16 Abril 2007

¡ No Pierda la Cabeza !

Archivado en: General, Sólo tener miedo al miedo — Enrique Meneses @ 19:18

Como se ha podido comprobar, la mayoría de los muertos en Argelia y en Marruecos –por no mencionar la constante sangría de Irak–  son musulmanes, árabes o bereberes, palestinos o libaneses, afganos o paquistaníes, indios o indonesio.

Cuando se utilizan expresiones despectivas sobre los practicantes de una religión, sea cual fuere, se está favoreciendo el odio, el enfrentamiento. Cuando se oye decir “los moritos” o “los marroquines” o “chusma” como los llamó Sarkozy cuando la quema de vehículos en Clichy-sous-Bois, hay que preguntarse si ese desprecio no forma parte del problema. Por analogía –y sin que me acusen de ir de un tema a otro—Los mismos que claman “ante la desmembración de España” son los que prefieren que Endesa sea alemana antes que catalana, recomiendan beber cava extremeño en lugar del original del Penedés o permiten un documental anti-catalán en Telemadrid, la emisora de una de las capitales menos nacionalistas de Europa.

Son 1.200 millones de musulmanes los que hay en el mundo y  una infinitesimal parte los que, con la franquicia de Al Qaeda, están amenazando al resto del mundo. Hasta ahora nos ha venido muy bien, a los países desarrollados, entendernos con dictadores de los países musulmanes que nos permitían explotar su petróleo para beneficio de una oligarquía que rodeaba teocracias o, como en el caso de Irak, un dictador del tipo bananero pero laico. Sadam Huseín se enriquecía con su petróleo pero también lo hacíamos los países occidentales a través de las petroleras, de todo tipo de empresas de armamento o construcción.

 Las consideradas organizaciones terroristas han sido, hasta ahora, la única asistencia social que recibían ingentes masas de desarraigados de esos países. Ha bastado que un grupo de millonarios o profesionales formados en las universidades de Occidente, decidiesen aprovechar las masas de desgraciados menores de 30 años para ofrecerles una utopía anacrónica, la recuperación de un imperio que iba desde las orillas del Ganges hasta Zaragoza.

Marruecos y Argelia no son democracias homologables a las de la Unión Europea pero, precisamente por eso, debemos ayudarlas a conseguirlo favoreciendo su desarrollo. Mohamed VI es, al mismo tiempo, un teócrata despótico y un baluarte frente al islamismo radical. Muchos de sus ciudadanos trabajan, prosperan y alivian la pobreza de sus familiares afincados en paupérrimas barriadas de las grandes ciudades marroquíes. Por lo general son gentes que han abandonado el campo por la ciudad. Jóvenes sin porvenir que se refugian en unas mezquitas y madrasas coránicas que recuerdan apostolados obreros que han proliferado y se mantienen en territorio cristiano y europeo.

Mientras el integrismo no cesa de recordarles las grandezas de antaño, al igual que hace el integrismo cristiano de los neo-conservadores estadounidenses, esos millonarios y universitarios de los que hablaba al principio, los preparan para la reconquista de su pasado. Una guerra de religiones que promete paraísos en ambos lados y que se opone al relativismo y al laicismo so pretexto de que, como denuncia Paul Krugman,  quiere “acabar con el mito de la separación entre Iglesia y Estado”. Esa gente que ha infiltrado la Administración americana, está intentando imponer su agenda religiosa al gobierno. La Universidad de Regent, fundada por el telepredicador Pat Robertson, pretende suministrar (Krugman dixit) el “liderazgo cristiano necesario para cambiar el mundo”  y se enorgullece de que 150 de sus titulados trabajen en la Administración Bush. Este mismo predicador atribuyó el atentado de las Torres Gemelas a un castigo de Dios por los pecados de EE.UU..

La lucha contra el peligro del islamismo radical –lo he escrito muchas veces—requiere fuerzas policiales numerosas, bien preparadas y perfectamente coordenadas entre los países más vulnerables.  ¡No ejércitos!  España es uno de ellos. Al mismo tiempo se debe de ayudar a esos dirigentes autoritarios a colaborar en la democratización de sus respectivos países con medidas que limiten su avaricia pero que les garanticen mejor su supervivencia. Las democracias son, aparentemente, más débiles ante el terrorismo pero no es cierto. Son más fuertes porque propician menos la revuelta de los jóvenes sin futuro que no cesan de aumentar en sus países. Es una falacia  hablar de los marroquíes que viven entre nosotros como peligro para nuestro país. Son una ínfima proporción los que, en vez de trabajar, se empapan de doctrina de Al Qaeda.

Finalmente. Que Rajoy pida ahora reforzar las fuerzas de seguridad españolas, cuando las que ellos dirigían tenían vigilados a todos los implicados del 11-M, parece un chiste. La prueba es que su eficacia no ha sido superada en ningún otro atentado de envergadura llevado a cabo en Nueva York, Londres, Bali o cualquier otro de mismo origen islamista radical. Todos creímos que el 11-M fué ETA hasta que empezaron los movimientos sospechosos del gobierno de Aznar: Aviso a la ONU, a todas las embajadas, algunos corresponsales extranjeros, contacto insistente con directores de medios españoles etc… A esto hay que añadir las autorías reconocidas por la prensa árabe de Londres y los servicios secretos de Israel y otros.  
   
 

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