Nuevos y viejos tiempos
La aceleración del tiempo no es ningún invento como pueda serlo la “nueva cocina”. Es algo real y a lo que contribuyen las nuevas tecnologías multiplicadoras de posibilidades todavía más nuevas. Si el relativismo le duele tanto al Vaticano es porque muchos de sus cimientos se tambalean. Y no debiera ser así si esa Iglesia monolítica tuviese la flexibilidad de las construcciones anti-terremotos que se construyen en Japón. En cierta ocasión, preguntaron a Albert Einstein que explicase la teoría de la relatividad en lo referente a la contracción del tiempo. “Siéntese sobre una estufa durante un minuto y este le parecerá un siglo. Tenga una hermosa joven sobre sus rodillas y una hora le parecerá un minuto”.
¡Si non e vero e ben trovato!
La aceleración de la Historia puede hacer que muchos pierdan la orientación al no ser capaces de digerir los cambios. Por ejemplo, en el PSOE, un Ibarra, un Bono, un Guerra o un Felipe González, recuerdan el plioceno inferior. Del lado del PP, otro tanto. ¿Hay algo más rancio que José María Aznar, Eduardo Zaplana, Ángel Aceves, Esperanza Aguirre o María San Gil? Ambos partidos tienen gente joven con ideas frescas desde la óptica del momento actual. Mariano Rajoy es uno de ellos si se quita el peso de Aznar de encima como logró en su día hacerlo Rodríguez Zapatero con Felipe González. Unos cuantos pensadores de derechas, a nivel internacional, los neocons, han querido codificar el gran descubrimiento del “darwinismo económico” a la vez que niegan a Charles Darwin dándole un palo con el “Creacionismo” disfrazado de “Designio Supremo”. El éxito de una economía ultra-liberal consiste en ofrecer cada año mejores resultados en las cuentas que se presentan a los accionistas. Estos resultados pueden lograrse mediante una variedad de fórmulas. Se incrementan las ventas mientras se mantienen congelados los costos. Se adquiere un competidor en dificultades y, con “know-how” y sinergias, se resucita la empresa comprada y se echa a la calle el personal que los anglosajones denominan “redundant”. No se adquiere nada pero se deshace uno de parte del personal con lo que la diferencia entre gastos e ingresos da un beneficio mayor. Muchos gestores perciben importantes remuneraciones en función de los resultados. Amputar el número de trabajadores permite mejorar el salario de los gestores y satisfacer a los accionistas. ¿Alguien se ha preguntado cómo Juan Villalonga, ex compañero de Aznar en el Colegio del Pilar, puede ofrecer comprar un equipo de fútbol británico después de haber pasado por la presidencia de la entonces nacionalizada Telefónica de España?
Es evidente que nuevas tecnologías, la introducción de la informática, por ejemplo, obligan a deshacerse de muchos empleados pero el objetivo no es tanto retribuir a directivos y accionistas como hacer la empresa más competitiva. El asalto a las empresas públicas ha sido vergonzoso en este país. Durante años se ha producido un gran despilfarro gracias a un desmedido nepotismo pero, además, ha servido de escuela para muchos de los técnicos que trabajan en las empresas privadas como televisiones y radios. La creación de productoras independientes, por las que se pagan ideas de programas adquiridos en el extranjero, permite hacer por más dinero un producto que debe enriquecer a quienes deciden la programación. Lo más curioso es que muchas necesidades técnicas de esas productoras se cubren con personal de TVE. Cuando es así, se abaratan los costos del producto pero no por eso se disminuye el precio que paga TVE. En cierta ocasión, en un programa de televisión que dirigía yo, se me ofreció una lista de realizadores que estaban en nómina dentro de la casa. Me llevé una sorpresa mayúscula viendo el nombre de Pilar Primo de Rivera entre ellos. Y la señora cobraba regularmente. Por supuesto que decliné elegirla porque no me imaginaba que pudiese saber algo de esa profesión.
Las dimensiones de RTVE no son excesivas, comparadas con otras televisiones públicas europeas, pero si lo parece por la cantidad de personal que figura en nomina que está más que capacitado para hacer la mayoría de los programas que se adquieren fuera de la casa. Muchos de esos sueldos no pasan de 1.200 euros pero hay una cúpula que percibe millones, pasa por allí una temporada y se marcha a la empresa privada. Hablar de RTVE es hablar de muchas empresas españolas que empezaron siendo estatales y pasaron a privatizarse cuando ya habían sido debidamente castradas. Los amiguetes vinieron para saquear lo que quedaba o para aprovecharse de contratos blindados millonarios cuando pasaban a ser privadas.
La patrimonialización de todo lo estatal ha sido escandalosa en este país desde hace mucho tiempo. La formación de un piloto en la Academia de San Javier (Murcia) es muy costoso sobre todo si a los pocos años de servir en el Ejército del Aire, se pasaba a Iberia o AVIACO con nuevo uniforme y mejor paga. Todos los españoles habían costeado la carrera de los Comandantes de estas compañías. Afortunadamente se pusieron límites y hoy tienen que cumplir unos años en la Fuerza Aérea Española antes de solicitar su baja en la aviación militar. Pero no me estoy refiriendo solo a España para hablar de la picaresca y el enriquecimiento escandaloso. El Canciller Schröder ha abandonado el gobierno alemán para encontrarse a la cabeza de una compañía de origen ruso que vende su gas a toda la Europa Central. No ha esperado para irse a un sector que favoreció siendo canciller, ni el tiempo que guardó luto la “Viuda Alegre”.
Hablar de similares escándalos en EE.UU. requeriría escribir toda una serie de libros sobre el tema. Bastante me critican algunos diciendo que soy anti-americano sin más prueba que el “porque sí”. Ayer estuve viendo la película “Buenas Noches y Buena Suerte”, dirigida y producida por George Clooney. Es la historia del periodista de la CBS Edward H. Murrow que se enfrentó con el senador McCarthy cuando este empezó su “caza de brujas” intentando arruinar la vida de muchas celebridades de la vida estadounidense bajo la acusación de tener actividades pro-comunistas. Hubo suicidios y Charlie Chaplin, entre otros actores, tuvieron que emigrar de los EE.UU. Pero ganó Murrow a todo un Senador. Recomiendo vivamente la película si todavía la encuentran en su cine más cercano. Representa la América valiente y comprometida que admiro, la que denunció la discriminación racial, la religiosa, los sindicatos de los muelles o el gangsterismo y las mafias. Retratos como “Dallas” o “Dinasty” son obras maestras de un pueblo admirable pero que poco tiene que ver con algunos miembros de las clases privilegiadas o las películas de auténtica propaganda que todavía nos venden. Cuesta pensar que los honorables caballeros Cadetes de West-Point acaben rematando un herido o torturen a prisioneros en Abu Ghraib o Guantánamo. Pero mucha gente sigue creyendo en el general Custer y “su limpia hoja de servicios”.




