Pasarse o no llegar
Es difícil concebir dos personajes más diferentes que Federico Trillo-Figueroa y José Bono, anterior y actual ministro de Defensa. Tienen en común un catolicismo bien anclado en sus respectivas educaciones. El primero pertenecía al ámbito militar como jurídico de la Armada, abandonando en 1989 por incompatibilidad con una carrera política. El segundo, ha sido Presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, durante varias legislaturas hasta dar el salto a Ministro de Defensa después de las elecciones de 2004.
Hombres de religiosidad notoria, penitente costalero en la Semana Santa murciana, Trillo-Figueroa y de palabra melosa con sabor a púlpito en lo referente a José Bono. Las actuaciones públicas de ambos ministros de Defensa, con motivo del accidente aéreo del Yakolev-42 en Trabzón regresando de Afganistán con el resultado de 62 militares españoles muertos, y del helicóptero Cougar, en las cercanías de Herat, en Afganistán Occidental, han sido totalmente diferentes. En ningún momento, el presidente Aznar quiso recibir a los familiares de los muertos en Trabzón. Aunque ahora, con la estrategia de acoso y derribo que ha adoptado el PP en su tarea de oposición, se exija la presencia del Presidente Rodríguez Zapatero para cualquier incidente de la vida cotidiana española, que sea para responder de los incendios en el Parque Natural del Alto Tajo, la muerte de un hombre a manos de un grupo de Guardias Civiles en Roquetas de Mar o que explique los detalles del accidente del Cougar que ha producido la pérdida de sus 17 ocupantes. Del machacón ¡Váyase, Señor González! del opositor señor Aznar, se ha pasado al ¡Que conteste a todo el Presidente Rodríguez Zapatero! , como si fuese el portavoz de su propio gobierno!
Las ambigüedades existentes hasta ahora, en lo que se refiere a la misión de las tropas españolas en Afganistán o Irak, han quedado despejadas por la confirmación del Ministro Bono que ha reconocido que nuestras fuerzas destacadas en el primer país están luchando contra el terrorismo islamista. Uno de mis críticos de anteriores Bitácoras, afirma que el ataque a las Torres Gemelas es anterior a la invasión de Afganistán. Yo no he dicho lo contrario pero mientras mi comunicante cree que el primer golpe lo dieron los islamistas, yo sostengo que al Umma, “la Nación Árabe”, se puso en pié de guerra en 1947 contra la Partición de Palestina ordenada por las Naciones Unidas. No era una partición que agradase a ninguno de los dos bandos. Recordemos que el enviado especial de la ONU, el sueco Conde Folke Bernadotte fue asesinado en el Hotel King David de Jerusalén por “terroristas” judíos. El 15 de Mayo de 1948 seis países árabes atacaron a medianoche cuando todavía muchos judíos no sabían si su país se llamaba Israel o Sión. Entonces empezó la animosidad árabe hacia los EE.UU. y el Reino Unido que habían entregado a los judíos una parte importante de Palestina. Antes de que cayesen las Torres Gemelas hubo muchos atentados en Embajadas de EE.UU. en África y de buques de su armada anclados en Adén y otros puertos.
Las fuerzas españolas de la ISAF tienen que patrullar, como lo hacían los dos helicópteros Cougar que se han visto involucrados en sendos accidentes del día 16 de Agosto. Es evidente que los 31 países que mantienen unos 10.000 hombres en Afganistán, intentan sostener el régimen de Hamid Karzai, el Presidente Interino colocado por los Estados Unidos en Kabul. Los “Señores de la Guerra”, los traficantes de opio que estaban perseguidos por los talibanes, han recuperado sus antiguos poderes tras la derrota de los clérigos. Osama bin Laden y el Mulah Omar siguen burlándose de las fuerzas aliadas que los buscan en las difíciles montañas del oriente afgano.
Eduardo Zaplana, desde el principio de su intervención, ha dejado sentado que no pretende hacer reproches a Bono como se le hicieron a Trillo con motivo del Yak-42. Pero al tiempo que decía no hacer lo mismo, repetía los eslóganes que quiere que escuche todo el país. Las explicaciones que nunca dio José María Aznar cuando era Presidente del Gobierno, se las reclama ahora a Rodríguez Zapatero, única persona que considera digna de debatir con él. Pide una Comisión de Secretos con el fin de sembrar la duda sobre los peligros que corren nuestros soldados en aquel país. Algo misterioso debemos estar haciendo cuando el enterado señor Zaplana pide el secreto después de haber reclamado luz y taquígrafos. Todo con el fin de sembrar la duda. Es más, se inventa que Zapatero apoya nuestra presencia en Afganistán para reconciliarse con los Estados Unidos por haber cumplido con la promesa electoral de retirarnos de Irak tan pronto como el PSOE ganase las elecciones. Y eso hizo. Faltaban unos días para la fecha tope de la ONU y claro, hay que agarrarse a un clavo ardiendo.
Cualquiera que recuerde el trato recibido por los familiares de las víctimas del Yak-42 y lo compare con las atenciones dispensadas a los parientes y amigos de los 17 soldados muertos, puede hacerse una idea del malestar que el PP sembró en nuestras fuerzas armadas, rechazando las quejas de quienes acabarían victimas de un aparato ucraniano sin mantenimiento supervisado por mecánicos de nuestra aviación. Por cierto, ¿cuando sabremos donde fueron a parar los 125.000 euros que representan la diferencia entre los 170.000 pactados por Defensa y los 45.000 que cobró la compañía UM Mediterráneo que se estrelló en Trabzón?
Que don Manuel Atencia, del PP, ose preguntar al Ministro Bono por el contenido de los ataúdes suena a sarcasmo cuando sabe que en el accidente del Yak-42 no se permitieron ver los muertos a los familiares y de 62 autopsias, solo las 30 que realizaron los forenses turcos eran correctas. Las otras se despacharon en cuestión de horas porque José María Aznar deseaba quitarse de encima aquel problema que se le escapaba de las manos. Ahora reclaman el distintivo rojo de muertos en combate cuando trataron a las víctimas y sus familiares como si no tuviesen vela en aquel entierro. No hablemos de las astucias utilizadas con los familiares para minimizar las reclamaciones económicas que correspondían a quienes contrataron el Yakolev.
En 1973, cuando trabajaba con LOS REPORTEROS de TVE1, salí de patrulla en el noreste de la entonces Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe) y puedo asegurar que ya era de rigor volar a baja altura para evitar el fuego enemigo solo que en el caso rhodesiano íbamos a 15 o 20 metros por encima de la selva y no sobre montañas. Si los españoles estamos en la zona de Herat, lo lógico es que sean rutinarias estas salidas para vigilar el área que se nos ha encomendado y evitar sorpresas desagradables. Que haya sido accidente o un ataque de los talibanes o los productores de opio, el resultado sería el mismo. Insistir en la posibilidad de un ataque solo sirve para enredar, que es la función que desempeña, de forma irritante, el señor Zaplana.




