3 Enero 2006

Hace sólo 20 años

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 13:32

En 1986 España ya no era la de 1945 cuando padecimos un embargo por parte de todos los países menos Argentina. Muy lejos quedaban las penurias del primer franquismo, el Plan de Desarrollo de López Rodó, la muerte del Caudillo, el regreso de algunos exiliados y emigrantes de la maleta de cartón. César Vidal asegura que los españoles iban a Alemania o Francia o Bélgica con contratos. ¡Dios mío qué manera de distorsionar la Historia! Confundir la solicitud de técnicos que se hacía a través del Instituto de Emigración con los indocumentados que llenaban los trenes de “sin papeles” españoles, es absurdo.

Hombres y mujeres se las apañaban sobre el terreno, ayudándose unos a otros con el idioma o con los trucos para sobrevivir. Las “pateras” canarias que habían emigrado clandestinamente hacia Venezuela, los gallegos o asturianos que reclamaban desde Cuba a familiares de Lugo o de Langreo.

Una España triste, gris, de trajes que se arreglaban de los padres para los hijos, de pan negro con cuerda del saco de harina o salvado. Los presos con el cabello cortado al cero, de monos azules como único vestuario, de coches canibalizados, de películas heroicas sobre la Raza, Inés de Castro, la Reina Santa o Marcelino, Pan y Vino.

En 1986, llevábamos una década de libertad con sobresaltos. Los viejos habían alertado cien veces a los jóvenes con volver a las andadas. “¡Igual que en el 36!”, proclamaban después de la matanza de los abogados laboralistas de Atocha o cuando los ultras disparaban en las manifestaciones de estudiantes de izquierdas. Un ejército con mandos africanistas y orgullosos de su “victoria sobre el comunismo internacional”, otros más jóvenes como Alberto Piris, Fernando Reinlein, J. Luis Crespo, Luis Otero, algunos de ellos fundadores de la UDM (Unión Democrática Militar), que hablaban de un ejército nuevo, sometido a un gobierno civil electo por el pueblo.

La entrada de España en la entonces Comunidad Europea, levantaba todavía muchas dudas en los miembros fundadores. Les había sorprendido que la muerte de Franco no hubiese provocado una nueva guerra civil. Para muchos franceses, por ejemplo, el viejo dicho de “vérité en de-ça des Pyrénnées, erreur au-delà” (verdad en este lado de los Pirineos, error del otro lado), era más que una frase literaria, era un axioma.

La fama que teníamos era la de un ejército tan golpista como los latinoamericanos, sangre caliente, religiosidad medieval, machismo a ultranza, hidalgos que despreciaban el trabajo, juerguistas, sanguinarios en nuestro espectáculo nacional, poco productivos, despilfarradores, corruptos. Aquel disco que lanzaba “Diario 16” de “Libertad sin Ira” reflejaba muy bien lo que creíamos ser: un injusto sambenito. Éramos “gente seria hasta en la cama”.

Nuestra renta por habitante era tan baja –el 74% dela media de los 15=100– que nadie pensaba que alcanzásemos a los demás países. Estamos en el 90 sobre la misma base y sobrepasamos la media en la UE=25. Cuando los países miembros aprueban los criterios de convergencia en Mayo de 1998, Francia y Alemania creen que no podremos cumplirlos. Para los países ricos del Norte somos, despectivamente, el “Club Med” (club mediterráneo) pero no solo cumplimos sino que lo hacemos mejor que otros. El euro resulta ser tan fuerte y sólido o más que el entonces adorado “marco alemán”. Las economías de la locomotora franco-alemana se ven frenadas en sus exportaciones y, por ende, en su desarrollo y hasta perjudicadas por esa fortaleza en el empleo y España logra crecer al doble que quienes eran modélicos hasta entonces, y bajar de la media nuestra tasa de paro.

En 1986 teníamos 773 kilómetros de autovías gratuitas. Hoy, veinte años más tarde, hemos alcanzado 6.267. Los fondos europeos han financiado 4 de cada 10 kilómetros que hemos construido. Nuestros lazos con la Unión Europea han crecido como nuestro PIB. El 90% de las inversiones que llegan a España provienen de la UE, el 87% de nuestros turistas y el 66% de nuestras importaciones mientras el 74% de lo que exportamos va a nuestros socios. Hemos recibido 150.000 millones de euros en estos 20 años para el desarrollo regional, para la agricultura, para la formación y como Fondos de Cohesión. España, con gobierno socialista o del PP, ha roto la fama de ingobernabilidad que teníamos en el resto de Europa. Polonia y otros países de los 10 de la última ampliación están acudiendo a España para copiar lo que hemos hecho en estos 20 años. Durante este período de tiempo, Europa nos ha aportado un 1% de nuestro PIB –a la vez que se beneficiaba con su penetración en un mercado muy consumista como es el español—pero el resto ha sido fruto del esfuerzo de nuestro trabajo.

Tengo amigos extranjeros que visitan regularmente España desde hace 40 años y que me visitan en todos sus viajes. Están asombrados del dinamismo y de la alegría en las calles de este país y se extrañan de que el pesimismo, que predomina en algunos de sus países, esté muy extendido en España en medio de grúas, tuneladoras, andamios, construcción de autovías o de trenes de alta velocidad.

– Enrique, me dice un amigo mío, editor francés jubilado, “hace unas décadas teníais un Manolo Santana recoge-pelotas genial, un Ballesteros, antiguo “caddie”, un Julio Iglesias, un Alfredo Kraus. Uno de cada cosa en todas las actividades. De repente, es la “Armada” de tenistas que todo el mundo teme, es el Barcelona, el Real Madrid, la magnífica Olimpiada de la Ciudad Condal, escritores, golfistas, maratonianos, campeones mundiales de F1, de motorismo, de “rallies”, de baloncesto, domináis la Opera, la arquitectura. ¿Os habéis vuelto locos? Tenéis la segunda longevidad del planeta, el record mundial de trasplantes, una Seguridad Social envidiada por otros países de primera línea, la industria turística más avanzada, segundos inversores en América, primera banca europea… . Pero ¿cómo podéis ser tan pesimistas sobre vuestro futuro?”

Añado yo. En los últimos cuatro años, la avalancha de inmigrantes que vienen a nuestro país, y que estamos absorbiendo ya regularizados en puestos de trabajo que ningún español quería, son la prueba de que han descubierto un país de libertades, de avances sociales, con escasa discriminación racial, donde gentes de todas partes pueden labrarse un futuro a la vez que ayudan a España a seguir creciendo.

Y ahora, a esperar los comentarios de mis lectores diciéndome que a mi edad no tengo derecho a ser optimista. Les regalo la sopa del abuelo. Yo me moriré con un vaso de vino medio lleno.

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