Para muchos, José Bono es al PP lo que Ruiz Gallardón es al PSOE. Si el alcalde de Madrid goza de numerosas simpatías entre las izquierdas, “Pepe” Bono es el tipo de socialista que la derecha civilizada respeta. ¿Cuales son los factores que hacen que estos hombres sean muy bien vistos por el partido opuesto al suyo? Ambos son gentes dialogantes y de Centro y el país vota centro y repudia a los Acebes, Zaplana, Esperanza Aguirre o Trillo-Figueroa que se refugian en la crispación y el malhumor. Mariano Rajoy es un hombre más en la línea de Ruiz Gallardón pero José María Aznar dejó tras sí, en su partido, una serie de minas destinadas a que su sucesor no pudiese apartarse de los parámetros marcados por el líder Supremo. “El escritor, conferenciante y profesor universitario” , marca las pautas de lo que debe de ser la conducta de la oposición a Rodríguez Zapatero.
Las malas relaciones con la primera potencia militar del planeta, han sido suficientemente utilizadas por el PP para contrarrestar la vuelta a nuestras tradicionales relaciones con Europa, América entera y el mundo árabe y musulmán. Rápidamente, tan pronto ha dispuesto de un año Zapatero, se restablecieron buenos lazos con Marruecos y con Francia y Alemania, los motores de la Unión Europea de la que dependía la “excelente gestión económica del gobierno de Aznar”. El acercamiento a Iberoamérica puede provocar recelos por parte de Estados Unidos pero como estamos viendo con las diversas visitas de ministros de Zapatero a Washington –y después de la recepción otorgada a los reyes de España en el rancho de Bush—las relaciones con EE.UU. se están reanudando y caminan hacia la normalidad que existía entes de las Azores. ¡Algo quieren de nosotros!
Convertir la base de Rota en el más importante centro de operaciones especiales de los americanos en Europa, incrementa los riesgos que acepta nuestro país a cambio de que George W.Bush escriba de vez en cuando a José Luis Rodríguez Zapatero. José Bono –personalmente no sé qué razones empujaron al Presidente del Gobierno a nombrarle Ministro de Defensa—es un hombre bisagra. Por un lado es el ungüento que necesita una Jerarquía Eclesiástica española soliviantada. Por otro, disfruta como un niño con medallas, uniformes y banderas. Los psicólogos del gobierno americano le han preparado el recibimiento que sabían iba a entusiasmar a este antiguo alumno de los jesuitas. La alfombra roja para un hombre que, desde la melosa actitud de cura de pueblo –en gestos y tono de voz—hasta su tradicional interpretación del patriotismo, en todo se parece a los Estados Unidos de hoy en día. ¿Cómo no iba a coincidir con Donald Rumsfeld? Son dos almas gemelas, aunque este último, redactor de los “Protocolos de interrogación de prisioneros” que se utilizaron en la cárcel de Abu Ghraib, esté más cerca de Lucifer y de Marte, el dios de la guerra mientras Bono es Venus total, según la terminología del gobierno americano para designar al los europeos anti belicistas.
Es posible que el Pentágono se haya echado agua en los ojos para convencerse de que no estaba soñando al escuchar a un Ministro de Defensa decir: “Prefiero que me maten antes que matar” . Eso, delante de americanos que preconizan guerras preventivas por todas partes. El cristiano manchego les ha impresionado. Entre banderas, estandartes y las tropas que tantas veces vio en las películas americanas y que ahora tenía formadas en su honor, debió experimentar un orgasmo. El PP no ha dicho nada. Zaplana y Acebes no han rechistado. Que con tanta facilidad se haya borrado la escena de la bandera de las barras y estrellas en el desfile de la Castellana hasta el punto de que Bono exclame: “¡La bandera americana, es la bandera de la Libertad!” , ha dejado mudos a unos y otros. Si su jefe de filas se quedó sentado al paso de la bandera yanqui en el desfile de las Fuerzas Armadas, para protestar porque estuviesen presentes fuerzas de la coalición contra las que se oponía la opinión pública española, ahora solo faltaba que José Bono diese una homilía a la enseña que representa a todos los norteamericanos. Incluso los que no pueden tragar a George W. Bush. Ni tanto, ni tan corto. En su día critiqué las múltiples inclinaciones del Ministro de Asuntos Exteriores de Aznar, Joseph Piqué, ante el Imperator recién bajado del Air Force One , ahora no puedo por menos que criticar el servilismo de José Bono a la hora de reconciliarnos con Washington. La Espada y el Crucifijo han quedado sintonizados con la filosofía de monjes guerreros que nos trae la película sobre las cruzadas; El Reino de los Cielos. Todavía no la he visto pero no parece ser muy oportuna en estos momentos.
El temor de muchos españoles es saber qué anzuelo hay detrás de la sonrisa mefistofélica de Rumsfeld con relación a una base que, no olvidemos, está bajo mando español, en Andalucía y desde la que, probablemente, partirían ataques, abiertos o encubiertos contra los nuevos Saladinos del siglo XXI. ¡Y nosotros a 14 kilómetros de Marruecos!
Por su lado, Ruiz Gallardón, que ya demostró su estilo en tiempos de Leguina, se enfrenta con una Esperanza Aguirre arisca y convertida en el azotillo de Rodríguez Zapatero. Es nuestra Margaret Thatcher, deseosa de hacer más oposición que Rajoy al gobierno socialista con la ilusión de alcanzar la Moncloa algún día con el mismo tono bronco de su ídolo Aznar. Debería convencerse de que si José María Aznar intentase regresar a la escena política, fracasaría rotundamente hasta en lo económico. El país, independientemente de ideologías, prefiere a Mariano Rajoy, aunque a veces intente cabrearse para no perder comba. Su estilo reposado gusta más que el de Esperanza Aguirre. Y Ruiz Gallardón, deseoso de traer los juegos olímpicos a Madrid en 2012, hace lo posible por llevarse bien con los socialistas, como hizo en tiempos de Leguina, aunque le pese a la Señora de Aguirre. No se ha dejado subyugar por el gobierno de Zapatero. Como toda España, está ilusionado con traer la Olimpiada a nuestro país por segunda vez.