10 Febrero 2007

Aznar, ¡el último en enterarse!

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 18:14

La oportunidad de pedir perdón por haber metido a España en una guerra rechazada por el 92% del país (71% entre los votantes del PP), ha sido desperdiciada por José María Aznar. Hace dos años que el responsable de todo el drama, George W.Bush ordenó, a sus 1.200 especialistas, abandonar la búsqueda de armas de destrucción masiva (ADM).

Delante de la pantalla de Antena 3, el 13 de febrero de 2003, el entonces presidente del gobierno nos miraba directamente a los ojos para decirnos, con ese aire de superioridad que tienen quienes se consideran en posesión de la verdad: “Puede estar usted seguro y pueden estar seguras todas las personas que nos ven que les estoy diciendo la verdad. El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva”. Era un mes antes del ataque del 20 de marzo.

José María Aznar no tuvo mucha vista cuando, al querer sacar a España del rincón oscuro de la Historia, se unió a George W.Bush y Tony Blair, dos aparentes ganadores en la escena internacional. Nuestro presidente fue, por falta de poderío militar comparable al de sus dos amigos, el hombre que redactó la “Carta de los Ocho”. Con ella certificaba el nacimiento de la “Nueva Europa”. La componían Portugal, el Reino Unido, España, Dinamarca, la República Checa, Polonia y Hungría, los que apoyaban así a George W.Bush considerando que fuera de ese grupo de países europeos, estaba la “Vieja Europa”. Nada menos que la caduca, la que constituye el núcleo fuerte de la Unión Europea, la que nos había ayudado a desarrollarnos hasta hoy, la de sus fundadores, incluida la Italia del impresentable Berlusconi que supo nadar y guardar la ropa. Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo consideraban injustificada aquella guerra y pedían tiempo como el sueco Hans Blix y sus inspectores. Mohamed El Baradei, director de la OIEA, negaba el intento iraquí de comprar uranio a Níger y también pidió más tiempo el 7 de marzo de 2003 en el Consejo de Seguridad en el que se sentaba la ministra Ana Palacio.

El 16 de marzo de 2003, Aznar aportaba el tercer rostro al trío de las Azores. No se sabe si buscaba sacar a España de una inexistente y polvorienta modorra o hacía méritos para lograr la Medalla del Congreso de los Estados Unidos. Decir que nadie sabía que no había armas de destrucción masiva es tomar a la gente por tonta. Y lo corrobora con el tono jocoso con el que trata un asunto que ha costado 600.000 muertos iraquíes y la destrucción de un país. En primer lugar despreció los servicios de inteligencia de España, Francia, Alemania y otros países europeos con larga experiencia en Oriente Medio árabe y musulmán. La misma Italia no apareció con Berlusconi en las Azores, con lo que le gustan las fotos al “Cavallieri” . Quería estar y no estar.

Cuando Aznar nos hablaba en la televisión, estaba repitiendo como un papagayo lo que Bush le decía, apoyado en informes fabricados por unos servicios de inteligencia estadounidenses que falsificaban sistemáticamente todos los datos. Él era el “War President” y Aznar el fiel escudero que presionaba a Chile y México para que votasen en el Consejo de Seguridad lo que quería el tejano. La primera pregunta que se hacía todo el mundo era: ¿Por qué había ya un ejército de 100.000 hombres aguardando en Kuwait mucho antes de que la Comisión Blix diese su veredicto sobre la existencia o no de ADM en Irak? Cada vez que Colin Powell señalaba un lugar donde se podían encontrar depósitos de armas prohibidas o laboratorios móviles, los periodistas extranjeros sobre el terreno, corrían a verificarlo y no encontraban nada.

Jactarse de que cuando todo el mundo supo que no había tales armas, también lo supo él, es confundir a la opinión porque las hemerotecas están llenas de pruebas de que éramos muchos los que sabíamos que no había tales armas, teniendo el Reino Unido y EE.UU. una constante vigilancia del territorio iraquí al sur del paralelo 33º y al norte del 36º además de sofisticados satélites. Y si las hubiese tenido en 1991, las hubiese utilizado contra la Coalición que lo expulsó de Kuwait.

Hay que remontarse a Felipe González, diciendo que se había enterado del GAL por los periódicos, para volver a escuchar otra confesión igual de divertida: “Tengo el problema de no haber sido tan listo de saberlo antes. Nadie lo sabía”. Menos mal que 9 días después de tomar posesión del gobierno, un “bobo solemne” retiraba los 1.300 soldados españoles de Irak. Algunos siguen diciendo que fuimos allí con fines humanitarios porque enviamos un buque hospital al Golfo Pérsico. Reconozcamos que llegamos tarde porque no disponemos de los medios de llegar antes. De todos modos, fuimos los primeros en retirarnos sin pérdidas humanas pero desde entonces lo han hecho buen número de países de la Coalición y en Estados Unidos y Gran Bretaña, el porcentaje de los que reclaman la retirada de sus soldados, es ya mayoritario.

Ahora empieza el macro-juicio del 11-M. Esperemos que José María Aznar no tarde otros cuatro años para informarnos de que ETA no participó en la matanza de Atocha. Es capaz de decirnos que, hasta entonces (2008) “todo el mundo sabía que ETA había participado en el atentado”.

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