La Unión Europea respira
Una de las más antiguas tradiciones de la UE es llegar a ponerse de acuerdo en la hora 25 y minuto 59 al término de sus Conferencias semestrales. Para el llamado Primer Mundo, en esta ocasión, no solo interesaba el resultado de la presidencia del país más euro-escéptico de Europa sino que, con el rabillo del ojo teníamos que vigilar lo que se ventilaba en Hong Kong.
El sistema de subsidios agrícolas, en nuestro opulento mundo desarrollado, no puede seguir como hasta ahora impidiendo que cientos de millones de seres humanos subsistan con menos de un euro diario por persona y que el analfabetismo y la explotación de sus riquezas naturales –además de sus mujeres y niños– se perpetúen por nuestro egoísmo. La caridad debe ceder ante la justicia. No es aceptable que un kilo de arroz estadounidense sea más barato puesto en la mesa de un africano que el que este mismo africano siembra,cultiva y cosecha.
Las subvenciones han servido para evitar la desertización de nuestros campos y frenar la avalancha de compatriotas que se agolpaban en las chabolas extra-radio de nuestras ciudades buscando mejorar su suerte. Ahora estamos viendo como aquellos campesinos españoles de los años 50, han prosperado hasta el punto de engordar nuestra clase media urbana. El campo español se ha mantenido, mayoritariamente, en sus zonas naturales con la ayuda de las subvenciones y el desarrollo –frecuentemente incontrolado— del turismo de masas. Poco a poco, el interior atrae a quien ya no busca solo sol y playa. Todavía hay que hacer más esfuerzos para que el desarrollo en esas áreas, que van a tener que perder ayudas estatales o de la UE, siga mejorando el nivel de vida de sus habitantes. Los inmigrantes están sustituyendo aquellos campesinos españoles que arribaban a la Estación de Atocha con sus maletas de cartón sujetas con cuerda. Los hijos de estos son médicos, arquitectos, mecánicos, dueños de bares, restaurantes o del comercio de la esquina. Ese mismo modelo, con sus pautas, que junto a la emigración española a la Europa próspera de la posguerra, ha permitido un desarrollo increíble en nuestro país, debe producirse en otros países hoy hundidos en la miseria, la corrupción y la competencia desleal del Primer Mundo. Veo en mi memoria, desde mi hotel caraqueño los “ranchitos”, las “villa miserias” abrazando la capital venezolana.
Los telares de Manchester, a mediados del siglo XIX, recibían el algodón del “Deep South”(Sur Profundo) norteamericano. Luisiana, Alabama, Georgia vivían del algodón de sus tierras confederadas que utilizaban la barata mano de obra de los esclavos negros. La guerra civil destruyó aquel sistema de explotación humana pero, al mismo tiempo, los telares británicos amenazaban con el despido de millares de hombres y mujeres por falta de materias primas para su próspera industria textil. Los ingleses que controlaban Egipto y el Sudán resolvieron rápidamente el problema introduciendo el cultivo del algodón en los dos países. Se descubrió que las condiciones climáticas favorecían una calidad superior a la de la antigua Confederación americana. La variedad “jezirah” de fibra larga es la más apreciada de la industria algodonera. El sur de los EE.UU., después de perder la guerra civil, además de los esclavos que fueron libertos, tuvo que buscar otras fuentes de riqueza y ¡vaya si las encontró!Scarlet O´Hara no tiró la toalla.
