10 Abril 2005

Carlos, Camila y los criticones

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 0:58

Ella tenía 22 años y él 20. Como suele suceder en esas edades, el chico tenía menos experiencia sexual que ella. Descubría así algo tan importante como el sexo y la sexualidad. Y claro, la relación entre ambos se convirtió en una droga para el heredero de la corona. Cuando se conocieron, ella le dijo a Carlos que sus bisabuelos respectivos, Eduardo VII y Alice Kempel, habían sido amantes. La cosa tenía su morbo. En la boda del sábado 9, Camila lucía el magnífico collar de su bisabuela, regalo de su real amante Eduardo.

Hay que decir que Camila ha sido una mezcla de tradición y de feminista liberada. Tuvo una excelente educación que no la llevó a la Universidad pero sí a un selecto colegio en Suiza. Sexualmente aprendió mucho gracias a su espíritu aventurero. Mientras el Príncipe de Gales, dos años menor que ella, seguía siendo un pardillo. Convertirse en la amante del futuro rey de Gran Bretaña estaba casi en la tradición familiar de Camila, hija mayor del Comandante Bruce Shand, aristócrata de campo y comerciante en vinos selectos. La chica recibió una educación exquisita pero también heredó un sentido común que la hacía pisar la tierra con firmeza. La iban mejor los vaqueros que los vestidos de Versace y estaba convencida que la misión de una mujer es hacer feliz a un hombre y quizá a varios más. De ahí esa mezcla de costumbre y tradicionalismo y libertad sexual absoluta. Y claro, esta figura a caballo entre dos siglos diferentes, no podía gustar a la reina ni al Príncipe Felipe, anclados en la tradición. Se ha dicho que Carlos no la pidió en matrimonio pero Camila y Carlos sabían que todas las cartas estaban en contra de ellos por la oposición de Buckingham Palace. Quedaba otra solución si había que descartar la boda real: ¡Repetir la historia de la bisabuela!

En 1973, Camila se casa con Andrew Parker-Bowles, un jugador de polo como el Príncipe Carlos, mujeriego y encantado de saber que su esposa había sido la amante del Príncipe de Gales….y que, probablemente, seguiría siéndolo. Como muchas concubinas en la historia de las monarquías, su influencia es importante y sabiendo la dependencia que Carlos tiene de ella, no duda que su futuro estará asegurado. Ella recomienda a Carlos que se case con Diana Spencer. Esta jovencita de 20 años es la preferida de la reina y del Príncipe de Edimburgo. Es esbelta, elegante, tímida, virgen, sosa y muy muñeca Barbie y al mismo tiempo la encanta todo lo que representa el Reino Unido de su tiempo. Desde la ropa a la música pop pasando por los bailes de moda. El pueblo inglés ve en Diana a la princesa de los cuentos de hadas. Camila es la Madrastra. De joven, Camila debió de ser muy guapa si observamos la belleza de su hija Laura en la boda del sábado. Sus críticos actuales, la comparan con un caballo. Ella tiene 57 años y ha envejecido con Carlos de 55. Tampoco él es el apuesto joven que llevaba del brazo a una Diana intimidada por la prensa.

Para Diana, Camila era la Rottweiler y para la amante de Carlos, la princesita de Gales era la ratita. Cuando Diana descubrió que “en su matrimonio eran tres” y eso es multitud, empezó a vivir su propia vida y así, a los 6 años de casada, Diana tuvo un affaire con un apuesto oficial asignado al servicio de la Reina Elizabeth II, James Hewitt. Esa aventura duró cinco años pero no fue el único que ocupó la vida sentimental de Diana hasta su trágica muerte en 1997, junto a su amante, egipcio Dodi al Fayed, en un accidente de automóvil en un túnel parisino. Hubo algunos más.

Hemos visto como el Príncipe de Asturias se ha cansado de obedecer a la tradición y a sus padres con relación a quién debía de ser su esposa. Excepto por algunos estreñidos nostálgicos de siglos pasados, la boda con Leticia Ortiz, una divorciada, ha caído muy bien al pueblo español. Estamos viendo como la nueva generación de futuros monarcas no está dispuesta a aceptar bodas acordadas sin que exista amor en la pareja. Casarse sin amor, por razones de Estado, y tener licencia de concubinato con bellas artistas, forma ya parte del pasado más rancio. La juventud está más dispuesta a aceptar que la futura reina no pertenezca a la nobleza a que se case por interés.

Camila, duquesa de Cornualles, no quiere llevar el título que le corresponde de Princesa de Gales. Es demasiado inteligente para no saber que atraería odios feroces de quienes consideran que ella llevó a Diana, Lady Di, a la muerte. Mujer pragmática, campechana, inteligente, con un gran sentido del humor, ahora va a poder ganarse, ante el pueblo británico, una simpatía que ella sabe que tiene. Le va a costar más hacer que Carlos vuelva a recuperar la estima de sus conciudadanos, por sus desprecios hacia la prensa, recientemente demostrados hace poco, ignorando un micrófono abierto colgado de su cuello, al describir el asco que siente por los informadores. Las encuestas favorecen su abdicación a favor de su hijo Guillermo. Ya veremos si Camila consigue cambiar la opinión de sus compatriotas. Algunos ya ven que 35 años de amor acaban de triunfar en la capilla de San Jorge, en Windsor, en presencia de la reina y de Felipe de Edimburgo. Es solo un paso pero por algo se empieza. La camaradería de los hijos de Camila y los de Diana, ha podido verse en la televisión antes y después del enlace. Por cierto, el público femenino se ha quedado boquiabierto al ver la elegancia de Camila con los dos atuendos que llevaba, a la Alcaldía de Windsor y a la Capilla de San Jorge. Las comparaciones con Diana el día de la boda de esta, no han sido negativas, al contrario. Me han preguntado mi opinión sobre esta boda y sus posibilidades futuras. Yo soy un poco sentimental y creo que un amor cómplice de 35 años, bien merece otra oportunidad.

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