Negociaciones y negociaciones
El hecho de que una negociación de paz –digo bien, “negociación de paz”—requiera más de un intento suele ser lo habitual en cualquier conflicto y lugar. Los ejemplos son numerosos, baste considerar el caso del Ulster o el de Oriente Medio.
Con ETA, se hicieron varios intentos previos al que vivimos actualmente. En la organización etarra se pueden observar diversas etapas. La muy temprana se confundía con la lucha por acabar con la dictadura y no solo recibía el apoyo abertzale sino que, al igual que los comunistas, gozaban de cierta admiración entre la población anti-franquista, “porque iban en serio en su lucha”. Una vez muerto el dictador, hombres de dentro de España, de diversas tendencias, se pusieron de acuerdo en amnistiar conductas que tuvieron su razón de ser pero dejaban de tenerla con la llegada de la Constitución y sus Autonomías. De aquella hornada salieron hombres como Mario Onaindía, Juan María Bandrés, Kepa Aulestia. Los poli-milis abandonaban la lucha armada para utilizar las nuevas armas de la democracia.
El gobierno de Felipe González, viendo que los duros de ETA seguían poniendo en jaque la recién estrenada libertad política, utilizaron un “atajo” para acabar con este cáncer. En parte, una actitud laxa en la colaboración franco-española, dio patente de corso al GAL, es decir, llevar la guerra sucia fuera de nuestras fronteras y responder a los atentados etarras con los del GAL. “Diente por diente”, según la Ley del Talión que tantos otros gobiernos alrededor del mundo, han practicado. Extrañamente, Francia había utilizado la guerra sucia en Argelia y algunos de sus militares, como Le Pen, se han jactado de haber torturado “terroristas” que, para el resto del mundo, eran resistentes deseosos de liberar su país de un sistema colonialista que reducía a sus indígenas a ciudadanos de segunda. La Alemania Federal, en su lucha contra la banda Bader-Meinhof, tomaba sus propios atajos. De forma misteriosa, los presos de esa banda se suicidaban uno tras otro en sus celdas sin que nadie investigase demasiado las razones que les llevaban a ellos. Los Servicios Secretos británicos abatían en Gibraltar a dos miembros del IRA desarmados. No es necesario hablar del método Rumsfeld practicado en Abu Ghraib, Guantánamo y docenas de cárceles alquiladas a buen precio en países poco escrupulosos. Lo último es la misteriosa muerte del opositor ruso , Alexander Litvitenko, envenenado con Polonio 210 supuestamente por hombres de Vladimir Putin y otras más como la de la periodista Anna Politkóvskaya.
Descartado el sistema GAL, el gobierno del PP se encontró con el mismo problema vasco entre sus prioridades cuando se proclamó la tregua de 1998. Intentó explorar las posibilidades que había para lograr la paz y hay que reconocer que en eso es quizá cuando Aznar demostró tener más cintura. No hizo concesiones políticas en el encuentro de Zurich pero sí aceptó acercar presos a la península. Prometió generosidad y aceptaba la idea de discutir la reinserción de presos que no tuviesen sangre en las manos. Es difícil criticarle por aquel comportamiento. Pero tuvo un apoyo real de toda la oposición. No hubo manifestaciones contra el gobierno de Aznar por parte de las víctimas del terrorismo. Los medios de comunicación no estuvieron acosando a José María Aznar como lo están haciendo con José Luis Rodríguez Zapatero. Este no ha despreciado las enseñanzas que se deducían de los encuentros de Burgos y Zurich. Decir, por parte de algunos exaltados de la derecha, que en aquel 1998 Herri Batasuna no estaba ilegalizada es, como vulgarmente se dice, “cogérsela con papel de fumar”. Si se quiere la paz se habla con el diablo que lleva siglos ilegalizado.
Los poli-mili reconocieron que su lucha había caducado. Otros quisieron seguir porque el entorno abertzale había creado una mística de los gudaris de ETA. A ella siguieron los irrecuperables sociales y se sumaron los alevines deseosos de continuar una leyenda que no era tan hermosa o heroica como la pintaban sus mayores. Si se consigue llegar a una paz, no hay que descartar que elementos aislados, o pequeños grupúsculos, no acepten esa paz y siguen causando dolor pero los resoldos son cosa habitual en estos finales de enfrentamientos de larga duración.
