Irak: “tercer año triunfal”
En tiempos de la guerra civil española, la correspondencia solía utilizar eslóganes destinados a repartir ánimos a un bando u otro. Del lado de “los nacionales”, debajo de la fecha, se exhibía ese primer, segundo o tercer año triunfal que marcaba el avance de los insurrectos africanistas y sus tropas “moras”. Por miedo a la censura, hasta los “desafectos” ponían el latiguillo epistolar. Se inicia el “Tercer Año Triunfal” de George W.Bush.
Cuando anunció el 1 de Mayo de 2003, la victoria sobre Sadam Huseín desde la cubierta del portaviones “Abraham Lincoln”, ataviado con un vistoso uniforme de piloto de caza, había perdido solo 160 hombres suyos y de su coalición internacional.
El fin de la guerra era tan verdad como el “fin de la Historia” anunciado por el pensador americano Francis Fukuyama. Convencido de que el partido político baaz era de religión suní y sustentaba al dictador, Bush y sus asesores se empeñaron en acabar con ellos. Así se concentró la lucha en las áreas de islamismo más tibio y mayor porcentaje de partidarios del laicismo árabe.
La población chií aboga por un estado islámico donde la sharia impere sobre la vida de los habitantes de Irak. El baaz es el socialismo a la árabe y el hecho de que cayese en manos del clan suní de Tikrit no significa que sea una ideología con base étnico-religiosa. Todo el mundo, incluidos algunos kurdos, medró en las inmediaciones del poder bagdadí en tiempos de Sadam Huseín.
La resistencia suní, ofrecida por la insurgencia en Faluya contra la ofensiva americana, no tiene nada que ver con el voluntarista análisis del gobierno de George W.Bush. Hace tiempo que Guardia Republicana, insurgencia nacional-islamista y “brigadas internacionales” combaten “al invasor, al ocupante”. Dos fenómenos se han dado en los casi tres años de esta absurda guerra: En primer lugar un peligroso favoritismo hacia dos de los tercios que componen Irak, el chiísmo (60%) y los kurdos (20%), alentando su odio hacia el centralismo de Sadam Huseín y sus partidarios suníes (20%). Grosso modo, se corresponde esta visión del gobierno americano con las zonas de exclusión aérea que establecieron en 1991, por encima del paralelo 36º y por debajo del 33º, es decir, los kurdos al norte y los chiíes al sur. En segundo lugar, las elecciones han transcurrido razonablemente bien en cuanto a participación pero los atentados siguen siendo diarios y las represalias americanas indiscriminadas aunque se presenten una boda o un funeral como “peligrosas concentraciones de yihadistas” en las que han muerto “dirigentes destacados” de Al Qaeda. De algún modo hay que disimular los enormes “daños colaterales” que produce una aviación poco respaldada por los servicios de inteligencia y guiándose solo por las apariencias.
Las colas para alistarse en el nuevo ejército iraquí que ha de sustituir a las fuerzas de la coalición, se nutren de gente joven sin trabajo desde que la guerra vino a “liberarles de la tiranía y traerles la felicidad que da la democracia”. Es un nuevo ejército que está pagando un sangriento tributo antes de haber empezado a ser operativo. Estados Unidos ¿está seguro de que la instrucción y las armas que se le entrega a esos hombres no se pondrán al servicio de la insurgencia? ¿Están seguros el Pentágono y el Departamento de Estado de que no están armando la guerra civil que se vislumbra desde hace tiempo? Osama bin Laden, seguramente sigue vivo pero arrinconado en la esquina más inhóspita de la Zona Tribal de Pakistán, junto a la frontera nororiental de Afganistán. En esa situación, el líder, internacionalmente reconocido como Raís de Al Qaeda, está neutralizado y no interviene en los asuntos de Irak. El hombre que dirige la resistencia contra Estados Unidos, no es el único que manda. Ni siquiera parece tener contacto con Bin Laden. Hay ayatolaes como Muqtada al Sadr que disponen de importantes masas de seguidores armados que defienden el chiísmo pero que son objeto de ataques de otros iraquíes como acaba de suceder en la sagrada ciudad de Kerbala. Al mismo tiempo, otro atentado suicida entre los suníes de Ramadi elevaba a 140 los muertos del día 5 de enero. A ello hay que sumar 7 soldados norteamericanos muertos cuya suma total eleva el número de sus muertos a 2.189 y el de heridos a más de 15.000.
