21 Abril 2007

Ratzinger, martillo de herejes

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 1:02

Estaba cantado. Si no se ponían de acuerdo los 115 cardenales-electores, Joseph Ratzinger se convertiría en el Papa de transición. Ganar tiempo es importante, incluso en una institución con dos mil años de Historia. Con 78 años y una salud delicada, la curia sabe que no habrá un papado tan longevo como el de Juan Pablo II. El alemán y el polaco han trabajado juntos mucho tiempo. Los dos han querido ser guardianes de unos dogmas que no siempre fueron tales. No olvidemos, por ejemplo, que el dogma de la Inmaculada es del siglo XIX y que el celibato sacerdotal ha sido muy poco respetado en los primeros siglos del cristianismo. La no-participación de la mujer en la Institución, se ha querido paliar con un culto mariano, a veces, desmesurado. Los repetidos casos de pederastia, últimamente en los Estados Unidos, prueban que algo funciona mal en la sexualidad de los sacerdotes católicos. No digamos el número de curas y monjas que cuelgan los hábitos para crear familias cristianas. La Iglesia Ortodoxa, tan auténtica como la romana, autoriza el matrimonio de sus popes y produce menos casos de escándalo entre sus servidores.

Pasar de ser heredero de Torquemada, a la cabeza del Santo Oficio o Inquisición, a propiciar un aggiornamento de la Iglesia de Pedro, no parece tarea fácil. Un Ratzinger que negaba la comunión a los divorciados, difícilmente podrá admitir el uso de los preservativos para adecuar las familias a sus posibilidades económicas. Un hombre, que pocos días antes de ser elegido sucesor de Juan Pablo II, condenaba el relativismo que invade el mundo y solo acepta el dogma y la fe como método de conocer la Verdad, considerando a esta como revelada, no podrá introducir cambio alguno en la Iglesia Apostólica y Romana. El mismo diálogo con las demás Iglesias cristianas se hace difícil por imponer una supremacía que a las iglesias orientales les cuesta admitir. No digamos el acercamiento al protestantismo que ya ha llegado a admitir la ordenación de mujeres y hasta un clero abiertamente homosexual o el celibato voluntario de sus sacerdotes.

Hablar del SIDA es hablar de una pandemia en el caso de África y algunos países de América y Asia. Rechazar el uso del condón es ponerse a la altura del Presidente Mbeki de África del Sur que, finalmente, ha tenido que dar su brazo a torcer. No es un dogma, lo que impide detener esa terrible enfermedad que está diezmando todo un continente, es simplemente un deseo de que la población del planeta crezca sin límites. El “Creced y multiplicaos” no lo ha dicho Cristo ni su Iglesia primitiva sino unos poderes fácticos que se han erigido en absolutistas. Cualquiera que reflexione se dará cuenta de que el planeta tiene un límite a la hora de alimentar bocas. Ni repartiendo todas las riquezas actuales de la Tierra se podrían alimentar y proteger de la enfermedad 10.000, 15.000 millones o más habitantes de este planeta. Si un día el Vaticano va a tener que reconocer que los preservativos permiten un crecimiento poblacional justo y razonable ¿por qué no hacerlo ahora que estamos a tiempo?

Pero Benedicto XVI ha celebrado una misa en latín y en latín ha agradecido a los cardenales del Cónclave el haberle elegido. ¡Qué alegría tan grande para un integrista como Monseñor Lefévre! Olvidemos las lenguas vernáculas que Juan XXIII impuso para acercar la liturgia a los fieles y regresemos al oscurantismo que propicia el latín. Los teólogos de la liberación ya pueden prepararse para condenas tan fuertes como las que les prodigó Juan Pablo II. Veinte años considerándose el guardián de una Fe inamovible no van a cambiar de la noche a la mañana y si el Espíritu Santo no ha estudiado la sociedad que constituye la Iglesia de Cristo, se comprende que haya elegido lo inmutable, lo fijado para la Eternidad. Los avances de la Ciencia han pasado desapercibidos a la hora de permitir que se salven vidas desde las células madre, que se reconstituyan partes importantes de nuestro cuerpo, dañadas por accidente o por envejecimiento. Al creyente de hoy, y sobre todo al de mañana, le quedan dos soluciones: olvidarse de lo que dice el Vaticano e irse hacia nuevas formas de cristianismo evangelista o, sencillamente, adoptar un respetuoso agnosticismo.

No hay comentarios »

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de la entrada. TrackBack URI

Deje un comentario

Clicky Web Analytics