La Iglesia de Juan Palomo
Después de Jorge Dezcallar, le toca el turno a Francisco Vázquez de recibir una reprimenda del Papa de turno. En un país donde el peso de la religión, afortunadamente, se está circunscribiendo al ámbito de la conciencia de cada uno, el Vaticano y la Jerarquía católica española no cesan en su empeño de marcarnos como reses primero y después de dirigirnos en todos los aspectos de la vida social de los españoles.
Cuando uno de sus hijos preclaros, nada menos que un “fundador”, descarrila, el Vaticano le reprimenda y le recomienda una cómoda jubilación fuera de los focos de la actualidad y de la acción de la Justicia Terrenal. Acaba de suceder con el mejicano Marcial Maciel, acusado de pederastia por ocho ex seminaristas. Se dice que el Estado de Derecho está por encima de todos los ciudadanos, pero no es cierto. Hay una justicia paralela dentro de la Iglesia Católica Romana que permite regañinas “para sus siervos”, donde, para los que no llevan sotana, habría tribunales y cárceles. El Fundador de los Legionarios de Cristo, fue denunciado en 1997 por seminaristas que sufrieron abusos sexuales en los años 40 y 50 en España, México, Estados Unidos e Irlanda. Pero el Vaticano hizo oídos sordos ante los desmanes sexuales de sus obispos estadounidenses y del fundador de los Legionarios de Cristo. No se puede interrumpir el ascenso hacia la santidad de un constructor de órdenes.
Juan Pablo II quiso que su papado fuese pródigo en beatificaciones y abierto al regreso de un integrismo cristiano cuyo efecto nadie puede ignorar. Hasta las iglesias protestantes de Estados Unidos han conseguido restringir la libertad sexual para la mayoría de sus conciudadanos. Nadie habla de la pederastia de sacerdotes y pastores pero sí de la censura impuesta a raíz de la exhibición del pecho de la cantante Janet Jackson en un evento deportivo de gran difusión como es el Orange-Bowl. A los religiosos pedófilos se les aparta discretamente de su parroquia mandándolos a otras pero jamás dejando que se les lleve ante la justicia ordinaria. De los conventos de monjas no hay noticias similares. Parecen más discretas las mujeres que los hombres.
En España, los Legionarios de Cristo, no solo han entrado en tromba sino que, junto al Opus Dei, se han disputado una clientela similar de gentes con posibilidades económicas e influencia política y social en el país. Particularmente afectados los dirigentes del PP en las comunidades autónomas que gobiernan. Todo el mundo sabe de las suculentas subvenciones a colegios concertados y del apoyo prestado a centros de enseñanza donde se permite discriminar por sexo y donde se enseña la religión en sus formas más tradicionales y pre-conciliares. El francés Monseñor Marcel Lefévre era un aperturista comparado con la Iglesia que se está instalando en España, México o Estados Unidos.
Si la gastronomía se orienta el minimalísmo, la religión se ha apuntado al puritanismo más rancio de la Historia. Todo eso frente a un integrismo musulmán que no cesamos de fustigar por su control exacerbado de las costumbres. Los colegios que segregan niños de niñas, son concertados, según CC.OO. , en un 80 por ciento de los casos. Una sociedad moderna, que circunscribe las creencias religiosas al ámbito de cada individuo, prepara a hombres y mujeres para un futuro en el que estarán forzosamente en contacto pero con una impronta de vasallaje en la parte femenina.
“Mi Reino no es de este Mundo” parece que dijo el fundador del cristianismo delimitando los diferentes Poderes pero el cristianismo –al igual que se lo reprochamos al Islam— pretende también mangonear lo que es del César. Mientras, los jóvenes españoles entre 15 y 24 años que se declaran católicos, bajan del 77% al 49% en una década. Esta misma encuesta, realizada con 4.000 jóvenes por la Fundación Santa María, bajo la dirección del catedrático de la Autónoma de Madrid, Pedro González, revela que la Iglesia inspira menos confianza que las multinacionales o la OTAN. Sin embargo el 43% admite que su deseo es casarse por la Iglesia en lo que puede intervenir un respeto a las creencias de los familiares de más edad o una exhibición de “status” social. Lo mismo sucede con las Primeras Comuniones. El negocio que gira alrededor de estos acontecimientos se incrementa con el afán competidor frente a las amistades o los colegas del trabajo. No hay ningún inconveniente en que así sea porque la sociedad tiene sus ritos y costumbres que no necesariamente han de ser racionales. Por eso mismo, la Iglesia debe respetar que la enseñanza en un país forme parte de las responsabilidades de las autoridades terrenales y que cualquier interferencia se puede volver contra el infractor.
En el mismo estudio antes citado, los estudiantes preguntados si las clases de religión les han servido de algo, han respondido, en un 49%, que “prácticamente nada” mientras el 27% declara que “de algo” y el 9% “de mucho”. A todo eso hay que añadir la empalagosa canción de Laura recomendando la virginidad hasta el matrimonio como forma de respeto a la mujer.
Y el SIDA en aumento en un continente africano donde se pide la abstinencia como profilaxis. Menos mal que los misioneros (una respetada raza aparte dentro de la Iglesia) desoyen las recomendaciones papales y distribuyen condones a todo el mundo.




