11 Octubre 2005

La inmigración moderna

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:50

En la convalescencia que estoy pasando, he tenido oportunidad de ver a muchas personas en traumatología acompañadas en las sillas de ruedas de La Paz, por mujeres de rasgos marcadamente incaicos. Yo fuí solo, por mi cuenta, pero tan pronto una de las peruanas o dominicanas vió que yo no era Fernando Alonso con mi silla rodante, se ofreció para llevarme 20 metros más lejos hasta el despacho del cirujano. No eran una ni dos sino siete u ocho sudamericanas sirviendo de acompañantes a personas mayores que normalmente no se hubiesen podido costear una española con un sueldo superior.

Muchos son los que dicen que la inmigración está quitando puestos de trabajo a los parados españoles. Los pensionistas con limitados medios, hasta hace poco, requerían la asistencia de algún familiar, principalmente hijas, porque no podían pagarse servicios más caros. Esta inmigración, especialmente iberoamericana, permite a una clase media y media baja, tener alguien que se ocupe de los abuelos y liberar a los hijos de estas tareas. La retribución que perciben estos inmigrantes es poco dinero para las españolas pero permite a los latinoamericanos hasta mandar dinero a sus casas. Esto lo hemos vivido cuando los sueldos en Alemania eran muy superiores a los de España y se podía vivir en Colonia y mandar dinero para la compra del piso en Huelva. Todo se acabó cuando los salarios se fueron pareciendo. Y eso ocurrirá con los iberoamericanos si tienen un costo de vida en sus países similar al de España. A muchos no les compensará seguir lejos de su patria para no poder ahorrar. Entonces se encontrarán con hijos españolizados, crecidos y educados aquí, y se encontrarán atrapados con novios y novias. ¡Cuantos españoles que se fueron a Alemania, Bélgica o Francia tienen ahora sus nietos en esos países y han de esperar las vacaciones para que vengan a ver a los abuelos!

La demografía española estaba en declive. Pronto ibamos a tener unas generaciones activas soportando, cada vez más clases pasivas. Los 4 millones de inmigrantes que han llegado a España son una bendición para nuestro país que, de repente, ha empezado a ver cómo nacen niños en nuestros pueblos y ciudades, cómo campos que no encontraban mano de obra española para las cosechas, han visto estas manos extranjeras, salvar a los agricultores españoles. El crecimiento actual que tenemos se debe principalmente a la construcción y no hay andamio que no esté ocupado por africanos o iberoamericanos. En la vida hay que pensar que lo que nos parece inicialmente un fracaso puede resultar el principio de una solución de otro problema. El haber regularizado 700.000 inmigrantes, además de mejorar las arcas de la Seguridad Social, han sacado a la luz mucha economía sumergida. La gente se queja de que los inmigrantes consuman asistencia sanitaria o educación pero se olvidan que también estan pariendo sus mujeres dos o tres veces más que las españolas y que la infancia es la riqueza futura de un país. Los que están abonados a ver la vida en negro, deberían mirarla a través de un buen vaso de vino medio lleno y no medio vacío. Esos niños que nacen en España con ojos, a veces rasgados, son los que pagarán las pensiones de los quejicas de hoy.

Nuestros antepasados vinieron de la zona del Rift africano y eran negros como los que hemos visto sufriendo por un desierto pedragoso, sin comida ni bebida y con las manos y piernas heridas por nuestras alambradas. La abuela Lucy que se supone lo es de todos los europeos, era pequeña y negra aunque le moleste mucho a quienes ven en el color negro el orígen de la maldad.

En 1963, conocí al escritor estadounidense, negro y homosexual, James Baldwin. Coincidimos en un programa de televisión en el que nos entrevistaban a ambos. Él pasaba delante de mi y le escuché decir al periodista que le entrevistaba en directo.

– Yo se que somos inferiores a los blancos. No lo niego. Nunca hemos crucificado a un Dios ni hemos matado en nombre de otro. Nunca hemos esclavizado blancos o amarillos. ¡Somos un desastre! Hemos sido incapaces de iniciar una guerra mundial, ni exterminar 6 millones de judíos, ni inventar la bomba atómica y lanzarla sobre seres humanos. Solo hemos dado golpes en el boxeo para poder comer o ganado corriendo por lo mucho que corrieron nuestros antepasados delante de los mercaderes de esclavos. No cantamos mal y toda la música moderna se origina en nuestras gargantas. Pero siendo tan inferior a usted, solo le pido que deje de sentarse sobre mis hombros. No me aplaste. ¡No quiero casarme con su hermana! ¿Está claro?

He reconstituido este texto de mi memoria pero como ya lo hice en aquel entonces, creo no haberme alejado demasiado de su discurso. James Baldwin, el autor de The Fire Next Time, se exilió en Paris, como había hecho Josephine Baker en los años veinte. Y ambos murieron en Europa. Yo quiero que mi continente siga rechazando el racismo no considerando el color de la piel una razón para ser exterminado. Además, muchos africanos van a tostar un poco la piel de algunos europeos lechosos que ahora se matan por caramelarse al sol de nuestro sur.

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