Una derecha de pancartas
Cualquiera puede recordar la repulsa de José María Aznar hacia los “pancartistas” que le gritaban “No a la Guerra” en 2003. Quizá por ello, en la manifestación del sábado 4 de junio, vimos fugazmente al ex presidente del gobierno escondido entre guardaespaldas y partidarios de su política contra ETA que fue, sin lugar a dudas, la que le ofrecieron los socialistas con el “Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo” . Muchos creen de buena fe que la manifestación se organizó “contra el terrorismo y por la libertad” pero, en realidad se ha escenificado para atacar al gobierno de Rodríguez Zapatero e impedir que sea él, y no el invicto Aznar el que ponga punto final al sangriento historial de ETA. Pero mirando de forma imparcial las imágenes que ofrecía Telemadrid, la televisión de Esperanza Aguirre, se pueden descifrar algunas claves del acontecimiento solo con leer algunas pancartas y escuchando eslóganes que no iban dirigidos a Arnaldo Otegui o a la ilegalizada HB sino a un gobierno que no cesa de repetir que se hablará con ETA cuando haya dejado las armas: “Zapatero Dimisión”, “zETAp”, “¿Donde está, no se ve, el cabrón de ZP” y otras frases similares.
Se supone que ETA ha producido tantos muertos del lado del PP como de miembros del partido socialista. Las Fuerzas Armadas pagaron un elevado precio y no debemos contabilizarlas ni en un bando ni en otro. Sin embargo, lo mismo que el secuestro de la bandera española y los gritos de ”¡Viva España!”, uno se convencía de que los asesinados por ETA eran todos de derechas. Todos del PP. Por eso, cuando José Bono se metió en la manifestación del 22 de Enero de este año junto a Rosa Díez, fueron zarandeados por gentes del PP que, además, se indignaron por la actuación de la policía y la justicia contra unos peperos de Las Rozas (Prov. de Madrid). Cuando toda Europa hace tiempo que ha desterrado la pena capital, se vieron pancartas con el lema “Contra el terrorismo, Pena de Muerte”. Y eso que la mayoría de los manifestantes, se supone que son católicos más o menos practicantes.
Beber champaña en la cárcel para festejar un asesinato de ETA, es repugnante. Pero no todos los presos de ETA han actuado así. Detrás de muchos de ellos hay familias y amigos. Exigir que se acaben 40 años de terrorismo aplastando al último etarra no es lo que ha sucedido con otros terrorismos. El gobierno británico, con ayuda de políticos norteamericanos de origen irlandés, entró en contacto con el Sinn Fein, el brazo armado del IRA y se ha llegado a unos acuerdos que, sin ser definitivamente aceptados por los dos bandos, pueden alcanzar un final más o menos cercano. Una cosa es traicionar a los muertos y otra buscar la revancha despreocupándose del entorno de los presos de ETA. Hay familias que seguirían nutriéndose del odio si no se buscase una salida a presos que no tengan manos manchadas de sangre. Hay muchas familias gitanas que siguen la ley del Talión cuando uno del clan es asesinado por un miembro del clan rival. Y la historia se vuelve a repetir al poco tiempo. La doctrina cristiana no propicia la venganza como hacían en sus orígenes las religiones anteriores al Libro. Si judíos y árabes palestinos llevan a cabo, desde 1948, una interminable guerra es sencillamente porque ambos quieren aniquilar al adversario y vengar a sus muertos.
A veces la derecha desconcierta al ciudadano porque sigue al Vaticano en cuanto se refiere a la moral, las costumbres y la familia y por otro se lanza gustosa en una guerra de Irak contra la expresa condena del difunto papa Juan Pablo II. Clama por la pena de muerte a los terroristas y considera asesinato el uso de embriones para salvar vidas condenadas por la enfermedad. No quiere que se enmienden los proyectos que Dios tiene para cada uno de nosotros pero no desprecian los trasplantes o cualquier tipo de medicina reconstructiva. Les preocupa la supresión excesiva del dolor porque han aprendido eso de que ”estamos en este valle de lágrimas” en espera de ”la vida eterna”. Hay mujeres marcadas por la violencia de sus maridos y hasta muertas a mano de ellos y nadie pide la pena de muerte para el parricida. Sí la piden para los etarras, tengan o no las manos manchadas de sangre. Muchos de ellos están en la cárcel por encubridores o colaboradores con diversos grados de aceptación. Si no se ha perseguido a quienes han pagado el ”impuesto revolucionario”, comprendiendo la situación del extorsionado ¿por qué se ha de perseguir al que esconde a su hermano pistolero que huye de la policía?
El gobierno de Rodríguez Zapatero se ha comprometido a no negociar con ETA si antes no depone las armas y siempre que no haya precio político que pagar. Ha querido hacerlo con el mayor apoyo posible del Congreso. No de la forma en que Aznar y el PP nos metieron en la guerra de Irak. Para llegar a esa entrega de las armas, es preciso negociar donde, cómo y cuando. Un amable lector me reprochó que comparase nuestra situación con la de otros conflictos armados. Según él no se celebró un encuentro a bordo de un tren en la estación de Compiégne con los alemanes en 1918, escena repetida en junio de 1940 ante un Hitler victorioso, o con los japoneses a bordo del USS Missouri, buque insignia de la flota americana en el Pacífico en 1945. En todos esos encuentros se discutían las condiciones de la rendición y qué hacer con los prisioneros, las indemnizaciones o los responsables de atrocidades. Se aplicaba la pena de muerte porque entonces existía y en el caso de EE.UU. sigue existiendo. En la Unión Europea se suprimió la pena capital cualquiera que sean los crímenes cometidos.
El PP ha aprovechado las víctimas de ETA para atacar al gobierno “sociata” y vengarse de la derrota parlamentaria que sufrió el 17 de mayo pasado. Se aprobó la proposición del gobierno de negociar con ETA sin contrapartidas políticas y después de que abandone las armas. El resultado fue de 192 votos a favor y únicamente los 147 del PP en contra. Viendo a la banda terrorista debilitada, la derecha, que quiso negociar por dos veces durante los ocho años de gobierno de Aznar, quiere aplastar a ETA. Es precisamente porque no estaba bastante débil entonces por lo que no se consiguió llegar a ninguna solución. Todos los conflictos alcanzan su fin cuando uno de los dos bandos está debilitado y quiere llegar a un acuerdo. El haber colocado unas bombas en Neguri o en Madrid sin muertes, solo significa que algunos etarras no quieren rendirse. Entre las fuerzas políticas españolas, también hay quienes no quieren que el PSOE se marque el tanto de acabar con un terrorismo que ha causado un millar de muertes de la derecha, la izquierda y los que no pertenecían a ningún partido. Pero lo de la instrumentalización del acto del sábado 4 de junio recuerda la visita multitudinaria al Papa Juan Pablo II en Madrid, con autobuses y bocatas gratis. Y el inefable Elorriaga hablando de millones de manifestantes. El baile de los números, lo han practicado todos, como los autobuses y los bocatas.



