Vistos los resultados de las elecciones de Galicia, el PP quiere ahora evitar que se puedan formar coaliciones para desplazar al partido más votado. Fraga y su partido han ganado en número de votos pero ese número de votos es inferior a la suma de los dos partidos siguientes. Esto significa que hay más gente que no estaría atendida en sus demandas por el fundador del partido de derechas. Aunque le pese a Mariano Rajoy, las más votadas en Galicia han sido las izquierdas. Tiene que verlo así y no como en EE.UU. donde Republicanos y Demócratas se disputan la Casa Blanca cada cuatro años. Los populares necesitan un partido de Le Pen que limpie su nomenclatura de extremistas y les deje construir una formación de derechas, moderna y conectada con el pueblo que pretende gobernar. Los manifestantes que exigen a Zapatero que les escuche por encima de lo que decide el Congreso, vieron como José María Aznar ignoraba el clamor general del 92% de los españoles para que no entrásemos en guerra contra Irak. La Conferencia Episcopal, no hizo caso de la condena de la guerra que hizo Juan Pablo II. No se les vio detrás de pancartas que pedían PAZ. Tampoco han sido numerosos los que se han sumado a la manifestación que pedía acabar con el hambre. No estamos hablando de los cristianos de base, de los misioneros que reparten condones en África. ¿No resulta extraño al sentido común que cuando la gente sale a la calle para pedir paz, terminar con la pobreza de los desheredados o dejar libertad a los homosexuales para casarse y adoptar si sus parejas son idóneas, la Iglesia esté siempre ausente de estas manifestaciones de ciudadanía avanzada y activa? Esta Jerarquía bendijo cruzadas, persiguió herejes, mandó a la hoguera a los que ahora pueden casarse y adoptar en las mismas condiciones que sus demás compatriotas, que aplaudió el sublevamiento de Franco y le llevó bajo palio, que siente la familia tradicional atacada por otros tipos de familia, incluida la de hecho, ha olvidado cuando condenaba los matrimonios civiles o requería que unos hijos fuesen inscritos como legítimos y otros no en el Registro Civil? Muchos votantes del PP, y hasta ex dirigentes como Celia Villalobos, están satisfechos con la ley que concede los mismos derechos matrimoniales a los gays y lesbianas. Esto significa que dentro de ese gran partido homogéneo, según ellos creen, se encuentran todo tipo de tendencias políticas, educativas, sociales y sexuales. Por eso no pactan fácilmente con el exterior.
Si analizamos el tema electoral a escala nacional, mirando las legislativas de 1996, 2000 y 2004, vemos que tiene sentido la situación actual. En 1996, el PP no obtuvo la mayoría absoluta pero sí la consiguió apoyándose en el PNV, CiU y Coalición Canaria. Y fue, según mi opinión y la de muchos, el mejor gobierno de Aznar, el que va de 1996 a 2000. ¡Fíjense que estaba aliado nada menos que con el PNV! En el 2000, con 10.321.178 votos, gobernó como si no existiesen otros votantes de diferentes colores que, sin embargo, representaban 10.043.896 ciudadanos. Imposible de que el PSOE, con 7.918.752 alcanzase el poder aunque se coaligase con ERC, IU y BNG (10.043.896). Le faltaban 211.517 votos entre todos ellos para igualar al PP. Y vimos la mano dura de Aznar hacer lo que quería, ignorar los presidentes de comunidad, lanzarnos a una absurda guerra, llevar la crisis con Marruecos al límite, ponerse en plan domador de leones con los países de Iberoamérica, impedir al rey realizar las mediaciones que solo él puede realizar, etc….
En 2004, pese a lo que siguen creyendo los del PP y sus amigos mediáticos, las elecciones las perdieron por su política de inmigración (su ministro Manuel Pimentel tomó un taxi y dimitió sin pedirle permiso a Aznar), por el modo de resolver el problema del “Prestige”, mientras Fraga cazaba y Cascos pescaba cuando ya estaban los voluntarios, incluso extranjeros, ayudando en Galicia. Lo de las Azores fue el final de la carrera política de José María Aznar. El 92% de los españoles estuvo en contra y más de un millón de personas salieron a la calle en Madrid, Barcelona, Sevilla, etc., sin necesidades de bocadillos, ni autocares, ni obispos trabucaires. No hizo caso de aquellas masas pidiendo NO A LA GUERRA. Ahora “exige a Rodríguez Zapatero” que tenga en cuenta “los millones de personas que desfilaron por Madrid” en defensa de la Familia. No solo Rodríguez Zapatero está cumpliendo su programa electoral, cosa a la que no se está acostumbrado ni siquiera en países más estrictos ante las promesas que no se respetan o las mentiras, sino que está plantando las simientes de futuras elecciones cultivando numerosas minorías que representan un núcleo importante de votantes. No creo que los homosexuales y lesbianas vayan a votar PP en un cercano futuro, no me imagino a la familia militar aplaudiendo la intervención de Trillo en la Comisión de Defensa donde les acusó de la muerte de sus propios compañeros, no creo que los partidos nacionalistas o regionalistas apoyen a un futuro PP que no reuniese la mayoría absoluta en próximas legislativas, como sucedió en 1996. Por lo pronto, Rodríguez Zapatero ya ha recibido de Durán i Lleida la promesa de apoyo en Cataluña si las pretensiones de ERC se hacen inaceptables.
La aparente jaula de grillos del PSOE y la férrea uniformidad del PP, son ventajas o desventajas según las circunstancias. Acabamos de ver que Joseph Piqué, que no es político de mi agrado por su servilismo ante Bush cuando era Ministro de Exteriores, se lleva un rapapolvo por parte de la Vieja Guardia Pretoriana, y se ha desdicho enseguida. Las confesiones de los dirigentes comunistas desviados en los procesos de Praga me vienen a la memoria.
Ver a José María Aznar como un predicador del Oeste Americano, anunciando el fin del mundo desde la Fundación FAES o chapurreando inglés en la cátedra de Georgetown, no es nada edificante. Prefiero el papel de los Carter o Clinton a la hora de encontrar un trabajo honorable para nuestros ex presidentes. No el de un difamador de sus propios compatriotas. Seguir subrayando el gravísimo error de haber retirado nuestras tropas de Irak cuando ahora, un año después que nosotros, hasta los estadounidenses lo están pidiendo, escandalizarse por lo del GAL cuando uno se ha asociado con un país que no solo no respeta el Tribunal Penal Internacional sino que practica la tortura impunemente o la subcontrata, que construye en Irak la democracia ametrallando inocentes y acusando a las víctimas de haber buscado su muerte por haber estado con una cámara en el Hotel Palestina o no haber detenido su vehículo cuando una periodista italiana acababa de ser liberada de sus captores o, finalmente, interviniendo con un bombardeo en una boda rural cerca de la frontera de Irak con Siria, parece algo impropio de un visionario profeta. Cualquier político español debería meterse en la cabeza que la política del miedo y la catástrofe, no vende como en Nueva York o Londres. España ha vivido demasiada Historia para ponerse a temblar con la Guerra de los Mundos. Los escrúpulos ante la guerra sucia del GAL, que llevaron a Aznar al poder en 1996, desaparecieron en 2003 tan pronto se vio junto al Imperator con los pies encima de la mesa en el rancho de Crawford. Sinceramente, el que pensaba sacar a España del rincón de la Historia, aparece ahora como un ser patético vendiendo lo que fue en el diario más neoconservador del mundo, el Wall Street Journal o contando Historias para no dormir en una cátedra financiada, en su día, por el partido del gobierno popular.