22 Septiembre 2005

Un diccionario para políticos

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:38

La palabra “matrimonio” es capaz de organizar una crisis política porque la Conferencia Episcopal y el PP consideran que es de su propiedad y solo se refiere al “matrimonio canónico” pero en el Ayuntamiento hay una sala que reza “Salón de Matrimonios” ¡Y se refiere a matrimonios civiles! Gays y lesbianas no piden casarse por la Iglesia sino por lo civil pero la Iglesia Católica pretende monopolizar la palabra “matrimonio”. No se le ocurrió manifestarse por el “matrimonio zulú” de Lorén Postigo.

Decir que nuestros militares están en Afganistán en misión humanitaria no es admisible para el PP porque nuestros soldados llevan chalecos antibalas. Cuando eran tropas españolas enviadas a Irak por Aznar, también llevaban chaleco antibalas pero iban en “misión humanitaria”. Lástima que se le olvidase mencionarlo en las Azores cuando estaba junto a Blair y a Bush.

Las palabras siguen siendo, en este país, motivo de infantiles discusiones de colegiales. En el siglo XVI se discutía en Salamanca si los indios o las mujeres tenían alma pero en 2005 hemos progresado mucho. Ahora nos peleamos por imponer palabras como “nacionalidad histórica, nación, nacionalidad”. Las naciones reconocidas por la ONU han nacido todas de fusiones de entidades que, en su día, fueron naciones. El Reino de Castilla o el de Murcia o el de Granada, se fundieron en conjuntos de mayor tamaño. En el momento en que se trata de forjar una unión política del Atlántico a los Urales, hay territorios que quieren recobrar lo que en su día, hace siglos, tuvieron y perdieron por alianzas o guerras. Todos los rincones de España han tenido sus fueros y se han resistido por la fuerza a perderlos. Los castellanos también. Somos una comunidad histórica, con lengua y literatura y que tuvo sus fueros y sus heroes que pagaron con sus vidas defender sus leyes y rechazar el centralismo. Si alguien luchó contra el invasor extranjero, que fuese Carlos V o José Bonaparte, ese fué el pueblo castellano y de Madrid y desde luego no se nos ocurre pedir ningún privilegio de origen histórico. Quizá que nos alivien algo el tráfico y el costo de la capitalidad.

Franco intentó imponer el castellano en Cataluña y en el País Vasco. Cuanto más se esforzó, menos lo consiguió. Los dirigentes nacionalistas de estas dos autonomías históricas deberían haber aprendido la lección y esforzarse en hacer que las gentes de fuera estudien voluntariamente esas lenguas. Son muchos los españoles que se lo piensan antes de irse a trabajar a unas autonomías donde sus hijos pueden tener dificultades escolares por el idioma. No digamos los problemas que la obligatoriedad de saber catalán o vasco puede representar como “handicap” en unas oposiciones para sus padres. Sinceramente creo que cuantos más obstáculos se pongan a los que vienen de fuera, menos serán los que quieran acudir a esas comunidades. Madrid es cada vez más atractivo para el extranjero que quiere venir a trabajar a España y no tener problemas de adaptación lingüistica para ellos o sus hijos.

Los españoles, franceses, alemanes, suecos (no digamos los italianos) no existimos, ni hemos existido nunca en estado puro. Son gentilicios que nos hemos dado para englobar unas sociedades que se han ido asociando con otras a lo largo de los siglos, por aluvión, y cuya convivencia ha generado formas de vida y costumbres compartidas por todos, además de las que corresponden a cada lugar y que pueden ser todavía más antiguas y arraigadas. Pero que no se le diga a un vasco-francés que no celebre el 14 de Julio o que no tenga su Monumento a los Caídos por Francia en cualquier ciudad de Iparralde.

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