12 Mayo 2005

Traicionar a los muertos

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 1:07

Los muertos siempre representan un papel importante después de su deceso. Cuando no sirven para ganar una batalla contra los moros, permiten mostrar en público lo respetuosos y bien nacidos que somos. Sin embargo hay muertos de primera y muertos de segunda y tercera. No es lo mismo ser víctima del terrorismo etarra que del islamista. Los primeros son, ellos y sus familiares, víctimas que, por llevar más tiempo en la Asociación correspondiente, tienen reservado el derecho de admisión en la misma. No entra en ninguna cabeza que sea necesario tener otra Asociación que sea específicamente para las víctimas del 11-M. En la primera abundan políticos, magistrados, militares y miembros de las Fuerzas de Seguridad. En la segunda, aunque solo sea por la hora temprana y por haberse producido en trenes de cercanías, nos encontramos con estudiantes, trabajadores e inmigrantes adormilados que acudían a sus obligaciones diarias. Cuando el Gobierno de Rodríguez Zapatero nombra a un hombre del calibre de Gregorio Peces-Barba, que no quiere acudir a una manifestación partidista de la Asociación liderada por Francisco José Alcaraz, a la que no se ha invitado a la de Victimas del 11-M presidida por Pilar Manjón, es porque las dos se enfrentan. Con buen criterio, el Alto Comisionado decidió no asistir a esa manifestación por no ser unitaria.

Que Mariano Rajoy, con ese regreso al estilo José María Aznar que tanto gusta a la extrema derecha, haya sacado las víctimas del terrorismo y diga que Rodríguez Zapatero las “traiciona” por recibir al Lehendakari en la Moncloa o no haber ilegalizado al Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK), raya en el cinismo. Con ello niega legitimidad al Presidente electo de la Autonomía Vasca al que su mentor Aznar no recibió en años cuando era presidente. Reprocha al gobierno socialista no ilegalizar un partido que fue inscrito en el registro correspondiente por Ángel Acebes sin reclamarles entonces ninguna condena expresa del terrorismo de ETA. Exige ahora que José Luis Rodríguez Zapatero cuente lo hablado con Ibarretxe cuando, por dos veces, el Partido Popular, entonces en el poder, se entrevistó con Otegui primero en Burgos y con ETA misma en Suiza sin haber soltado prenda. En aquellas circunstancias nadie escuchó al partido socialista en la oposición reclamar luz y taquígrafos como lo hace ahora el PP. Lo que ellos no hacían cuando estaban en la Moncloa, ahora lo exigen con la arrogancia propia de quien se considera propietario del poder.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se da cuenta de que si Rodríguez Zapatero acaba con ETA (reconociendo lo mucho y bien que hizo el PP durante sus 8 años de gobierno en esta materia), se aseguraría la Moncloa para las dos siguientes legislaturas por discretos que fuesen sus demás logros. Si la suerte de las elecciones del 14-M dependía de que fuese ETA o Al Qaeda la responsable del atentado de Atocha, las elecciones siguientes, Referéndum de la Constitución Europea y elecciones vascas, deberían haber convencido al PP de que no ganaron los socialistas gracias a Osama bin Laden sino que antes se habían producido una serie de elementos que inclinaron la balanza hacia el PSOE. La declaración de guerra a Irak en compañía de Bush y Blair en contra del 90% de los españoles, la poca atención de Cascos y Fraga, cazando y pescando, cuando el Prestige, la muerte de 62 militares en Turquía por haberlos metido en un avión barato y subcontratado para ahorrarse dinero, la forma arbitraria en la que se entregaron los cadáveres a las familias, el desprecio a los geólogos aragoneses cuando denunciaban el trayecto elegido para el AVE a Zaragoza, Gescartera, todo ello había preparado el terreno para votar la alternancia en la Moncloa. No deberíamos estar recordando todos estos acontecimientos del pasado pero Mariano Rajoy, en su réplica a Rodríguez Zapatero, ha ido repitiendo hasta la retahíla la falta de limpieza en la obtención del triunfo socialista el 14-M. La sombra de Aznar, desde el video de la FAES hasta los libros que va publicando recientemente o las entrevistas que concede a publicaciones extranjeras y sus clases en la Universidad Georgetown, empuja a un sector del PP, el más derechizado, a querer dar caña al gobierno.

Pensar que el escenario del final de la lucha contra ETA es el diseñado por Acebes, Zaplana y Rajoy en vez del que, lógicamente, prevé Rodríguez Zapatero, es utópico. Las guerras no terminan así, como ellos quieren. Cuando se firmó la rendición de Alemania, ahora se han cumplido 60 años, los prisioneros de ambos bandos regresaron a sus casas, menos los máximos responsables que fueron juzgados en Nuremberg. La guerra había terminado. El dolor de las víctimas de ambos lados, de cualquier nacionalidad que fuese, hubo que dejar que el tiempo lo mitigase. Llamar radical a José Luis Rodríguez Zapatero, por parte de un Mariano Rajoy que cada vez se parece más a un Yahvé vengador, suena a alineamiento con Aznar del moderado que creíamos ver en el líder de la oposición pero descubrimos que está prisionero de la cuadrilla de cancerberos dejados por un dolido Ánsar que nunca reconocerá que había cavado, él mismo, su propia tumba política. Hay quien cree que esta actitud es la que permitirá al PP recuperar un gobierno que consideran que les fue arrebatado con malas mañas pero el país no está para funanbulismos. Cuando Rajoy dice que España se rompe por culpa del Tripartito catalán, se olvida que gobernaron con ayuda de CIU y del PNV en su día. No hay nada como la Memoria para desbaratar los brillantes ataques dialécticos de un parlamentarismo hecho de cara a sus propios correligionarios.

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