Papa, Rainiero, Schiavo
Parece como si el tema estuviese en el aire. ¿Qué se hace con los enfermos terminales o que están en coma o tetrapléjicos de por vida? Durante 15 años Terri Schiavo ha sido un vegetal irrecuperable. Los padres querían que siguiese así y el marido deseaba que concluyese su sufrimiento quitándola una asistencia médico-mecánica que no tenía posibilidades de alcanzar una solución satisfactoria. El integrismo cristiano que impera en la sociedad estadounidense, exigía que se la mantuviese en vida artificialmente. Si el Dios al que rezan esos fundamentalistas considera que la persona tiene que morir ¿Cómo se permiten los allegados y las organizaciones pro-vida enmendarle la plana a su Dios? Aunque se diga que la persona no sufre ¿por qué han de sufrir durante años sus allegados y amigos?
En el hospital Severo Ochoa de Leganés, el jefe de Urgencias, Luis Montes, ha sido destituido con la cúpula directiva de su departamento, por una acusación anónima que les reprochaba haber sedado indebidamente a enfermos terminales que llegaban a su servicio. En otros hospitales existen Unidades de Dolor donde se atiende a este tipo de pacientes pero al no disponer de esas facilidades en Leganés, son llevados a Urgencias. ¿Qué debía de haber hecho? ¿Dejarles sufrir? El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid se niega a dimitir como le piden todos los trabajadores del hospital. La huelga se mantiene esporádica por considerar que se ha desprestigiado a los profesionales de la sanidad pública. Muchos acusan a Esperanza Aguirre de intentar dar un golpe bajo a la medicina pública y desviar enfermos hacia clínicas privadas. Sea lo que fuere, no se debía haber destituido a nadie sobre la base de una denuncia anónima antes de haber tenido los resultados de una Comisión Paritaria de expertos que analizase cada uno de los casos.
En 1977 y tras más de tres años de lucha contra el cáncer, tiré la toalla y dejé de enfrentarme a la metástasis que se había instalado en mi mujer. El neurocirujano de Houston que examinó el cuarto tumor (en el cerebro), me dijo que si su hija estuviese en la misma situación que mi mujer, él no la operaría –pese a ser uno de los mejores especialistas del cerebro—y la dejaría morir. Entonces, tras muchos días de hacer de tripas corazón y limpiar en el rostro amado las decenas de gusanos que producía la necrosis, pedí paliativos a los médicos para evitar los dolores de mi mujer. Dos inyecciones de morfina diarias me fueron autorizadas. Ni una más. Engañé a varios amigos médicos diciéndoles que los otros me negaban la morfina por razones etico- religiosas. Así me hice con 6 inyectables diarios. El practicante se negó también a pasar de las dos inyecciones por días. Lo despedí y yo mismo se las puse cada vez que se quejaba del dolor. Hubiese querido tenerla lúcida y hablar con ella hasta el último instante pero preferí que no sufriese. ¡Y tenía tanto que decirla!
Con sus primeras operaciones, llevé a mi mujer a recibir cobaltoterapia en el Hospital Mount Sinai, con John Bollan, un famoso especialista inglés. Al ver las dos operaciones que había sufrido mi mujer: saco lacrimal (operada por el Profesor Bertolucci) y cadena linfática del cuello (Rafael García Tapia), llamó a sus colegas y llegaron a la conclusión de que ellos no hubiesen evitado dejar tuerta a mi mujer con la primera operación y con la cabeza caída sobre el hombro en la segunda.
– Los riesgos de un pleito por mal práctica es tan grande en EE.UU. que estamos obligados a ser carniceros y curarnos en salud, me dijeron. “Solo en Italia y en España se puede practicar esta maravilla de cirugía”. El tema es importante porque el costo de la medicina en EE.UU. es muy elevado por culpa de las querellas de pacientes o familiares, respaldadas por codiciosos abogados, que obligan a los médicos a tener carísimos seguros. En Francia están llegando paso a paso al estilo americano de intentar sacar dinero a los médicos utilizando, a veces, triquiñuelas legales. No nos afanemos aquí en atacarnos a los médicos sin fundamento. Creo que quienes traigan familiares terminales al hospital Severo Ochoa de Leganés, van a tener ahora muchas dificultades en obtener alivio para los fuertes dolores de esos enfermos. La cirugía que se practica en España es de primer orden y si se empieza a cuestionar la profesionalidad de nuestros médicos, se volverá muy cara y menos reparadora para proteger al especialista contra las demandas legales de sumas millonarias.
Una cosa es la mala praxis que hay que vigilar y hasta castigar, y otra el afán de beneficiarse de una situación que obliga al médico a tomar decisiones de muy alta responsabilidad de acuerdo con la voluntad del enfermo o de sus familiares cercanos. La pugna entre la Justicia y los políticos federales y de Florida por interrumpir o continuar manteniendo artificialmente a Terri Schiavo, es un ejemplo odioso de donde empiezan y terminan los principios de la Ley y los de la Fe irracional.
Los españoles de cierta edad recordamos cómo se mantuvo artificialmente vivo a Francisco Franco en La Paz y como el Papa Juan Pablo II y el Príncipe Rainiero de Mónaco han visto prolongar su sufrimiento con fines de interés político, para dar tiempo al entorno a organizarse y tener las riendas del poder firmemente asidas. También hemos vivido la odisea de Ramón, el tetrapléjico gallego que no quería seguir viviendo pero las leyes le obligaban a seguir con su calvario. También es necesario revisar una legislación que respeta todo menos la libertad individual más sublime: la de seguir o no viviendo en condiciones inhumanas. Será una cuestión religiosa y de conciencia para los cristianos pero no todo el mundo tiene por qué estar sometido a los mandamientos de una fe que no es, quizá, la suya.




