5 Agosto 2006

Sucesión o transición

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 16:56

Bush ya está dando instrucciones sobre lo que se debe o no debe hacer en Cuba en estos momentos en que el Máximo Líder, Fidel Castro se encuentra postrado en cama, probablemente, con un cáncer de colon. Raúl Castro y un grupo de dirigentes del régimen, se han hecho cargo del gobierno del país. Cinco hombres alrededor del que mantiene las riendas del Ejército, aunque obsoleto, uno de los más potentes de América Latina. Un Directorio en el que el peso de las armas, el partido comunista y la diplomacia parecen ser los que van a jugar el papel principal. Los jóvenes son Felipe Pérez Roque con 41 años y que fuera Ministro de Asuntos Exteriores y Carlos Lage Dávila de 55, Vice Presidente del Consejo de Estado. Pero un nombre que suena con fuerza es el de Ricardo Alarcón, Presidente del Parlamento de Cuba y persona que ha mantenido muchos contactos con los Estados Unidos donde tiene algunos interlocutores importantes.

George W.Bush, metido en el avispero de Oriente Medio hasta las orejas, ha preferido adoptar una actitud razonable ofreciendo ayuda al gobierno de transición que lleve la democracia a Cuba pero rechazando la sucesión. Dos peligros inmediatos se plantearían en caso de fallecimiento de Fidel Castro. Una nueva riada de balseros hacia Estados Unidos, como la que se produjo durante la crísis de 1994 en la que 30.000 cubanos alcanzaron en improvisadas balsas las costas de Florida, es temida por Washington tanto como el desembarco masivo en Cuba de algunos de los 800.000 cubanos que residen en ese Estado. Desde un punto de vista económico, el abandono de Florida por parte de los cubanos exiliados, la gusanera como la denominan los castristas, es tan perjudicial como la invasión de cubanos que aprovechen la crisis del cambio de manos del poder, después de la muerte de Fidel Castro, para marcharse de la isla.

“La Batalla de las Ideas”, en la que Fidel ha dado un giro hacia atrás para preparar su sucesión ideológica, ha atacado la poca libertad de comercio privado que se iniciara con los “paladares” hace 16 años. El petróleo venezolano, a precio de “hermano”, que Hugo Chávez está suministrando a Cuba, evidentemente ha reanimado los ardores revolucionarios del viejo guerrillero que se ha empeñado en imponer su dogmatismo a la generación que vivió el Período Especial. La lucha contra la corrupción rampante que impera a todos los niveles, se intenta combatir con la formación de Trabajadores Sociales donde, en el año 2000, se empezaron a escolarizar jóvenes desfavorecidos. Los 10.000 con los que cuenta el régimen sustituyeron, por ejemplo, a los empleados de las gasolineras que, en su mayoría, estaban traficando carburante en el mercado negro. Toda la isla ha sobrevivido merced a ese mercado negro, esa economía sumergida hecha de trueque por un lado y de tráfico de dólares por el otro. No solo está el dinero que llega de familiares residentes en Florida sino que el turismo, especialmente italiano y español, está dejando (aunque venga con paquetes cerrados), cantidades importantes de dinero en dólares y euros.

Los mafiosos que surgieron con la caída de la URSS, también pululaban en las cloacas del régimen soviético con idénticos parámetros. No es de extrañar que, durante o inmediatamente después de la transición, una vez muerto Fidel Castro, broten mafias parecidas a las que surgieron en Rusia y el Este de Europa y que todavía operan en todo el continente.

La insistencia de Fidel Castro en que se sepa que su único heredero es el Partido Comunista parece más retórica que práctica. No es posible personificar la filosofía del régimen en una persona como lo ha sido, gracias al carisma, de El Comandante. Disgrego para decir que en Sierra Maestra, el grado más alto que existía en el Ejército Rebelde era el de Comandante. Entonces Fidel pensaba abolir las Fuerzas Armadas y que todos los rebeldes regresasen a sus ocupaciones tras la caída de Batista. “Costa Rica no tiene Ejército”, me decía Fidel. “Comandantes” eran una docena de hombres, incluidos Ché Guevara y Raúl o Camilo Cienfuegos.

El primer Comandante fue Frank País, novio de Vilma (Deborah) Espín actual mujer de Raúl Castro. La formación intelectual de ella– es antigua alumna del Massachussets Institut of Technology (M.I.T.)– es muy superior a la de Raúl. Lo mismo sucede con su hija Mariela que es sexóloga y ha tomado la defensa de Gays, lesbianas, transexuales y travestís. Puede esperarse que Vilma, que preside la Federación de Mujeres Cubanas, ejerza una influencia beneficiosa sobre su marido.

El Senador por Florida, Mel Martínez, que llegó de Cuba a los 15 años, ha sido encargado por el Presidente Bush de liderar una Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre, Desde diciembre de 2003 hasta mayo de 2004, el senador ha tenido oportunidad de incluir en las 500 páginas, los errores que EE.UU. cometió en Irak y que se deben evitar en Cuba. Esto significa que desmantelar el ejército es llevar la isla al caos, máxime cuando éste se encuentra involucrado en numerosas empresas estatales rentables, como, por ejemplo, el turismo a través del Grupo Gaviota. Para quienes favorecen una transición sin demasiadas zozobras, Raúl podría estar en el núcleo que auspiciase una UCD cubana, en el sentido de que la española fue bisagra entre el franquismo reformista y las izquierdas y aquí, sería necesaria una fuerza política que sirva de bisagra entre el comunismo estalinista y la disidencia democrática de los Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez. Manuel Fraga podría dar alguna ayuda intelectual a esa operación.

Otra fuerza que ha de pesar en la transición es la de la Conferencia Episcopal que acaba de pedir oraciones para que se restablezca la salud de Fidel Castro. Nosotros tuvimos un Enrique Tarancón que jugó un papel semejante en la Iglesia española, al que tuvo Gutiérrez Mellado con el Ejército. Todo el mundo recuerda los lazos de simpatía que se establecieron entre Fidel y Juan Pablo II tras la visita de éste último. Estos factores, más la mala experiencia de Paul Bremer y el cambio brusco de poder en Irak, pueden permitir una transición a la española aunque algunos sostengan que no hay similitudes entre las dos dictaduras.

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