Experiencia terrorista
En los tiempos en que la religión y el gobierno de los pueblos eran la misma cosa, un ataque a los símbolos o los lugares de culto de una de las tres religiones del Libro levantaba ejércitos para ir a vengar las ofensas o liberar los Santos Lugares. Las cruzadas nacen de la exaltación de los cristianos contra unos musulmanes que ocupan Jerusalén donde está el Santo Sepulcro. Perder la custodia de sitio tan significativo lanzó cientos de miles de hombres armados tras el predicador Pierre L´Hermite, a la reconquista de la geografía que pisara Jesús de Nazaret. España estuvo ausente de aquellos movimientos por estar luchando en su propio territorio contra el mahometano que ocupaba Al Andaluz. Roma consideró aquella Reconquista como una auténtica cruzada.
En el transcurso de la Historia, la religión se ha ido divorciando, en Europa Occidental, de la organización política conforme los Estados se iban alejando del poder secular del Papado o, en el caso del Reino Unido, los monarcas rompían con el Vaticano y se proclamaban cabezas del anglicanismo. No ha sucedido así dentro de un mundo musulmán para el que su libro sagrado, el Corán, es a la vez manual de higiene, código civil y penal, norma de gobernanza de la comunidad de creyentes y hasta reglamento de usos y costumbres mercantiles.
Los EE.UU. , en sus doscientos años de Historia, no han padecido más guerras sobre su territorio que la de Independencia contra el ejército colonial británico, frente a los mejicanos a quienes arrebataron gran parte de lo que representa hoy el Oeste y el Sur de la gran nación y, finalmente contra los indios a los que fueron reduciendo inexorablemente a ser una minoría insignificante. Por lo demás, guerras de ultramar contra España en 1898, Europa 1917 y, otra vez en Europa y en el Pacífico, en 1941. Dentro del perímetro final que representan los EE.UU. se fue forjando una nacionalidad hecha de muchas nacionalidades, el célebre melting pot y, a veces, de lo más exóticas. El americano que conocemos es el resultante de dos siglos de coexistencia alrededor de un puñado de cosas en común que parecen nimias pero que no lo son: bandera, himno, día de Acción de Gracias, tarta de manzana, base-ball, NBA, individualismo y, sin embargo, generosidad y ayuda ante la desgracia.
Para Francis Fukuyama, el intelectual que preconizó el fin de la Historia cuando cayó el Muro de Berlín en 1989, el problema del terrorismo no tiene su origen en Oriente Medio sino en Europa Occidental. Aporta en defensa de su teoría que la célula responsable del 11 de Septiembre de 2001, salió de Hamburgo y de que la mayoría de los extremistas de los atentados de Madrid y Londres habían nacido en esos países. En el caso de Gran Bretaña es cierto pero no así en el atentado de Atocha. Fukuyama declaró recientemente en Washington, en un foro bipartidista sobre terrorismo y seguridad, que en Europa Occidental hay ”10 millones de musulmanes…. que no se han integrado en esas sociedades.” Tampoco es cierto. Existen en Francia y en Gran Bretaña, importantes sectores de población musulmana de segunda o tercera generación que han sabido relativizar el peso de su religión frente a su ciudadanía francesa, británica o española y las leyes de sus nuevas patrias.. Dos ejemplos: Cuando los islamistas tomaron una periodista francesa como rehén, exigieron que se aboliera la prohibición de que llevaran las muchachas musulmanas el velo a clase. Importantes manifestaciones de franceses de religión musulmana se lanzaron a la calle en defensa de la periodista y los islamistas de Irak tuvieron que hacer marcha atrás. La adoración que se siente por el futbolista Zidane en el hexágono, tiene su explicación en el comportamiento modélico de un niño nacido en el barrio pobre de Marsella y que ha sabido triunfar en su profesión de futbolista y no olvidar a su patria chica. Movimiento como los de Black Power y las Panteras Negras en EE.UU., no se han producido en Europa y si han tenido su moda durante los años 60 y 70. Ni Europa es un nido de posibles terroristas, ni Estados Unidos tiene una oposición homogénea por parte de sus minorías étnicas. En ambas partes se puede dar que ciertos elementos, no necesariamente desarraigados, encuentren en la exaltación histórica del pasado del Islam, inspiración y decidan alistarse en una lucha –incluso suicida– que pretenda resucitar los tiempos de Al Mansur.
Las libertades que ofrece la sociedad europea, permiten el multiculturalismo siempre que no atente contra los Derechos del Hombre de la Unión Europea. Y dentro de esos derechos, evidentemente, se encasillan los de la mujer en su integridad física y su libertad de elección de marido. Queda mucho por hacer contra la ablación y los matrimonios pactados por los padres pero se va ganando terreno en esos aspectos. El inmigrante que llega a EE.UU. se disuelve en la segunda generación dentro de una sociedad en la que todo el mundo, más o menos, ha pasado por esa experiencia unas cuantas generaciones antes. En Europa, ese inmigrante se encuentra con sociedades de viejo cuño en las que puede, si lo desea, vivir su propia experiencia cultural siempre que no atente contra los principios que la UE ha adoptado como sus Derechos Humanos. Uno de ellos es la separación de la Iglesia y el Estado.
No hay ninguna razón para que, musulmanes nacidos en EE.UU. o en la Unión Europea (o residentes de ella) sean potencialmente terroristas. Estos hay que buscarlos en sus países de origen donde reinan condiciones de vida insoportables y una falta de libertades que ciegan toda posibilidad de futuro. Y lo malo es que Occidente sostiene esos regímenes por nuestra propia conveniencia.




