El “no” a la Constitución Europea
Es frecuente la confusión que hace la gente entre términos propios del lenguaje de la política. Confundir Estado y Gobierno no es tan infrecuente como podría parecer. Se responsabiliza a uno de algunas actuaciones del otro o se invoca al Estado cuando el responsable de una injusticia es el gobierno. La forma del Estado en Francia es la República, en España es la Monarquía. Cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Hay malas y buenas repúblicas como hay malas y buenas monarquías. Ninguna es más moderna o anticuada. Los griegos crearon la República de Atenas y pasaron por todos los sistemas posibles, incluidos los dictatoriales. Ha habido hasta monarquías electas y no basadas en la herencia genética.
Cuando se habla de Constituciones, muchos son los que creen que sus artículos son leyes de obligado cumplimiento, cuando en realidad son líneas maestras de unos anhelos para el conjunto del país o, en el caso de la UE, de un conjunto de países. La constitución española dice que todo español tiene derecho al trabajo y a la vivienda y a la salud y a la educación pero no quiere decir que el gobierno de turno debe de hacerlo de tal o cual manera ni siquiera que esté obligado a cumplir inmediatamente ese paquete de intenciones que suponen aspiraciones de los redactores de esa constitución. Evidentemente, el ciudadano tiene derecho a reclamar lo que la constitución le ofrece pero no a que sea en el acto ni de esta u otra forma. Hay constituciones, hay leyes y hay reglamentos. Muchos ciudadanos de la Unión Europea consideran que decir “no” a la Constitución de los 25 países, y que España aprobó en referéndum recientemente, es una oportunidad de vengarse de su gobierno. Es tanto como tirar piedras contra su propio tejado y, además, no alcanzar la meta deseada.
Chirac, cuyo encuentro con 80 estudiantes fue televisado durante dos horas y que pude ver a través de TV5 Europe por la parabólica, intentó explicar a los jóvenes que no va a existir invasiones de ciudadanos de los países más pobres y que la prueba está en que ese miedo existió en 1986 con la entrada de España y Portugal en la Comunidad Europea y no se produjo la esperada avalancha. Los suizos y los noruegos no quieren entrar en la UE por miedo a la llegada de gentes del sur o del este con otras costumbres y dispuestos a quitarle trabajo a los nacionales de ese país. La verdad es que ambos países no ofrecen alicientes suficientes como para que un español deje su tierra y, por el contrario, los suizos y los noruegos son los que tienden a venir a instalarse al sur. Los inmigrantes suelen hacer como los gases: ocupan los espacios vacíos. Los estudios hechos hace poco en Los Ángeles y en Madrid, demuestran que nuestra vida, nuestro nivel de vida, descendería si no pudiésemos pagarnos una asistenta rumana o un jardinero polaco. La asistencia a los mayores se resuelve con los inmigrantes recién llegados y aunque cobren menos que lo que exigiría un español, si aceptase hacer ese trabajo, resuelve su problema y manda dinero a su tierra. Basta ver lo que hicimos nosotros durante casi medio siglo. De todos modos, la Constitución Europea no puede impedir que los ciudadanos de la UE tengan derecho de moverse libremente dentro de nuestro territorio común.
Otro de los problemas que planteaban los estudiantes era el de las deslocalizaciones de empresas. Jacques Chirac les dijo que la instalación de una fábrica de automóviles en España había producido 10.000 puestos de trabajo más en Francia. Los grandes almacenes como Alcampo o Carrefour son franceses pero han introducido en España miles de productos fabricados en Francia, por ejemplo lácteos. La subida de nuestra capacidad adquisitiva, ha propiciado más turismo hacia Francia y mayor compra de productos franceses. Dentro de cada uno de nuestros países también se producen deslocalizaciones de regiones más caras a otras con mano de obra menos exigente. La entrada de los nuevos países que han elevado de 15 a 25 el número de miembros de este club que es la UE, aporta más beneficios que daños. Solo viendo el resultado que España, Portugal, Irlanda y Grecia han obtenido de la ayuda comunitaria, vemos como los países donantes han podido beneficiarse con exportaciones substanciosas. Alemania y Francia nos han ayudado pero también les hemos comprado, por ejemplo, el AVE Madrid-Sevilla y estamos en condiciones de seguir ampliando nuestra red de alta velocidad con sus empresas. La aparición de autopistas y autovías en nuestro país ha sido espectacular desde que entramos en la UE.
En 1960 escribí que un día, se fabricarían automóviles en el Congo. Entonces empezaban países como Corea o Japón a competir seriamente con los fabricantes europeos y estadounidenses. Hoy tenemos servicios de información telefónica que se hacen desde Tánger o ayuda informática on-line que se realiza desde Irlanda. Hemos de ir compitiendo tecnológicamente en los sectores que los países en vías de desarrollo están realizando a precios mucho más bajos que los nuestros. Por ejemplo, el textil, la juguetería o el calzado.
Son menos los problemas que nos plantean los países que se suman a la Unión Europea que las soluciones que representan para nuestras propias empresas.



