7 Octubre 2005

Pobreza africana

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:49

No hay que confundir la situación de pobreza en la que viven los africanos con la “pobreza” de muchos de sus países. No solo hay petróleo en numerosos lugares del continente sino oro, cobalto, cobre, fosfatos, diamantes, maderas preciosas, uranio. África es un continente rico en el que la colonización dejó huellas profundas en las oligarquías que heredaron a las metrópolis. Es una bendición el que no hayamos encontrado petróleo en España. Recuerdo las fallidas prospecciones burgalesas en tiempos de Franco. El petróleo tiene mal reparto. Es mucho mejor el turismo que permite vivir de él a numerosas capas sociales, desde el taxista hasta el dueño de la tasca, el hotel, los museos o el hombre de las tumbonas en la playa. El petróleo es explotado por empresas extranjeras que se llevan la tajada del león dando a los dirigentes del país que les dió la concesión, suculentos royalties directamente ingresados en las cuentas corrientes de los más prestigiosos bancos occidentales. Con las ingentes cantidades de dólares que van directamente a los bolsillos de dirigentes sin escrúpulos, no hay que contar para realizar obras públicas y desarrollar industrias locales de cierta envergadura. En países como el Congo Democrático, antes Zaire, la mayoría de las infraestructuras fueron construidas por los belgas. En 1956, crucé el continente desde El Cairo hasta El Cabo, cuatro años antes de que llegasen la mayoría de las independencias. Lo hice por tierra, en autostop y viviendo en contacto directo con las diversas poblaciones. Publiqué un libro, “Africa de Cairo a Cabo”(Plaza y Janès) donde hablo de un continente donde los europeos se habían dedicado a explotar sus recursos en beneficio propio y con la complicidad de jefecillos locales. La secesión de Katanga (hoy provincia de Shaba, República Democrática del Congo), estaba orquestada desde Bruselas con Tchombé. La “Unión Miniére du Haut Katanga” tenía el cobre y los diamantes del hasta entonces Congo Belga. Descolonizar se hacía dejando hombres de paja en lugar de los administradores blancos y pagando ejércitos locales para defender esos intereses económicos de la metrópoli. Eso costó la vida de Patrice Lumumba, un líder con preocupaciones sociales que deseaba construir un país nuevo utilizando esas riquezas. Y se produjo la guerra de los Simba. También murió ahí el Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjoëld en un inexplicado accidente de aviación. Cuando Gamal Abdel Nasser quiso construir la Presa de Asuán (contra la que escribí en aquellos años por ser faraónica e innecesaria), los americanos y los europeos le negaron los fondos económicos. Entonces nacionalizó el Canal de Suez y con ayuda de la URSS, construyó el Saad el Adli. Entonces Reino Unido y Francia atacaron a Egipto iniciando la guerra del 56 con la previa invasión israelí. Un lector decía que las avalanchas de inmigrantes en la valla son obra de las mafias ya que estos subsaharianos que intentan entrar en Europa por Ceuta, Melilla o Canarias, no saben donde está España. ¡Qué equivocados están algunos! Hay televisión por satélite en todas partes, incluso en lugares donde la electricidad se obtiene mediante un generador alimentado con petróleo. Diariamente están contemplando nuestras formas de vida y la gran diferencia de ingresos del occidental comparado con los escasos dos euros diarios de que dispone cada persona en algunos lugares del continente africano. En realidad, los que intentan la travesía, pagan fuertes cantidades de dinero y hasta se empeñan con los traficantes de seres humanos. Tienen una educación secundaria en muchos casos o son universitarios. El francés o inglés que hablan ante las cámaras, es más que correcto. Es una sangría para ´su país pero una fuente de ingresos y menos bocas para la administración. Parecía el problema de los subsaharianos resuelto en las últimas 24 horas con la aceptación por parte de Marruecos de los inmigrantes que les devolvíamos pero, según parece, 700 de ellos, incluyendo mujeres embarazadas y niños, han sido abandonados en el desierto por la mehanía, las fuerzas auxiliares de la policía marroquí. Bruselas y Madrid han ayudado al Reino de Marruecos con 60 millones de euros para que se hagan cargo del problema cumpliendo los acuerdos firmados en 1991 pero si es para abandonar a seres humanos en un inhóspito desierto (donde hay que beber entre 6 y 9 litros de agua diarios por persona), la Unión Europea debe de tomar cartas en el asunto. La necesidad de disponer de una policía de fronteras y una Consejería de Inmigraciones que funcione a nivel UE, es urgentemente solicitada por todo el mundo.

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