27 Diciembre 2005

Los nuevos ricos de la democracia

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 13:24

En España, la democracia que disfrutamos es algo reciente hasta el punto de que muchos españoles se comportan como si todo consistiese en ver a Perry Mason juzgar en los tribunales americanos o a Sylvester Stallone llevar su guerra contra el mal en nombre de los Estados Unidos de América.

Ahora descubre una parte de nuestra ciudadanía que los diversos Presidentes americanos han practicado la tortura y hasta la han elevado a la categoría de Arte, como antaño otros dirigentes europeos o asiáticos. No se puede olvidar la Escuela de las Américas en Panamá, donde los estadounidenses enseñaban a los militares latinoamericanos a extraer, “científicamente”, información de sus prisioneros. Nadie se puede extrañar de que en el pasado, desde el principio de los tiempos, se haya torturado con el consentimiento de los gobernantes de turno. Pero hemos avanzado, aunque no tanto, y hemos desterrado el sistema de “someter a la cuestión” a las víctimas del Poder. En tiempos modernos, puedo señalar entre muchos, al estudiante Enrique Ruano que la policía tiró en 1963 por la ventana de una comisaría franquista, a los componentes de la banda terrorista alemana Bader Meinhof, a la eliminación de miembros de las Brigadas Rojas italianas o de la OAS francesa, contrarios a la independencia de Argelia. Y aquí, el GAL surgió como reactivo contra ETA. Combatir el terrorismo con el terrorismo, no está bien cuando hemos llegado a elevar los niveles de respeto a los Derechos Humanos, hasta límites desconocidos en el pasado. De ahí que yo no comprenda cómo José María Aznar, que decía despreciar atajos en la lucha contra ETA y ganó las elecciones de 1996 denunciando el terrorismo de Estado de Felipe González, haya permanecido silencioso ante los desmanes del gobierno de Estados Unidos en Afganistán y en Irak. Comparto los escrúpulos de Aznar denunciando la “guerra sucia” contra el terrorismo vasco. El representaba todavía la inocencia del demócrata neófito. San Cristóbal había hecho en su tiempo lo que Donald Rumsfeld hace ahora en Guantánamo y lo que recomendaba hacer en Abu Ghraib. La señora Thatcher mandaba asesinar en Gibraltar a dos miembros del IRA sin que se escandalizase mucha gente.

Ahora se habla de multiplicar el número de cámaras de video en las grandes ciudades para vigilar la seguridad de nuestras calles como se vigilan los bancos, las joyerías o los grandes almacenes. El grito ha sido unánime. “¡Nos están recortando derechos individuales garantizados por la Constitución!” Como tengo más experiencia personal que conocimientos de lecturas, voy a contar un hecho bien significativo.

A mediados de los años 70, siendo miembro del equipo de LOS REPORTEROS de Televisión Española, entre otros muchos reportajes, me tocó hacer uno sobre energías alternativas. Visité Gales para la energía solar, Holanda para la eólica y Suecia para ver los estudios que se realizaban en la Universidad de Upsala sobre la energía que se desprende del deshiele. En Estocolmo vi a un viejo amigo de España, con casa en Denia. Ulf Abrahamson era Jefe de la Brigada Anti-Estupefacientes de Estocolmo. Nos ayudó muchísimo durante los 15 días de nuestra estancia en Suecia. Una invitación que nos hizo al centro de control de la policía, fue particularmente instructiva. En una sala con varios monitores de tv, un policía, ante una mesa en semi-círculo, observaba en sus pantallas una docena de calles de la ciudad. Ulf me señaló una hilera de vehículos estacionados en una de aquellas vías y, para mostrarme en qué consistía el trabajo del agente, le pidió que enfocase uno de los vehículos. Luego requirió que acercase el objetivo mediante un zoom sobre la matrícula. Finalmente pidió a su subordinado que le diese el historial del coche. En pantalla separada aparecieron todas las circunstancias de la adquisición del automóvil Mercedes, su situación fiscal, las multas que había tenido, la dirección del propietario y la falta de denuncias por robo.Tampoco era buscado su dueño por la policía. ¡Hablo de tecnología de hace más de 30 años! Me refiero a un modelo de sociedad avanzadísima en el respeto a derechos humanos y con un nivel cultural y de conciencia ciudadana superior a casi todos los países de la Tierra. Igual que se veían los vehículos, se podía ver una pareja besándose, un borracho molestando a una joven o cualquier otra incidencia. Se podía grabar todo lo que se considerase interesante y sacar de archivos la identidad de personas y automóviles. Nadie protestaba en el país y se le enseñaba abiertamente el servicio policial a las cámaras de TVE, una cadena extranjera. No había secretos y sí un control ciudadano sobre el uso posterior de las grabaciones. Una vieja democracia se consideraba protegida en vez de atacada por un gobierno encargado de proteger vidas y bienes de sus ciudadanos.

Estamos viendo como, en España, horas después de quemar una sin techo, que se había refugiado para dormir en el rincón de un cajero automático de La Caixa ,en Barcelona, eran arrestados los jóvenes responsables de semejante crimen. No se trata del “Big Brother” de George Orwell, el ojo vigilante de un Gran Hermano que cerciora las libertades de seres humanos reducidos al “estatus” de laboriosas hormigas. Hemos contemplado las cintas donde están grabados ataques a mano armada en Joyerías y esa vigilancia ha permitido reconocer, y hasta detener más tarde, a los atracadores. Los islamistas que abordaron los aviones que más tarde se estrellarían contra las Torres Gemelas de Manhattan, han permitido identificar a los responsables del atentado.

Como periodista con 58 años de profesión, no puedo estar a favor de ningún tipo de censura de los medios de comunicación. Jefferson decía que “contra los excesos de la libertad solo hay un remedio: más libertad”. También confesaba que prefería “un país sin gobierno a un país sin libertad de prensa”. De tener un Consejo Regulador de la Televisión, abogo por el sistema británico constituido por los propios profesionales y con una dirección independiente de los partidos políticos. No se encarga de censurar más que cuando atañe a la infancia y a la deontología general ya que los tribunales están en el Reino Unido facultados para ocuparse de libelos, difamación y otros ataques personales al honor y reputación de los ciudadanos. Por supuesto, el CAC catalán es inadmisible lo mismo que cualquier Estatuto del Periodista que se quiera imponer desde las Asociaciones de la Prensa.

Quien quiera ir contra la COPE o cualquier otro medio de comunicación, tiene los tribunales de Justicia para hacerlo pero la libertad de expresión debe prevalecer sobre cualquier divergencia de opiniones correctamente expresada. Si no lo es así, el Juzgado de turno está para eso. Yo adhiero a lo que decía Lord Acton: “Aunque soy contrario a todo lo que usted proclama, yo me dejaría matar para que pudiese expresar sus ideas libremente”.

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