El peso de la agricultura en el mundo desarrollado cada vez cuenta menos en el PIB. El 70% del presupuesto de la Unión Europea destinado a la PAC, ha pasado a ser del 40%.En España, en 1996, la agricultura representaba el 4,7% de nuestro PIB y 1.037.000 empleos. En 2004, el porcentaje del PIB ha caído al 3,1% Y 938.000 empleos. Se han perdido 100.000 puestos de trabajo cuando hemos aumentado en 5,5 millones el número de ocupados, hasta 17.971.000 comparado con 1995. El tiempo libre, la inmigración que rejuvenece Europa y Estados Unidos, producen un nuevo turismo interior en nuestros países además de proporcionar un bienestar inesperado a las clases menos favorecidas en cuestión de asistencia social, guarderías, etc…
Como era de esperar, España tenía que ceder en la negociación, al igual que Irlanda, los dos países que mejor uso han hecho de la ayuda de Bruselas. Por el idioma, Irlanda ha logrado sobrepasar la media de la UE-15 al haberse lanzado en el mundo de la informática (lo que en Extremadura Rodríguez Ibarra intenta hacer a marchas forzadas). En otro ámbito, España lo ha hecho mejor que Portugal y Grecia. Y eso con gobiernos de izquierda o derecha. El mérito es de todos los españoles. Lo que no me parece bien es que, cada vez que los socialistas salen a la escena internacional con intención de defender los intereses de nuestro país, el Partido Popular no espere a su regreso para sabotear el trabajo. Decir que la OPA sobre ENAGAS había sido pactada con José Manuel Durâo Barroso, presidente de la Comisión, y que por eso saldríamos esquilmados de la reunión de Bruselas, era una manera de cortar la hierba al gobierno de Rodríguez Zapatero segándola bajo sus zapatos. Ya nos acostumbró a ello José María Aznar mientras Felipe González negociaba la ayuda a España y lo tachaba de “pedigüeño”. Ahora, al repetido “España se rompe” hay que añadir que no se han defendido los intereses españoles en la reunión de los 15 y 16 de diciembre en Bruselas. Que Tony Blair diga a sus conciudadanos que ha defendido lo mejor que podía el “cheque de la Thatcher”, es natural y no hemos oído a los conservadores de su país criticarle por haber llegado a un acuerdo con los otros 24 miembros para el período 2007-2013. Un poco de patriotismo y aliento en la esfera internacional y menos símbolos unitarios no vendrían mal. Aznar en esa negociación no hubiese podido defender los acuerdos de Niza por mucho que se hubiese esforzado. Cada una de esas etapas cambia el panorama de la UE y es lógico que sea así. Lo de pegar puñetazos en la mesa, no se estila en este continente.
Hace muchos años, quizá quince o veinte, escribí que si saliese a flote la economía española sumergida, estábamos por delante de Canadá e Italia en el G-8. Según Ignacio Mauleón, profesor entonces de la Universidad de Salamanca, un 17% de nuestro PIB de aquellas fechas, unos 12 billones de pesetas, eran el peso de la economía sumergida en España. El semanario “The Economist” nos atribuía 30%, lo mismo que a Italia. España ha mantenido en sordina tanto la investigación de esas bolsas sumergidas como su peso en nuestro PIB. Algo de marrullería que nos permitió cambiar la faz de España, repito, gracias a todos los españoles.
En la reunión de Jefes de Gobierno de los 25, Ángela Merkel ha dado la sorpresa al destacar por su capacidad de diálogo y compromiso. Algunos me dirán que me he pasado al conservadurismo por halagar a alguien que parecía querer emular a “Maggie” en Alemania. Creo que ella y su coalición van a sorprender al resto de la Unión. Lo que sí ha escandalizado a muchos, incluido yo, es el abuso de posición del social-demócrata Gerhard Schröder ocupando la presidencia de un consorcio gasístico en cuya creación intervino personalmente como Canciller con el Presidente Putin.
Finalmente, es una lástima que no se haya querido alcanzar el 1,18% del PIB que pedía el Parlamento Europeo y nos hayamos quedado en el 1,045. La construcción de importantes infraestructuras, en carreteras y vías rápidas de ferrocarril entre el Atlántico y la frontera Este de la Unión, hubiesen sido un buen reactivo de la economía franco-alemana y, con ellos de los demás países, al participar en el desarrollo acelerado de los 10 nuevos miembros más Bulgaria y Rumania.
Los 2.000 millones de euros destinados a España para nuestro I+D+i debe de ser empleado para eso mismo y no desviarse para otros menesteres. Nuestro retraso en ese sector es importante con relación a los más avanzados de la UE-15. No alcanzamos ni la mitad de la media de inversión, y encima incluíamos la investigación militar.
Lo que hemos dejado de percibir como ayudas desde Bruselas, estamos en condiciones óptimas para ganarlo nosotros mismos involucrándonos de lleno en el desarrollo de los 10. Tenemos una industria media competitiva y una excelente posición en servicios. Todo eso puede mejorar nuestras exportaciones e incrementar la cuenta de resultados de empresas españolas que llevarán al pleno empleo dentro de poco, pese a la rápida e importante inmigración que tenemos y cuyo control de llegadas clandestinas ya no será costeado solo por nuestro país sino por toda la Unión Europea.




