10 Enero 2006

Algunas despedidas chirrían

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 14:27

A punto de jubilarse dentro de dos meses, el Teniente General José Mena Aguado ha provocado una despedida sonada pero perjudicial para él y sus compañeros de armas. No es el primero que lanza una arenga alertando al paisanaje de los peligros que amenazan la Patria.

El Partido Popular se agarra a cualquier suceso, grande o pequeño, para hostigar al gobierno de Rodríguez Zapatero. Eduardo Zaplana y, en este caso, Gabriel Elorriaga, han metido la pata al querer justificar la declaración de José Mena por la situación creada con motivo de la discusión de la reforma del Estatut. La crispación la crean los dirigentes del PP para, a continuación, acusar al gobierno socialista de romper la unidad de España. No me creo que un Teniente General, hablando en Sevilla el día de la Pascua Militar, en representación del rey, se pronuncie de una manera tan torpe a la hora de decir, taimadamente, que España está a punto de romperse y el artículo VIII de la Constitución encarga a los tres ejércitos impedir toda secesión. “Quiero expresar las inquietudes y preocupaciones de cuantos formamos parte de las Fuerzas Armadas en los momentos que estamos viviendo”. Como la tesis de la desintegración de España es la que sostiene en solitario el Partido Popular, que hasta hace unas semanas se ha negado a participar en la sana discusión parlamentaria del tema, el segundo mando militar ejecutivo de España, ha llevado a cabo un acto partidista a favor de la oposición de Rajoy. En ningún caso mencionó en la arenga que los militares estarían a disposición de lo que dijese el poder civil sobre el asunto. Es el gobierno de España quien ordenaría –en el caso hipotético de un conato de secesión—lo que las Fuerzas Armadas tendrían que hacer, no los militares.

La prensa adicta a Génova intenta quitar leña al asunto alegando que los militares pueden opinar como “un dentista” se ha dicho en la tertulia de María Teresa Campos (A3). Puede hacerlo pero no expresarlo públicamente en un acto solemne, institucional, revestido de uniforme y medallero y ostentando la representación del Rey. Algunos se han apresurado a decir que don Juan Carlos estaba diciendo lo mismo. En primer lugar al rey le corresponde constitucionalmente la jefatura suprema de los ejércitos además de la representación de la unidad de España y a ella se ha referido sin decir si está o no está Cataluña en peligro de secesión. El rey no ha adoptado ninguna posición partidista. El Teniente General ha amenazado y coaccionado al gobierno y a las Cortes Generales en su discurso.

Justificar las palabras del Teniente General don José Mena, como ha hecho primero Gabriel Elorriaga (igual que todo aquel que se ve perdido por su locuacidad, afirmando que lo que dijo se tomó “fuera de contexto”) y después, moderando el tono, Eduardo Zaplana, eso si que merece una comparecencia en el Congreso de Diputados para que expliquen si justifican que algunos militares se consideren candidatos a “Salvapatrias”. Condenar lo dicho por Mena, al mismo tiempo que lo comprenden por la situación creada por el gobierno de Rodríguez Zapatero, es una manera de desmarcarse de la metedura de pata de Elorriaga y, al mismo tiempo, insistir en que España se rompe.

Por último, que dejen, unos y otros de mencionar si tienen 10 u 11 millones de votos detrás de ellos. Hasta las próximas elecciones ninguno de los dos partidos mayoritarios sabe cuantos están con el PP y cuantos con el PSOE. Barajar cifras del 14 de Marzo de 2004 es una falacia.

Mariano Rajoy quiere urgentemente un encuentro con José Luis Rodríguez Zapatero para pactar los cambios que se pueden introducir en el estatuto resultante que salga del Congreso de los Diputados. Como si fuesen los Demócratas y Republicanos o los Tories y laboristas de los dos grandes países anglosajones. Sus partidarios colocan a Rajoy en el bondadoso papel de conciliador que desearía un gobierno “de salvación nacional”. El PSOE y el resto de los partidos del arco parlamentario, no están por la labor después de que el PP reclamase enfáticamente que se devolviese el documento catalán sin admitirlo a trámite. Como reclamaron sin éxito que se hiciese con el Plan Ibarretxe antes de que se discutiese en el Congreso. Ahora Rajoy quiere reengancharse al tren que estaba perdiendo. No quiere participar en el debate al mismo nivel que los demás partidos pequeños de la oposición. Pero se olvida que el PSOE se apoya en todos esos pequeños que no verían con buen ojo un entendimiento extra-parlamentario entre Zapatero y Rajoy, los dos grandullones de la clase.Si alguien puede controlar a los Carod Rovira y al nacionalismo catalán, esos son el vituperado “Bambi” y su “talante”.

Los que vociferan por la supuesta destrucción de España arrastran muchas gentes sencillas a las que se les encoge el corazón oyendo a los José Mena de turno poniendo su espada al servicio de la Patria, Una e Indivisible. Pero como dentro de unos meses haya un estatuto que satisfaga a todo el mundo, incluido el “Parlament” de Cataluña, algunos no van a saber por qué España sigue donde siempre ha estado desde hace 5 siglos y el partido que les dijo que estábamos al borde de la guerra civil, tendrá que explicar por qué sus previsiones no se cumplieron.

Ahora quieren desquitarse de que no apareciesen armas de destrucción masiva como José María Aznar dijo que había. “Podéis creerme” decía mirándonos directamente desde la cámara de Telecinco. Ahora hablan de la fragata “Álvaro de Bazán” que según ellos está en la guerra de Irak cuando por acuerdo con la US Navy, se están comprobando los poderosos sistemas AEGIS de defensa de este tipo de buques de la serie F 100. Estas comprobaciones no pueden hacerse solamente en laboratorio sino en un ambiente real que es lo que está haciendo. De todos modos, quienes aseguraban que habíamos destruido los lazos transatlanticos con Estados Unidos han comprobado que después de que el rey y a la reina fueran invitados al rancho de Bush y del excesivo encuentro de José Bono con Donald Rumsfeld, se añade ahora escoltar al portaviones “Theodore Roosevelt”. La ruptura prevista por el PP no se ha producido. Una vez más, profecía incumplida. Creo que aciertan más Rappel y Aramis Fuster que los estrategas de la calle Génova.

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