14 Junio 2006

Los cambios de imagen

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 16:35

Según sople el viento, la imagen de los países, de su Historia, de sus gentes, ha ido cambiando. En una introspección elemental, podemos ver como los españoles hemos pasado por muchas etapas que nos eran más que negativas.

Una alimentación a base de garbanzo y patatas, poco ejercicio, piel curtida por un sol a veces implacable, un desprecio casi general a la cultura y un excesivo cariño al casticismo, han pasado a incrementar nuestra estatura, producir mujeres de pasarela, deportistas de elite, cocina con estrellas Michelín, hambre popular de cultura y educación. Recuerdo siendo joven que las casas de obreros no solían tener libros o vinilos de música culta. Se hacía un cine candorosamente chabacano y un teatro costumbrista. En medio de la mediocridad, los fulgurantes destellos de unos nombres que brillarían a nivel internacional.

De repente aparecieron las colas nocturnas de padres obreros decididos a obtener una plaza escolar para sus hijos, los fascículos coleccionables se convertían en libros de consulta adquiridos en cómodos plazos, el prêt-à-porter borraba el negro de los lutos eternos de nuestra geografía puebleril. Nos llama la atención el pañuelo en la cabeza de las inmigrantes musulmanas y olvidamos los que cubrían a nuestras mujeres de clase humilde. Ir a clase haciendo equilibrios en los topes de los tranvías, se cambió por las mobilettes primero, los scooters más tarde y, finalmente el automóvil.

Con los cambios habidos en el transcurso de una generación, España ha sabido ponerse a la cabeza de muchos países que habían tardado un siglo en llevar a cabo sus transformaciones actuales. Amigos franceses que conocieron la España de los años 50, cuando yo alcancé la mayoría de edad de entonces (21 los hombres, 23 las mujeres) se quedan asombrados recorriendo los lugares que ellos conocieron hace poco más de medio siglo. Encuentran un dinamismo del que Francia carece en este momento. Descubren ganas de vivir, ausencia de apatía, imaginación, arte, excelencia en el deporte, en nuestros festivales. España se pasea por el mundo sin complejos, con un cine que embelesa a los extranjeros, con un empresariado capaz de dominar en Iberoamérica, de crecer en los cinco continentes. Que Ferrovial sea la mayor gestora de aeropuertos del mundo es algo que suena a ciencia-ficción, que la banca española devore pequeños bancos hasta en el mismo Tejas, que el TALGO cruce veloz el Estado de Oregón, o decenas de científicos españoles destaquen en los centros de investigación estadounidenses mientras el castellano avanza imparable como segunda lengua internacional, que estemos entre los tres países con mayor atracción turística del mundo, todo ello debería hacernos reflexionar sobre lo quejicosos que podemos ser.

Donde antes el fútbol era el único tema de discrepancia entre españoles, ahora se ha insinuado la crispación política. Yo lo siento mucho pero si los madrileños ganan a los catalanes en un partido de fútbol o al revés, comprendo la alegría de unos y la búsqueda de excusas de otros pero si juega la selección española contra Ucrania o cualquier otro país, Iker o Pujol o cualquiera del equipo que dirige Luis Aragonés, son aupados por todo el país. Los dos programas más vistos en toda la televisión española el domingo 11 de junio han sido protagonizados por un deportista de Balear y otro de Asturias. Pero la audiencia era española a lo alto y ancho de este país que “se rompe”. Si la economía sumergida hubiese salido a la luz del día, hace tiempo que España estaría en el G-8 pero si en 2005 hemos construido en nuestro país la mitad de casas que en toda la UE y la mayoría de los billetes de 500 euros están en España, podemos comprender por qué somos más ricos de lo que muchos se creen. Y eso que todavía recibiremos 31.000 millones de euros de aquí al 2013, segundos en cantidad después de Polonia.

Si miramos Francia, veremos que tiene mejores servicios sociales que nosotros aunque tenemos la segunda longevidad del mundo y somos primeros, también a nivel mundial, en trasplantes de órganos. La globalización asusta más a los franceses que a nosotros y la pérdida de privilegios en el funcionariado francés se resiente como la muerte de un sistema que parecía la panacea universal. Parece que una mujer, Ségolène Royal, socialista, rechaza algunos de los nefastos experimentos de sus correligionarios y viene con idea tan frescas como la Tercera Vía de Tony Blair aunque este, al dejarse embaucar por George W. Bush, dilapidó todo el caudal de credibilidad y esperanza que traía al Reino Unido.

Portugal, nuestro entrañable vecino, no consigue deshacerse –ni con derechas ni con izquierdas—de un atraso parecido al que teníamos cuando ambos nos deshicimos de nuestras dictaduras. El fado (el hado) es un símbolo depresivo que pesa mucho sobre los portugueses. Ellos han vivido en la segunda mitad del siglo XX el desmoronamiento de su imperio colonial como nosotros nos venimos abajo con nuestro 98.

De los Estados Unidos, se ha escrito mucho –incluso en este blog—unos para ensalzar unas virtudes que afortunadamente constituyen las raíces de su democracia y otro para criticar el cesarismo de algunos de sus dirigentes, no precisamente los más representativos de su pueblo. La guerra de Vietnam constituyó un cambio de rumbo. El americano medio vio como su poderoso país podía ser derrotado por unos asiáticos pequeños y mal nutridos. Los 55.000 muertos y los 100.000 heridos fueron un alto precio pagado para que Vietnam acabase siendo lo que ellos mismos querían ser. Desde entonces, la irreflexiva reacción del gobierno americano ante el atentado islamista de las Torres Gemelas de Nueva York se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza para un líder cuyo único mérito es ser hijo del anterior. En Somalia, la muerte y arrastre del cadáver de un soldado americano hizo que Estados Unidos abandonase precipitadamente el país donde habían desembarcado con la parafernalia propia del cine bélico de Hollywood. Hoy, en el cuerno de África, aparece un nuevo Estado que impone la sharia y se convertirá en una nueva base terrorista de Al Qaeda. El dólar está siendo vapuleado por países que tienen el grifo del petróleo y que piensan que el euro es una moneda menos caprichosa que el billete verde, tradicional refugio de los países pequeños y de los peces gordos.

Y nosotros… ¿seguimos quejándonos de todo? Algo de vicio, digo yo.

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