30 Agosto 2005

Irak y la transición de Bush

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:20

Cuando escucho decir a colegas míos ”una constitución que satisfaga a las tres etnias”, se me revuelven las tripas. ¿Diríamos que un francés o un catalán es de una etnia distinta a la de castellanos o andaluces? Ese error ya se cometía cuando se hablaba de los Balcanes como si los musulmanes fuesen turcos y no eslavos del sur igual que los serbios. Cuando los árabes invadieron el sur de España, invitados por el Conde Don Julián, encontraron una importante población en la Bética que en gran medida se convirtió al Islam ¡pero no se convirtió en otra “etnia”! Árabes y bereberes son dos etnias diferentes pero no un andaluz musulmán y un castellano cristiano.

Cuando hablamos de Irak, tenemos unos árabes cristianos, otros musulmanes divididos estos en dos ramas del Islamismo: suníes y chiíes. Todos árabes. Los kurdos sí pertenecen a otra etnia procedente, como los turcomanos, del Asia Central. La Federación que se pretende constituir ahora en Irak, no tiene por qué asustar a los suníes –muy identificados con el régimen baasista de Sadam Huseín—porque creen que este sistema de organización política del país les privaría de la riqueza petrolífera del Norte kurdo y del Sur chií donde se encuentran los yacimientos más importantes. Ese escollo es nimio si se considera que en Bagdad habría un gobierno federal, por muy descentralizadora que sea la Constitución que finalmente se adopte con el consenso de todas las partes. Las finanzas, asuntos exteriores y fuerzas armadas deben de conservarse en manos del Gobierno Federal. El reparto de la riqueza se haría sobre el número de habitantes de cada una de las 18 provincias, de las que 4 son suníes. Si la transición española tuvo el éxito que todos le reconocen a nuestra Carta Magna, fue porque todos cedieron un poco. En el caso español, la izquierda fue generosa y el neofranquismo creyó que todo estaba atado y bien atado, en unos casos y que sin Franco, su régimen era una cáscara de huevo vacía, en los demás.

En Irak, los que se sienten marginados, vencidos y descubren la arrogancia de kurdos y chiíes tras la derrota del baasismo, son los suníes. Especialmente los del clan de Tikrit adscrito a Sadam Huseín y que disfrutó de unos privilegios que se han volatilizado con la ocupación norteamericana. No solo reclaman igualdad ante el reparto de las riquezas petrolíferas sino que, además, quieren que se mantengan los principios laicos del gobierno y que la sharia no sea fuente de inspiración de la futura legislación del país. George W.Bush sabe que no podrá retirar sus tropas de Irak mientras no sea promulgada la Constitución democrática que Washington desea para dejar a sus compatriotas un sabor de boca que les haga olvidar las armas de destrucción masiva o los inexistentes contactos con Al Qaeda o el terrorismo islámico. Los suníes son los más acérrimos combatientes con los que se encuentran EE.UU. y el gobierno ad hoc preparado por la CIA y el Pentágono, precisamente los que han gobernado desde la caída de la monarquía, en 1958 y, ya en 1959 promulgaban las leyes más avanzadas del mundo árabe en defensa de la mujer. Este grupo no quiere ser marginado, desea que se reconozcan los derechos de igualdad de las mujeres y rechaza la posibilidad de que los chiíes establezcan la sharia en la región autónoma a la que aspiran. Su afinidad con la teocracia chií que gobierna en Teherán, promete problemas futuros para la nueva República Federal Iraquí y para los Estados Unidos.

El deseo de escapar del avispero iraquí, máxime cuando el reclutamiento de nuevos soldados se ha hecho muy problemático y crece el descontento popular como lo hiciera en su día la guerra de Vietnam, empujará a Washington a imponer una Constitución más o menos aceptable sobre papel pero de corta vida una vez los EE.UU. empiecen a retirarse de Irak. Los suníes, en cualquier caso, aparecerán como el sector más occidentalizado y moderno de la realidad que suceda a la marcha de los marines. Además, disfrutarán de la aureola de haber resistido al poderoso ejército extranjero y, ahora sí, aparecer como aliados de quienes combaten Israel con las armas en la mano.

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