25 Abril 2006

Piedras en el camino

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 16:19

Desde luego, en este país somos masoquistas congénitos. Nos gusta más la pintura negra de Solana que la luminosa de Sorolla. Vivimos en la zozobra y el “por algo será”, “algo habrá hecho”, “sabe Dios quien estará detrás”. Pedir que un movimiento revolucionario se presente en calzoncillos, con los brazos en alto y el DNI (vasco, por supuesto) entre los dientes, es la imagen de algunos sobre cómo debe terminar un grupo terrorista o revolucionario armado, después de 40 años de lucha. No sé dónde vieron esa película pero yo no la conozco.

No es concebible que todo el PP, el UPN y sus simpatizantes, no se hayan molestado en estudiar aunque sea por encima, el desarme de otros movimientos parecidos a ETA o iguales, como los Tigres Tamiles de Sri Lanka. En todos los casos se han producido “borrones”, atentados y extorsiones. Hay los que no tienen interés en que el gobierno capitalice una victoria que le aseguraría las siguientes elecciones, no solo las de 2008. Están los etarras que no aceptan la decisión de su cúpula de poner fin a la lucha armada para buscar por medios políticos lo que no han conseguido con sus atentados. Pasarse la vida en la clandestinidad, recibiendo dinero por matar y hacer daño, sacrificando vidas familiares, las suyas y las de sus víctimas, no son algo que pueda cambiarse de la noche a la mañana. No tienen otra profesión.

El Ulster lleva años en guerra civil y hasta el 2 de diciembre de 1999, el IRA no nombró un representante en la Comisión Internacional de Desarme. Y hace poco ha habido un ajuste de cuentas con un militante que resultó ser informador de los Servicios Secretos británicos. Aquí nos quedan por ver episodios parecidos antes de la desaparición completa de ETA. Rodríguez Zapatero, desde un principio ha dicho que esto será largo y que es probable que pueda tocar al principal partido de la Oposición, concluir lo que se está empezando ahora. El terrible atentado del 11-M con 191 civiles muertos y un oficial de los GEO, ha sido un punto determinante a la hora de tomar la decisión de ordenar el alto el fuego. El pueblo vasco ha visto horrorizado las escenas de Atocha y se le revolvieron las tripas, como al resto del mundo civilizado.

Cualquiera que haya vivido discusiones en una Comunidad de Vecinos, sabe que es difícil que haya unanimidad en cualquier punto del orden del día, sensible al ego o al bolsillo de los presentes. “Si la extorsión cesa ¿de qué vamos a vivir?” se preguntan algunos. Y eso es un problema tanto para los que quieren llevar adelante la negociación por el lado de ETA como para el gobierno que quiere acabar con un problema que arrastramos desde la transición. Aunque no haya concesiones políticas, como se ha repetido hasta la saciedad, es evidente que se negociarán puntos como el acercamiento de los presos, la reinserción de los que no tengan delitos de sangre, la vuelta a la política de presos que no hayan matado, los antecedentes penales, la relegalización de Batasuna, etc …

Una de las consecuencias de esta situación es que el PNV se va a encontrar con una izquierda abertzale en Euskadi disputándole un espacio parecido. Arnaldo Otegui e Ibarretxe van a poder enfrentarse si Batasuna consigue que se anulen las leyes que le cierran el acceso al parlamento. La bandera del independentismo, en ese momento, le va a quemar las manos al PNV.

Las cartas pidiendo el impuesto revolucionario, cambiaron de tono después del anuncio de la tregua. Se hicieron más amables, menos amenazantes. Eran casi peticiones modelo ONG, pero seguían siendo extorsiones. Incluso se detuvo a un joven, Ibon Meñika, con Bonos de 60 euros, como si se tratase de un una contribución respaldada por un futuro “Tesoro Público” de una Euskalerría Independiente. De repente, el atentado a una ferretería de un concejal de UPN de Barañain (Navarra) agitó las aguas calmas de la esperanza. Pérez Rubalcaba declaró que aquel incendio era “incompatible con el alto el fuego de ETA”. Pero que había medios de comprobar si la dirección de ETA había autorizado aquel acto. La sospecha fue hacia la kale borroka lo que no disminuía la gravedad de dejar a 56 familias sin sus viviendas y algunas hospitalizadas.

Tras este atentado del sábado, un día después, un segundo atentado con cócteles molotov lanzados contra una oficina de Mapfre en la plaza de Tellagorri, en Getxo. En esta ocasión, el fuego no dañó el local. Joseba Permach, junto a Pernando Barrena, apareció en una conferencia de prensa para expresar su solidaridad con las familias afectadas en Barañain, tal y como lo había hecho ya la agrupación abertzale local de Irrintzia. Permach declaró que la situación era “muy grave” y apeló a la responsabilidad de todos los partidos como ha hecho la propia Batasuna. Se sabe que ETA ha declarado, antes de estos acontecimientos, que no autorizaría ningún acto de kale borroka ni de extorsión después de la declaración de Alto el Fuego. Octavillas aparecidas en el lugar del atentado contra la oficina de Mapfre, pedían la liberación de Ibon Meñika, el vendedor de bonos.

La petición del Presidente de Navarra, Miguel Sanz, de que Rodríguez Zapatero interrumpa “de manera efectiva” el proceso de paz, viene a demostrar que el gobierno socialista puede tener tantas provocaciones por el lado de los demócratas como por el frente abertzale incontrolado. Hace unos días, Sanz, de UPN, recogía rumores intencionados que decían que ZP estaba dispuesto a entregar Navarra en la “negociación” con ETA. Por más que el presidente del gobierno haya dicho que no hará concesiones políticas, y con la garantía de que el Parlamento español será informado de los pasos que se vayan a dar cuando llegue el momento, hay quien, todavía, pone piedras en el camino para que descarrile el tan esperado fin de la violencia en Euskadi. Eso por ambos lados y, siempre, por franco-tiradores, no por los principales actores.

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