Monsieur Chauvin ha dicho “no”
Pensar, hablar, actuar, en términos europeos no parece que esto sea para pasado mañana. El referéndum francés ha venido a demostrar que elecciones o referenda son sistemáticamente utilizados, en toda la Unión, para fustigar al gobierno nacional con los argumentos más peregrinos. Los socialistas franceses habían decidido el “OUI” tras intensos debates entre sus diferentes tendencias. Laurent Fabius, aquel Ministro de Sanidad famoso por el escándalo de las transfusiones de sangre contaminada se saltó lo decidido en votación interna por su partido y se lanzó a favor del “NO” con el deseo de desbancar a François Hollande, el Secretario General.
Cuando los socialistas españoles ganaron sus primeras elecciones, toda la derecha se echó las manos a la cabeza ante la oleada de nacionalizaciones que nos esperaban en España. Se nacionalizó únicamente la red eléctrica, es decir, el transporte de la electricidad pero no las compañías productoras que siguieron como siempre, privadas. En Francia, con gobiernos de derechas, todavía sigue nacionalizado un importante sector económico, entre el cual se encuentra la mastodonte EdF (Electricité de France). La Socialdemocracia moderna no puede seguir las pautas del socialismo tradicional. Ha emprendido cambios importantes en muchos países europeos pero Francia sigue lastrada por grupos de presión como los “cheminots” (ferroviarios de la SNCF), los funcionarios de la sanidad o de Correos, los campesinos. Nadie quiere una Europa de capitalismo salvaje pero si que se quite el polvo que recubre un socialismo lleno de arrugas y nostálgico de la lucha de clases. Es imposible competir a nivel mundial con estructuras más sencillas, menos reglamentadas e intervenidas.
Pensar que Jean-Marie Le Pen y los trotskistas, junto a muchos de la rancia derecha que quieren que Francia siga mandando en su destino en solitario, que defienden la spécifité française, han votado lo mismo, parece una aberración que jamás se podría haber dado en un pueblo que inventó el cartesianismo. Pues se ha dado. Los soberanistas, a lo más que llegan es a la Europa de las Patrias. Más allá de eso no quieren saber nada más. No se imaginan que la banda tricolor que cruza el torso de los electos municipales, pueda ser sustituida por otra azul y llena de estrellas. Lo que solo se producirá en su imaginación. Del lado de la izquierda, sobre todo de la extrema, la “invasión” turca, la deslocalización de empresas ha sido la tabarra de la campaña electoral. Ya se han olvidado de que España y Portugal no invadieron Francia en 1986 como predecían los Nostradamus de turno. La experiencia de las ampliaciones ha demostrado que no se produce invasión de los recién adheridos. Al contrario, la llegada de inmigrantes anterior a la adhesión de sus respectivos países, hace que se detenga al abrirse nuevas oportunidades en sus mismas naciones. Llega dinero y regresan inmigrantes de larga duración que quieren rentabilizar sus ahorros y participar en el desarrollo de su país. Los emigrantes españoles en Alemania y Francia, empezaron a regresar a España después de 1986. El fenómeno contrario al que predecían los detractores de nuestra adhesión.
Las deslocalizaciones se hacen porque en un momento dado, los costos laborales empujan al empresario a buscar sitios donde se pueda fabricar bien y a menor precio. El textil chino es un buen ejemplo. Los países que no se adapten a esas situaciones, están condenados a desaparecer. La competencia no se combate poniendo barreras arancelarias sino poniendo plus valía a nuestros productos aunque solo sea en calidad de diseño o innovación tecnológica. Alemania y Francia están pasando momentos muy amargos en su crecimiento. No han tomado a tiempo las medidas necesarias para tener economías competitivas. Decir “NO” a la Constitución europea es no haber entendido nada de lo que ésta representa. En ningún caso impide las migraciones del Este de Europa hacia los 15 que ahora son 25. No va a evitar que se instalen grandes empresas francesas o alemanas en Rumania o Bulgaria o Ucrania. El analista Jacques Rupnick recordó que la Comisión Europea estima que Francia perdió 6.500 puestos de trabajo por deslocalizaciones hacia el Este pero creo 150.000 puestos gracias a los intercambios comerciales con esos mismos países.
Gracias a las subvenciones, la agricultura de la Unión Europea se ha mantenido hasta ahora y ha frenado el abandono del campo. El turismo rural va a paliar la pérdida de competencia frente a países terceros pero hay que meterse en la cabeza que esto no puede durar siempre y que, cuanto antes se den cuenta en el agro de la Unión, menos doloroso será el futuro. Los esfuerzos de Extremadura por preparar a sus habitantes en el mundo de la informática, son loables y permitirán abandonar el cultivo del tabaco a más o menos corto plazo.
¿Qué va a suceder después de este desahogo de Monsieur Chauvin? Para empezar, puesto que solo pensó en sus pequeños problemas domésticos a la hora de votar “NO”, Jacques Chirac toma nota y cambia de Primer Ministro. Y le ponen otro nuevo, Dominique de Villepin o Nicolas Sarkozy, dos aspirantes a las elecciones presidenciales de 2007, igual que lo son, por el otro bando, François Hollande o Laurent Fabius. Pero como el problema está en la competitividad de las empresas francesas, no habrá mejorado la economía ni se habrá asegurado un Estado de Bienestar que, en Francia, ha llegado a situaciones ridículas. Los que critican la protección de la cuna a la tumba tienen razón de considerar que el gremialismo y la defensa a ultranza de derechos adquiridos, es un freno al desarrollo del país. La verdad está en el término medio.
En cuanto a los referenda o aprobaciones parlamentarias que quedan, hay que pensar que seguirán el calendario establecido y que en 2006 se comprobará cuantos países han aceptado esta Constitución y cuantos la rechazan. Una vez más, la Europa a dos velocidades aparece en el horizonte y lo único destacable es que haya países fundadores entre los que no han aceptado la Constitución. Pero muchos recordarán que Dinamarca rechazó una primera vez un referéndum que aprobó en una segunda oportunidad. De todos modos, si 20 de los 25 países de la unión ampliada votan a favor, la Comisión y el Parlamento europeo tandrá que decidir lo que se hace.
Por otro lado, decir que más de 450 artículos, muchos de ellos extremadamente técnicos, no pueden ser sometidos a un “OUI” o un “NO”. Y si el 92% de los representantes en la Asamblea Francesa daban el “SI” y el 54,86% del pueblo francés ha dicho “NO” es sencillamente porque hay 448 artículos y ello hace que aumente el número de descontentos por uno o por muchos de esos artículos y pocos los que aceptan los 448 globalmente. Pensemos que nuestra constitución española tiene 169 artículos y lo que costó unificar criterios. De todos modos, 220 millones de europeos ya han dicho “SI” y su opinión no puede despreciarse por el “NO” francés y el probable holandés. Un documento tan técnico no puede dejarse al juicio de 450 millones de europeos sin causar un tsunami legal. Hay que esperar que los 16/17 de junio próximo, en la cumbre de Bruselas, se encuentre una solución al problema planteado por Francia. La Unión ha ido avanzando así desde su fundación, con pasos adelante y pasos hacia atrás. Recordemos Maastricht.



