11 Noviembre 2005

Una Iglesia muy particular

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 12:52

Basta recordar las veces que la jerarquía católica salió a la calle detrás de pancartas, y siempre con traslados masivos de fieles en trenes, autocares, bocatas, y este sábado en dos aviones, para ver que no siempre lo hacen de acuerdo con lo que se espera de ella. Y claro, no puede faltar la consabida participación del Partido Popular.

Por ejemplo, no se vieron los obispos en la masiva manifestación “Contra la Guerra” en 2003. Se produjo en todas las ciudades importantes del país, sin ninguna infraestructura visible. El Papa Juan Pablo II condenó la guerra de Irak a punto de iniciarse pero la Jerarquía Española es “más papista que el Papa”, y brilló por su ausencia en las marchas y su silencio en los púlpitos. La última manifestación en la que se notó su ausencia fué “Contra el Hambre”. La Iglesia española no se dió por aludida y creo que solo un obispo se sintió obligado a asistir en la comitiva, por supuesto nada de multitudinaria. Contra el hecho de llamar “matrimonio” a la unión entre homosexuales o lesbianas, salió una inmensa manifestación con abundancia de miembros de la Jerarquía Episcopal ataviados con gorras de “base-ball” para demostrar que están en primera línea de la modernidad. Y somos muchos los que no veíamos cual era el criterio para juzgar más importante que dos hombres se casen por lo civil o que mueran millones de seres humanos por guerras o sequías pertinaces. Tampoco entendíamos que aquella manifestación se hiciese en “Defensa de la Familia”. Llámenme “sociata o rojo” pero creo que Cristo se rascaría también la coronilla sin comprender por qué una cosa echa a la calle a todos los cristianos de este país, detrás de sus obispos y dirigentes de la derecha, y en cuando la manifestación es para pedir que se ayude más al pobre y al hambriento o se impida una guerra, desaparecen de la circulación y se vacían las calles de fieles cristianos, obispos y políticos del PP.

Decir que la religión católica está perseguida en España es realmente abusar de la credulidad de los españoles. No hay un país europeo que tenga ´la enseñanza religiosa en su nomina. Nosotros la pagamos y la Conferencia Episcopal la selecciona y la despide según sus criterios. Una mujer, que se ponga a vivir con un hombre sin casarse y sea profesora de religión, se verá rescindir su contrato por parte de la Iglesia sin que los sindicatos o la justicia ordinaria tenga nada que decir por esa ruptura de contrato laboral.

Los padres reclaman el derecho a elegir el tipo de enseñanza que reciban sus hijos pero luego no son capaces de involucrarse en esa enseñanza cuando los niños regresan a casa. La religión no se les inculca a los hijos en la mayoría de los hogares que se consideran “católicos practicantes”. Tan es así que no ha enseñado a sus vástagos a aceptar el sacrificio de estudiar religión mientras, con el mismo derecho a otros padres partidarios del laicismo, se les impone a sus hijos una asignatura compensatoria. Saben´muchos padres católicos que sus hijos preferirían el recreo o llegar una hora más tarde al colegio o salir antes que sus compañeros no practicantes. La libertad de los padres católicos y de sus organizaciones, infringe la libertad de otros padres que no son católicos o que no son partidarios de ninguna religión. Por añadidura, estos padres que quieren que la religión esté fuera de la enseñanza obligatoria, están costeando una religión que o no es la suya o no les interesa para sus hijos. Si el colegio no ofrece ballet o judo, los que quieran que sus hijos los practiquen, pueden costearselos fuera del horario y el recinto escolar. En Francia se enseña religión y su costo y los lugares de culto con el mantenimiento correspondiente, se hace con la aportación de los fieles. Personalmente creo que un católico francés tiene más mérito que uno español. En Alemania, los fieles pagan una parte de su salario para el mantenimiento del culto. Es como tener televisión con canon o gratuita.

Las encuestas europeas nos sitúan justo por delante de Malta y Portugal en la calidad de nuestra enseñanza, en abandono de los estudios secundarios (28%) y en las inversiones en educación. Oyendo a las familias españolas, son muchas las que quieren una educación de pago porque la calidad de la pública no ha cesado de ir cayendo en la última década. ¿No sería más normal dejar que los padres manden a sus hijos a donde les apetezca y puedan por su economía? El dinero que se gasta en financiar enseñanza religiosa y en colegios concertados debería invertirse en la construcción de nuevas escuelas públicas y mejora de la enseñanza en las mismas. Se necesita reforzar el número de profesores en aquellas clases donde hay un porcentaje elevado de hijos de inmigrantes. Concertar aquellos colegios que admiten el mismo porcentaje de extranjeros que la escuela pública. Con igual financiación, veríamos entonces cual de los dos colegios sería mejor. Reforzar la Enseñanza Profesional para los que se atraganten con una educación orientada a servir de base a estudios superiores. Sectores como la salud de los mayores, la pequeña industria, la hostelería, el ocio organizado pueden abrir puertas a muchos estudiantes que no quieren o no son capaces de absorber conceptos abstráctos en los que no ven una rentabilidad económica inmediata.

Ningún país de la Unión Europea tiene un Concordato como el que hemos heredado de la época de Franco y que en 1978 nadie quiso denunciar por no envenenar una situación que bastante tensa se presentaba con los ruidos de sable. Las nuevas generaciones ignoran los equilibrios y concesiones que hubo de hacerse para sacar adelante un documento que contentase –aunque a nadie totalmente– a unos españoles que no deseaban volver a las andadas rompiendo el frágil equilibrio que siguió a la cesión, por parte del rey, de los plenos poderes que heredaba en favor de los ciudadanos de este país. En aquel entonces hubo un clero que se desmarcó de la jerarquía que había bendecido el sublevamiento del Ejército de Africa contra el gobierno legítimo de la República. La “Cruzada” de los cardenales de 1936 fué compensada con otros sacerdotes que trabajaron en las barriadas de inmigrantes, que echaban manos a la herramienta en las fábricas y que, en Iberoamérica, crearon la “Teología de la Liberación. El Nacional-catolicismo se fué desdibujando gracias a una clase sacerdotal inmersa en la vida social y laboral de quienes más lo necesitaban. Mientras, ya se escucharon voces que pedían que, al cardenal Tarancón le diesen paredón.

Decirle a la Vice-Presidenta del Gobierno que con quien tiene que hablar de los problemas que existen entre el Gobierno de Rodríguez Zapatero y la Iglesia española, los tiene que discutir con la Conferencia Episcopal, es insultante. El Vaticano es un Estado y España es otro. El segundo hombre en ese Estado Pontificio es el cardenal Angelo Sodano. El Concordato es un tratado entre dos Estados soberanos, no entre un poder superior y un protectorado. El nivel del encuentro entre María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del gobierno español y el secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, es el adecuado y las ironías de Eduardo Zaplana, sobre este tema, son solo pequeños aguijones para el gobierno socialista. Yo, en lo que a mi se refiere, la denuncia del Concordato entre España y el Vaticano me parece una necesidad de primer orden por la intromisión constante que hace la Iglesia –”Mi Reino no es de este Mundo”– en la vida de los ciudadanos. Respetuosos sí pero con todas las creencias, a las que se debe tratar por igual, incluidos los que creemos en Darwin y no en el “Diseño Inteligente” que Bush quiere imponer en los colegios estadounidenses.

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