Irán no es Irak
Dentro del tablero de ajedrez que representa Oriente Próximo, Irán es una pieza importante, de una orografía muy endiablada y con una población chií que representa el 93,9% de sus 65 millones de habitantes. En Irán cabe 3,75 veces la extensión de su vecino iraquí y multiplica por 3,60 su población. Decir que una operación militar preventiva contra el antiguo Imperio de los Persas sería como las de Afganistán e Irak es, desde cualquier punto de vista, una locura. Con la ayuda de los Estados Unidos, Sadam Huseín se atacó al Irán de los ayatolaes, después de que Washington hubiese desestabilizado el régimen de Reza Pahlevi. Desde los tiempos del izquierdista y nacionalista Mossadegh, los Estados Unidos han estado –probablemente por ignorancia—olvidándose de sus propios intereses. Apoyar a Pinochet en Chile y facilitar la caída del Shá a favor de unos integristas que estaban exiliados en las cercanías de Paris no parece haber sido una jugada brillante por parte de los EE.UU. Pero habiendo visto como se apoyaba a los talibanes para echar de Afganistán a los rusos, cualquier jugada del Pentágono y del Departamento de Estado parece posible.
Sadam Huseín no solo ha sido el amigo árabe de las corrupciones del grupo que actualmente rodea a George Bush, era el mandado para contener el chiísmo iraquí y el independentismo kurdo sino que era el único capaz (con la ayuda norteamericana) de mantener una guerra abierta con su vecino iraní y, si conseguía ganarla, ampliar su desembocadura del Tigris y el Eúfrates al golfo Pérsico, El célebre Chott el Arab, objeto de viejos litigios. Pese a haberles ayudado a deshacerse del Shainshá (Rey de Reyes) Reza Pahlevi y su odiosa policía secreta, la SAVAK, los iraníes han guardado un justificado resquemor contra Washington. No contra lo americano pero si contra unos dirigentes que un día te ayudan y al otro se ponen del lado de tu vecino Irak. Un millón de muertos cerraron aquella guerra de 1980 a 1988 sin ganancia por parte de unos u otros.
El episodio de los rehenes de la embajada estadounidense en Teherán y la posterior operación tipo Rambo que ordenó Jimmy Carter para rescatar a sus compatriotas, constituyó un fracaso espectacular con los helicópteros USA ardiendo en las arenas del desierto. La sensación de haber infligido una lección a los norteamericanos, no dejó de gustar a todos los iraníes. La situación en la que George W.Bush se encuentra atrapado en el Irak pos-Sadam también les gusta. Saben que si de democracia a la americana se trata, los chiíes iraquíes saldrán siempre favorecidos por su peso específico en la distribución religiosa de su población. Tanto las ciudades santas de Qom o Kerbala a cada lado de la frontera son veneradas por ambas poblaciones aunque una sea árabe y la otra iraní (cosa que algunos colegas confunden con cierta frecuencia). La unión del chiísmo de ambos países podría representar una pesadilla para todo Oriente Medio.
¿Por qué un país como Irán, rico en petróleo, necesita desarrollar su capacidad nuclear si no es para exhibir una fuerza que impida a EE.UU. y sus aliados atreverse a invadirlo? Todo el mundo observa como Washington se pone guantes blancos para tratar con Corea del Norte, como obvia la dictadura de Pervez Musharraf de Pakistán, en cuyo territorio se forman los más peligrosos terroristas islámicos, y como corteja a la República India ofreciendo a la mayor democracia del mundo apoyo en cuestión de energía nuclear.
Mamad Ahmadineyad, no solo está intentando desafiar a los Estados Unidos sino que las negociaciones con la Unión Europea deberían ser suficientes para apartar el peligro de Washington pero quizá el nuevo presidente iraquí quiera desafiar a todo Occidente. El fracaso de la gestión del triunvirato de la UE en Oriente Medio tendría consecuencias graves para la causa que sostienen los europeos, la de la resolución de los problemas por vía pacífica. Ahmadineyad, y quienes le han votado, deberían también sopesar la importancia de tener a Gran Bretaña, Francia y Alemania, en nombre de los 25, a su lado en caso de amenaza norteamericana. No creo que EE.UU. invadiese Irán como ha hecho con Irak o Afganistán pero si puede destruir las instalaciones sospechosas de llevar acabo investigaciones nucleares sin supervisión internacional.




