tara” –según un afiliado al PP de Barcelona que ha sido expulsado de su partido como consecuencia–que si el hombre-hombre echa una cana al aire es perdonable porque su genética es así pero que una mujer no puede hacer lo mismo. “No es igual”, dicen sin que se les caiga la cara de vergüenza. El mantener una querida en un pisito era incluso bien visto por la sociedad de Madrid, Barcelona o Bilbao en la primera mitad del siglo XX. Cuando llegó el divorcio, hubo avalancha de candidatos al mismo, de cualquier partido que se considerase. Luego el aborto. Y no pasó nada extraño. Quien no quería divorciarse o abortar, no se veía obligado a hacerlo. Lo mismo sucede ahora con los matrimonios de homosexuales. Lo que ha hecho el gobierno es regular el matrimonio civil de este colectivo, no se mete en lo referente al matrimonio religioso. En cambio, la Iglesia –la jerarquía, sobre todo– sí se mete en el terreno de lo civil. Condenando el uso de los preservativos destruye la tarea del Ministerio de Sanidad que pretende acabar con las enfermedades de transmisión sexual, especialmente el SIDA. Ahora con las libertades y los derechos civiles.
Decir que la familia no ha cambiado a lo largo de los siglos es no querer analizar la realidad. Hay sociedades poliándricas en la India donde un hermano se casa y su mujer lo es de los hermanos del casado. Hay sociedades matriarcales. En la tribu de los Tarús del Bankatti, que conocí en 1960-61, las mujeres se casan con varones adolescentes desde hace siglos y mandan ellas en la familia. Hay familias polígamas en el mundo musulmán y en otras culturas. Hay hombres de nuestro ámbito con más de una familia. ¿No es Álvarez Cascos, ex ministro de Fomento, el padre de varias familias? ¿No existen familias monoparentales por abandono del padre o por viudedad de la madre? ¿No hay curas y monjas que crían a niños y niñas huérfanos o abandonados en la inclusa? Si se afirma gratuitamente que una pareja gay o lesbiana no sabría educar a unos hijos y que estos podrían “contagiarse” de la tendencia sexual de los adoptantes ¿cómo se explica que la mayoría de los homosexuales no sean hijos de homosexuales? ¿Son hijos de curas o monjas todos los curas o monjas que conocemos? ¡La ignorancia es la madre de todos los vicios mentales!
“Contra los excesos de la libertad, decía Thomas Jefferson, el gran presidente de los EE.UU., solo hay una solución: ¡Más libertad!” Una democracia no se debe juzgar solo por el respeto que tiene a la mayoría (no faltaba más que la despreciase, véanse las Azores y la guerra de Irak) sino por el respeto que se tiene a las minorías. En el Mayo 68 francés se lanzaron algunos eslóganes que constituyen mandamientos de la modernidad aunque luego derrapasen algunas actitudes del movimiento estudiantil: “¡Prohibido, prohibir!” fue uno



