Cuarenta años más tarde
Las luchas por los Derechos Civiles de los afroamericanos fueron épicas. Costó sangre, sudor y lágrimas y unos líderes que se inmolaron por la causa. La condición de los negros en el sur de los Estados Unidos ha cambiado drásticamente y así es como, algunos, ocuparon puestos relevantes en la política local. Un negro llegó hasta alcalde de Atlanta cuando una década antes, en la misma ciudad, James Venable era todavía Gran Visir del Ku-Klux-Klan.
Ha sido una larga lucha que todavía no se ha terminado de ganar, aunque Condoleezza Rice sea la actual Secretaria de Estado de George W.Bush. También tiene un hispano, Alberto R. Gonzales como Attorney General o Fiscal General. Pero el hecho de que cada vez destaquen más negros y latinos en los cuadros superiores de la administración de los EE.UU. no significa que hayan llegado a homologarse con quienes tienen procedencia europea y, preferentemente anglosajona, germana, eslava o escandinava.
Los once millones de hispanos en situación irregular en el país, y los que siguen llegando, encuentran dificultades para quedarse en Estados Unidos. Cruzar el Río Grande los convierte en “espaldas mojadas” pero no les abren las puertas de un territorio que, en muchas ocasiones, fue suyo. No son solo gentes que buscan trabajo y un mejor futuro para sus hijos sino que, con frecuencia, estamos hablando de mejicanos descendientes de los que perdieron California, Arizona, Nuevo México, Nevada o Texas, entre otros. Mientras las inmigraciones europeas llegaron en grupos heterogéneos, la procedente de América Latina es más compacta, más aferrada a sus tradiciones, con una idiosincrasia netamente diferente a la de los “anglos”. Como todos los inmigrantes que han sido –y lo estamos viendo en España de muy cerca—aceptan todo tipo de trabajos, algunos de los cuales, no se dignarían aceptar en su país de orígen. Para emigrar hay que dejarse de remilgos y trabajar en lo que sea de sol a sol.
La huelga que se proponen los Latinos el día 1 de Mayo va a demostrar de forma fehaciente lo que la expulsión de estos trabajadores “irregulares” representa en la economía de EE.UU.. Conductores de autobús, taxi o tractores, camareros, cocineros, vendedores ambulantes, sirvientes, mujeres de la limpieza, encargadas de guarderías, dependientas de tiendas, recolectores de fruta, recaderos, todo un mundo cuya principal utilidad es permitir que otras clases sociales estadounidenses puedan trabajar en vez de quedar prisioneros de niños o ancianos, dejar que su jardín se vea invadido por malas hierbas o el precio de los alimentos suba por falta de quien los recoja en el campo o los venda en la ciudad. Muchos se quejan de que la inmigración quita puestos de trabajo o mantiene bajos los salarios pero, en realidad todo el mundo se beneficia de ello. Lo mismo que en la sabana africana los carroñeros limpian el terreno de despojos condenados a la putrefacción, los inmigrantes son los que vienen a adecentar la vida y el paisaje de los países receptores de mano de obra. Ya sé que la comparación puede resultar cruel e insultante pero se aproxima bastante a la realidad.
Los choques empiezan a producirse cuando una parte de la población autóctona se queja de que los inmigrantes no quieren renunciar a su lengua o religión, de que pretenden que se estudie en el colegio su cultura e Historia, en una palabra,rechacen la asimilación. Ahora que un grupo ha querido traducir el himno estadounidense de Barras y Estrellas, hasta el mismo presidente Bush se ha opuesto a que haya una versión española de su himno. Pero esto sería anecdótico si, al mismo tiempo, la Administración republicana no estuviese estudiando la posibilidad de dar permisos temporales de trabajo. Eso significaría “fichar” a los inmigrantes ilegales y cerrarles las puertas de su futura posible nacionalización. Pero, al mismo tiempo, las puertas están abiertas para que los latinos se alisten en el Ejército y vayan a morir, cubiertos sus ataúdes con la bandera de las barras y estrellas, en Afganistán o Irak. En nuestras propias Fuerzas Armadas, vemos que el 50 por ciento de los alistados de 2005 son extranjeros deseosos de encontrar un trabajo bien pagado, si lo comparan con las retribuciones en sus respectivos países y, verdaderos trampolines para nacionalizarse españoles a la vuelta de unos años.
Que el mestizaje mejora la población autóctona, no cabe la menor duda. Es probable que ningún país demuestre mejor esta teoría como lo hace Brasil. Lo mismo puede decirse de Venezuela y otros países que, en su día recibieron inmigrantes de origen europeo. Mezclados con indios o negros, han creado una nueva raza admirable por belleza y vitalidad. El sistema nazi de reducir lo alemán a su parte aria es no solo aberrante sino que crea una sociedad de una homogeneidad endogámica.
España, condenada hace unos años a ir perdiendo población, se va a recuperar no solo por los “nuevos españoles” que surgirán de la fuerte inmigración actual, la más alta de Europa, sino que van a facilitar que las españolas puedan procrear con más desahogo al obtener ayuda de servicios sociales, antes inexistentes o demasiado caros para la media de las parejas de nuestro país. Solamente los servicios de asistencia a mayores ya representan un alivio que las nuevas leyes de dependencia, a punto de aprobarse, van a corroborar. Hay lugares de ocio que estaban a punto de cerrarse por falta de camareros en un país tan turístico como España, entre los dos más importantes del mundo en este sector. Se ha diversificado nuestra oferta gastronómica, se han abierto tiendas de productos exóticos, el folklore de otros pueblos ha venido a poner color en nuestras calles. Es verdad que también ha aumentado cierto tipo de delincuencia pero como se ha visto en el caso de Marbella, los delincuentes nacionales no son mancos.
España tiene montones de pueblos desertizados por la marcha de los jóvenes. Revitalizarlos gracias a la inmigración sería una buena manera de que sigan vivos y de que los ancianos que allí residen y no quieren ni pueden marcharse, dispongan de ayuda y asistencia que mejore su vejez. Teniendo una extensión casi igual a la de Francia, ellos tienen 58,5 millones de habitantes, es decir, unos 15 millones más que nosotros. Ya sé que la orografía española no es la francesa en cuanto a llanuras pero hay espacio suficiente para que este país tenga más peso,demográficamente hablando, a nivel europeo e internacional. En la actualidad, los hispanos de Estados Unidos ya nos igualan en número de habitantes y, como dijo Bill Clinton: “Yo seré el último presidente de los Estados Unidos que no hable español”.