Es muy sencillo pedir que un grupo terrorista, insurgente o resistente entregue las armas. Eso lo puede exigir la policía a un atracador de banco encerrado en la sucursal con rehenes. No es posible hacerlo con una estructura armada y con cientos de los suyos encarcelados. Zapatero ha aprendido de Aznar que no se debe usar la carta del acercamiento de presos al País Vasco antes de tiempo pero también sabe, como lo anunciara Aznar en su día que hay que ser generosos a la hora de poner fin a una locura que lleva cuarenta años, treinta de ellos en democracia, sembrando el dolor y el odio entre los españoles. Hasta la misma Conferencia Episcopal Española ha hablado hace unos días de generosidad. El IRA, después de años de contactos, negociaciones e intermediarios, aún no convence a muchos unionistas de que han destruido completamente su arsenal. Y el odio sigue fresco entre católicos y protestantes.
Con manifestantes exigiendo que el gobierno “no se rinda ante ETA y que derrote a la organización”, se está obviando lo poco que se puede hacer por los asesinados, aunque sí por ayudar a sus familiares a sobrevivir al dolor, y la obligación que hay de evitar nuevas muertes.
Si se consideraba que ETA estaba en las últimas cuando llegó al poder el PSOE cómo se sostiene que participara en la mayor matanza de la Historia del terrorismo en España? Más de tres años sin matar, es bastante más de lo que tuvieron González y Aznar. Hablar de “tregua trampa” como decía Mayor Oreja, cuando era ministro del Interior, ya no se puede sostener. Lo que sí es cierto es que, al igual que el gobierno español, forzosamente tiene que mantener su policía actuando contra el crimen sin descanso y dejar que los jueces hagan su trabajo sin intromisiones de los políticos, ETA quiere demostrar a los españoles que no está contra las cuerdas, como asegura el PP que estaba en 2004. El robo de 350 pistolas y los actos de vandalismo de la kale borroca, son respuestas a las afirmaciones de la derecha de que Rodríguez Zapatero ha dejado que se rearme la banda terrorista. La actual división entre PP y PSOE, en materia de lucha contra el terrorismo, es lo que permite a ETA envalentonarse. Si se encontrase frente a un bloque homogéneo de políticos de la democracia, incluido los nacionalistas, haciéndoles frente, otra sería su actitud.
Arnaldo Otegui, se ilegalice o no su partido, sabe que representa un 10 por ciento de la población vasca. Mantener sus posiciones independentistas y sus exigencias territoriales son posturas iniciales pero, como todo comerciante, sabe que luego vendrá “Paco con la rebaja”. No se puede estar hablando de rendición del gobierno sin causar un daño enorme a la posición negociadora de los demócratas. Rodríguez Zapatero anunció desde el primer día que la solución del problema de ETA iba a ser larga y llena de obstáculos, y podía ser cosa de más de una legislatura. Admitió que alguna de esas alternancias tuviese al PP en el gobierno. ¿Se dan cuenta los partidarios de la crispación en qué situación quedaría el proceso si no estuviese acabado cuando Mariano Rajoy u otro candidato del PP ocupase el gobierno de España?
La guerra de los videos quizá no sirva para que los dos partidos más importantes del país se unan frente al enemigo común pero sí para calmar a los más exaltados del PP o de la AVT. Se puede hablar de “fuera de contexto” pero las frases del vídeo y su traducción en los periódicos y las grabaciones íntegras en su momento, si permiten ver que se está manipulando un sector importante de las víctimas del terrorismo que capitanea el señor Alcaraz y exacerbando a quienes tienen la memoria corta. Cuando Aznar pide que le dejen en paz, hay que recordarle que desde que abandonó el gobierno, no ha dejado en paz a sus conciudadanos con declaraciones en el extranjero que pueden considerarse como gestos hostiles y traicioneros hacia su país y el nuestro. No nos ha dejado en paz a ninguno de nosotros desde Marzo de 2004.