Esta situación se produce cuando se está intentando constituir un gobierno de unidad nacional para el que el presidente de Irak, el kurdo Jalal Talabani, pide que se haga hueco a los suníes, principal fuerza en guerra contra el ocupante extranjero. Unos creen que ese gobierno en el que todas las facciones tengan cabida, permitirá la retirada de los ejércitos extranjeros. Otros piensan que la causa del islamismo radical está ganando la batalla y que ello se debe a la presión diaria de los atentados. Abu Musab al Zarqaui era un pandillero jordano de la ciudad de Zarka, cerca de Amman donde se encuentran estacionados los blindados de la Legión Árabe. Para este matón de barrio, la refinada educación de Bin Laden y su clase social son tan detestables como los mismos americanos. El Califato que propugna el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, de origen argelino, considera a Al Zarqaui su jefe natural. Preconizan una interpretación literal del Corán. Mientras los chiíes se alinean detrás del gran ayatolá Ali al Sistani o bajo las ordenes del ayatolá Al Sadr, Irán se frota las manos sabedor de que controla el chiísmo radical de Irak, su aliado natural.
George W.Bush, el hombre que no quería escuchar a nadie cuando decidió ir a la guerra contra Irak con el apoyo de Tony Blair y José María Aznar, ahora empieza a escuchar en su país como crece la oposición a la presencia de sus soldados en Irak y se reclama el regreso de los mismos a EE.UU. ¿Recuerdan cuando en España, algunos decían que anunciar el regreso de nuestras fuerzas era mandar una señal de aliento a “los terroristas” de Bin Laden? Ahora es el propio Bush el que habla de un calendario para el regreso, refiriéndose a los 30.000 hombres y mujeres que envió de refuerzo para las elecciones legislativas del 15 de Diciembre 2004. De los demás no sabe cuando podrá devolverlos a sus hogares. Rodríguez Zapatero tuvo más olfato que el gobierno de Aznar. Francia y Alemania ni siquiera mandaron sus soldados. Por lo pronto, tras los españoles y holandeses, el mes pasado se marcharon los búlgaros y ucranianos. Italia ha iniciado la retirada y Polonia ha anunciado que pronto empezará a reducir su presencia en la zona “hortofrutícola” de Irak. Corea del Sur ya ha devuelto a casa un millar de soldados y el resto lo hará a finales de 2006. De los 50.000 soldados de la fuerza internacional solo quedan en Irak 20.000. La soledad de EE.UU. puede llegar a ser insoportable si todos sus aliados abandonan la “guerra contra el terrorismo internacional”. Ni siquiera los beneficios del petróleo pueden compensar la sangría puesto que el sabotaje de los oleoductos es constante y difícil de impedir. Ayer mismo en Kirkuk, el petróleo ardía en lugar de fluir normalmente.
La guerra civil está a la vuelta de la esquina, en Irak. Preocupación en Ankara con la semi-independencia del Kurdistán iraquí que puede inspirar y dar aliento a los 16 millones de hermanos de la región kurda de Turquía. Chiíes divididos entre unos ayatolaes y otros. Teherán apoyando al sector más radical de estos. Suníes predicando el odio al extranjero occidental, especialmente estadounidense, y dispuesto a derribar el conservadurismo elitista de Arabia Saudí y los países del Golfo. A todo esto, nadie sabe el verdadero número de muertos dentro de la población iraquí. Bush adelantó tímidamente 30.000. Diez por cada muerto en las Torres Gemelas de Nueva York. Eso en un país como Irak que no tenía nada que ver con el atentado del 11-S de 2001. Pero son muchas más las bajas de la población inocente. La misma que dispone de 4 horas diarias de electricidad cuando en tiempos de Sadam Huseín no había restricciones eléctricas o de carburante y donde se practicaba la mejor medicina del mundo árabe. Ahora se opera sin anestesia.
Y mientras, en Estados Unidos se practican escuchas sin permiso judicial a los ciudadanos susceptibles de tener algo que ver con Al Qaeda, se tortura autorizadamente supuestos enemigos “para evitar muertes de americanos”, por la misma razón, asesinato de electricista brasileño antes de preguntarle su nombre, etc… . Donde está en peligro la democracia no es en Irak u Oriente Medio. Es en los mismos países occidentales. El senador republicano John McCaine, ex prisionero del vietcong que lo torturó durante la guerra de Vietnam, ha sublevado al Congreso exigiendo la inmediata erradicación legal de la tortura.
Se dice que el segundo mandato de los presidentes estadounidenses sirve para retocar su biografía en los libros de Historia. En el caso de George W. Bush parece que contra más quiere arreglarla, más la ensombrece.



