Lo nuestro es mío y lo mío también
Es curioso ver como el asunto de Roquetas de Mar ha vuelto a sacar a relucir el mayor o menor amor por la Guardia Civil de nuestros conciudadanos según sean de uno u otro partido. “Echar a la Guardia Civil a los pies de los caballos”, parece una frase muy fuerte por parte de Ignacio Astarloa, portavoz del PP. Lo que él y sus correligionarios pretenden decir es que los únicos que quieren y defienden a la Benemérita son la derecha única y verdadera, la de José María Aznar. La imagen que se desea dar a la ciudadanía es que los socialistas, en el fondo, desean quitar a la Guardia Civil su carácter de Instituto Armado. Para los amantes de ”Ley y Orden” es precisamente la dependencia jerárquica de la Benemérita al mando de un general del Ejército lo que imprime valor y sacrificio digno de respeto. Lo cierto es que los socialistas no se han empeñado demasiado en ”desmilitarizar el cuerpo y sí de establecer un mando supremo que ponga la información de la Policía Nacional y la de la Guardia Civil en conocimiento de un mismo organismo coordinador. Nada más sensato y que no implica cambio alguno en la estructura jerárquica del Instituto Armado. Otras izquierdas quieren darle a los miembros de la Guardia Civil un grado de libertades de que ya gozan los demás ciudadanos aunque para conseguirlo sea necesario restar algo de la rígida disciplina del Cuerpo.
El asunto del apaleamiento de Juan Martínez Galdeano ha dejado ver ese y otros aspectos del ambiente social de algunas zonas de nuestro país. La aparición de gritos de ”Viva la Guardia Civil”, cuando nadie se mete con el cuerpo sino con un teniente Rivas acusado de colaborar junto a 8 subalternos en la muerte de quien acudía al cuartelillo en busca de ayuda, es una prueba de en la mente de algunos, existe una izquierda perversa que desea suprimir un estamento que goza del aprecio de la mayoría de los españoles. La Guardia Civil es ”de ellos” , como lo era aquella camisa vieja (azul), desabrochada para exhibir un torso de anciano nostálgico con crucifijo y pistola en mano como hace 70 años. Me recuerda la despedida reciente de un general que envió un e-mail a sus compañeros incitándoles a mantener la unidad de España y ofreciéndose el primero para regresar en su defensa. Hasta ese punto había llegado el desvarío del militar jubilado.
Pregonar la Patria Única e indivisible para, a continuación, hacer suyos todos sus símbolos, es práctica habitual de la derecha del PP. Defender una situación en la que viven los miembros de la Benemérita y sus familias, encerrados en sus casas-cuartel, es una forma de perpetuar la custodia de la propiedad por parte de una Guardia Civil que vive en la endogamia y en el culto a la camaradería. Que un informe interno, sobre una actuación irregular, pueda ser investigado por los mismos supuestos culpables, parece de una total ineficacia y condenado al archivo sin consecuencias. Exactamente lo contrario que necesita la Guardia Civil para purgar los elementos tóxicos que aparezcan en el Cuerpo. La Benemérita ha cambiado mucho desde los tiempos del Duque de Ahumada. Airear sus casas-cuarteles, recibir retribuciones que les permitan vivir como cualquier ciudadano, con sus derechos y obligaciones.
Esos símbolos que el PP quiere defender a rajatabla, lo mejor que puede hacer es no apropiárselos, sacarlos de la lucha política diaria. Ni banderas, ni himnos ni fuerzas armadas o de Seguridad pertenecen a la derecha o la izquierda. Cuando necesiten adaptarse a nuevos tiempos, debe de hacerse buscando el máximo consenso y solo tocarlas en la medida en la que incrementan su eficacia o satisfacen a la mayoría de los ciudadanos.




