La amenaza iraní
Las amenazas de Mahmud Ahmanineyad, presidente de Irán, deben ser tomadas en serio. Los iraníes son gente bastante granítica en sus convicciones. Hubo un tiempo, con el emperador Reza Pahleví en el que el modernismo era lo que se llevaba entre la juventud iraní. Por supuesto que el régimen del Shainsha intentaba acercarse a los modos y estilos de vida occidentales pero lo hacía apoyándose en su temible policía secreta, la Savak. Me tocó hacer un reportaje para “Los Reporteros” de TV1 sobre los cambios que estaba produciendo la Revolución Verde emprendida por el Sha y la Shabanú Farah Diba en la sociedad iraní. Sobre papel todo parecía muy bien. Se había prohibido hasta la poligamia pero como me dijo la Imperatriz, “viejos polígamos venían a verme preguntando que cual de sus tres mujeres tenían que abandonar despues de medio siglo de aquel sistema de vida conyugal”. Hubo que fijar una edad, para prohibir la poligamia, y dejar que las uniones de gentes muy mayores se fuesen extinguiendo con la muerte. Pero el modernismo impuesto desde el Palacio Imperial no se correspondía con la manera en que se expresaban los jóvenes en la Universidad de Teherán. Allí, los estudiantes de ambos sexos, en vaqueros, nos rodeaban al equipo de televisión, denunciando la dictadura del Sha y su terrible policía secreta. Fuera de la Universidad, la libertad de expresión brillaba por su ausencia. Mientras, en el exilio francés, el ayatoláh Ruholah Jomeini no recomendaba el recorte de los derechos de la mujer o el abandono del occidentalismo por parte de los jóvenes. Se limitaba a condenar el sionismo y a las naciones occidentales que habían hecho posible la situación deprimente del pueblo palestino, mayoritariamente musulmán. Muchos iraníes jóvenes veían en el ayatolah un faro para deshacerse de una monarquía que pensaba traer a Ciro el Grande hasta el siglo XX. El esplendor de la Persia antigua, deslumbró a los ilustres invitados del mundo entero –incluido Don Juan Carlos, si no me falla la memoria– llenó de luces y sonido las ruinas de Persépolis. Los jóvenes querían motos de lujo y hacer motocross en las colinas vecinas a Teherán o viajar a Paris, Los Ángeles o Londres para perfeccionar sus estudios como hiciera la joven Farah Diba antes de sustituir a la esteril Soraya. Los Estados Unidos habían apoyado al Shá (pronúnciese Chá)contra el primer ministro nacionalista Mohamed Mossadegh que había osado nacionalizar el petróleo en 1951, hasta entonces en manos de británicos y americanos. En 1963 el Shá se hizo con el poder absoluto, apoyado por los Estados Unidos. El país estaba siendo disputado por los aliados y por la URSS. Cuando se habla de Azerbaiyán en Irán todos dicen que los soviéticos les robaron el territorio, rico en petróleo, en 1945. Con Mossadegh, la guerra fría estaba presente en Irán. Los mismos que favorecieron que el Shá se hiciese con todos los poderes del país, le retiraron su apoyo cuando vieron que crecía la oposición popular y consintieron su caída en 1979. ¡Y vino la revolución de los ayatolaes! De repente, el rostro del país empezó a cambiar. Lo que venía detrás de los clérigos chiíes no era la Libertad sino una Teocracia en toda regla. Las mujeres que tanto habían conseguido en el Irán de la monarquía, aparecían como las grandes perdedoras. El chador negro vino a desdibujar sus formas, desaparecieron el rimmel y el rojo de labios o el prêt-à-porter de Paris. Los jóvenes varones dejaron las motos y sus viajes al Occidente soñado para convertirse en Guardianes de la Ortodoxia chií. Numerosos clérigos de esta rama del Islam acudieron a la ciudad santa de Qom que se convirtió en sede del verdadero poder puesto que todo lo que hacía el gobierno de Teherán tenía y tiene que ser aprobado por el Consejo de los Ayatolaes. Ser reformista en Irán no es tarea fácil.Jatami lo ha experimentado en su propia carne, al igual que numerosos periodistas que dieron con sus huesos en la cárcel. Los Estados Unidos, tras la crisis de los rehenes tomados en su embajada de Teherán, intentaron en vano una liberación militar de sus conciudadanos que fué un desastre para las fuerzas aerotransportadas que murieron en el desierto oriental. Luego, en 1980, durante la guerra irano-iraquí, los EE.UU. apoyaron a Sadam Huseín en la mortífera contienda, que produjo un millón de muertos, ofreciéndole al gobierno iraquí todo tipo de armas, incluidos los gases que se utilizaron en Halabidja, donde 5.000 kurdos murieron gaseados (no 50.000 como sostiene César Vidal). Donald Rumsfeld sabe mucho de esa ayuda a Bagdad. Mientras tanto, se produjo el escándalo del Irán-Contra donde el Coronel North apoyado por el Consejo Nacional de Seguridad (CNS) vendió armamento a Irán y con el dinero reforzó la Contra nicaragüense. Siendo la mayor potencia shií, por tener la mayor población de este credo, y una extensión como tres veces España, la teocracia iraní es un modelo para el 40% de la población iraquí que sigue al ayatolah Sáder y no vería con mal ojo otra República Islámica en Mesopotamia. La posibilidad de una guerra civil en Irak entre sunníes y shiíes, apoyados estos por Irán, no es ninguna fantasía. Somos muchos los que creemos que la existencia del Estado de Israel es un fenómeno irreversible pero que la creación del Estado Palestino ayudaría mucho al apaciguamiento de las masas musulmanas del mundo entero. No me refiero al atentado que se acaba de producir en la India. He sido corresponsal en ese país durante un año y la rivalidad entre Pakistán y la India por la disputa territorial de Cachemira es muy anterior a que apareciese el fundador de Al Qaeda, Osama bin Laden. Hezbolá es un grupo terrorista de obediencia iraní y tiene su base en Damasco para estar más cerca de su enemigo Israel. Querer echar a los israelíes de la región es una consigna que encuentra eco en todos los rincones del mundo islámico. Los occidentales que no acaban de comprenderlo, deberían recordar, de sus libros de Historia, los tiempos en los que la cristiandad de todos los lugares de Europa organizó las Cruzadas para liberar Tierra Santa de los infieles. Ahora estamos viviendo una Cruzada de signo opuesto. Pretender que, en el inicio del siglo XXI, se intenten poner las bases de una convivencia aceptable para las dos culturas o civilizaciones como se empeñan en llamarlas algunos, parece un gesto loable pero que tardará en dar frutos si, como dice George W.Bush, hasta dentro de tres años no está en sus planes, ni en los de Ariel Sharon, la creación del Estado Palestino.



