7 Mayo 2007

Las Renovaciones de Francia

Archivado en: Sólo tener miedo al miedo, Unión Europea — Enrique Meneses @ 12:59

El discurso de la Salle Gaveau ha mostrado un Nicolas Sarkozy bien diferente del que debatió con Ségolène Royal el miércoles 2 de Mayo. En el famoso cara a cara, el líder de la derecha  se mostró serenamente duro porque estaba deseando apuntarse el mayor número de votos del Frente Nacional de Le Pen. Parece ser que el 70 por ciento de esos votos le apoyaron ayer domingo. Por otro lado, la derecha  centrada que representa François Bayrou iba a dividirse y, en anterior análisis, dijimos que era difícil que Ségolène Royal recibiese el 70% de los votantes del renovador, cifra que le era  necesaria para ganar a su adversario. Resueltos los dos problemas a favor de Sarkozy, el recién elegido tuvo palabras de respeto hacia su rival derrotada por menos de lo que auguraban las encuestas. De 55 a 45 se han quedado en un 53-47.

En honor de la derrotada, cabe decir que, antes de enfrentarse con Sarkozy, tuvo que vencer la inercia de los dinosaurios del PSF. En la rueda de opiniones que seguí por  la televisión francesa, Dominique Strauss-Khan mostró un rostro granítico y malhumorado que acabó considerando excesivo que el partido socialista perdiese tres elecciones seguidas y, sin tapujos, se ofreció para reorientar el PSF. Claramente estaba achacando a Ségolène esta última derrota y se brindaba como alternativa cuando las primarias dieron a la candidata el 60% de los votos sobre hombres como Lionel Jospin, Laurent Fabius y el mismo Dominique Strauss-Khan. Unos quieren más izquierda tradicional mientras otros piden que el PSF se convierta en un partido social-demócrata. Esta pugna se va a prolongar y las legislativas de junio están a la vuelta de la esquina, sin tiempo para preparar un nuevo candidato que, en ningún caso, conseguiría los resultados que Royal ha logrado.

Del lado de la derecha, Nicolas Sarkozy ha tenido parecidos problemas con los duros del conservadurismo thatcheriano a la vez que se veía en la obligación de absorber al Frente Nacional como, en su día, hizo la derecha española con nuestro Frente Nacional de Blas Piñar. En realidad,  en el momento en que aparece Fraçois Bayrou, con un centrismo que debilita a los dos grandes rivales –pero cuyo futuro no está del todo asegurado–  como sucedió en España con los reformistas de Miquel Roca y Joaquín Garrigues o algunos que suspiran  por Alberto Ruiz Gallardón, dentro del PP.

En las Galias, quien necesita urgentemente una renovación es Francia, caída en la apatía desde hace varios años. Mientras Alemania se rehace con Angélica Merkel, el chiraquismo ha sido incapaz de levantar un ánimo profundamente deprimido. No sólo los partidos políticos han contribuido a ese estado de cosas sino que hay unos sindicatos anclados en el siglo XIX y orgullosos de sus prerrogativas, de  “ses biens acquis”. El gremialismo está generalizado y la defensa a ultranza  de la clase funcionarial es  equivalente a la endogamia asfixiante de los salidos de “les Grandes Écoles”, con mayúsculas. Existen muchas frustraciones por parte de quienes padecen el fracaso escolar, quienes necesitan apoyo en sus estudios por ser segunda generación de inmigrantes de culturas exóticas, o quienes pretenden mantener la totalidad de sus costumbres en “la France Républicaine”, sin olvidar la infancia discapacitada. Tiene razón Ségolène Royal cuando habla de facilitar una Francia de “emprendedores”, de minicréditos para quien, terminados sus estudios, quiere construir su propio negocio. El acceso a la propiedad de la vivienda que Sarkozy presentaba como algo destacable en España, reduce la movilidad laboral si se trata de jóvenes. Con un 15% de viviendas para alquilar, en nuestro país encontramos sitios donde hay trabajo pero ningún autóctono acude por problemas de alojamiento.

El socialismo español, en sus primeros tiempos, se deshizo del marxismo y se apuntó a la OTAN. No nacionalizó nada de lo que estaba en manos privadas. La economía de la social-democracia se diferencia muy poco de la que hace una derecha moderada. Hoy hay una derecha y una izquierda que comprenden que la gobernanza de proximidad resta Estado pero que eso no es necesariamente malo. Como no lo ha sido ceder a la Unión Europea parte de la soberanía de nuestros países miembros. Nicolas Sarkozy, en su debate con Ségolène Royal, insinuó que reduciría la proyectada Constitución a un escueto tratado y que no lo volvería a pasar por referéndum sino que bastará una aprobación parlamentaria. Dijo algo que sonó falso al escudarse en Rodríguez Zapatero que le habría dicho estar de acuerdo con ese planteamiento cuando nosotros hemos sido los primeros en aprobar, con el voto de todos los españoles, la constitución de Giscard d´Estaing. Cuando habló de la Comunidad Mediterránea, el nuevo presidente de la república francesa, se olvidó de que ya existe un conato parecido que se estrenó en Barcelona, un congreso euro-mediterráneo.

En su discurso posterior a su victoria, Sarkozy apeló a los Estados Unidos para ayudarle a combatir los efectos del calentamiento de la Tierra. Era un guiño al ecologismo europeo sabiendo las resistencias que los republicanos de Bush ofrecen a lo que consideran frenos al desarrollo industrial de su país.
Puede que las elecciones legislativas de junio nos descubran una derecha deseosa de que Europa y Estados Unidos sean aliados pero que ninguno de los dos bloques sea hegemónico sino asociados frente a los retos de China y la India. De todas formas, da gusto ver una nueva generación de políticos franceses a derecha, izquierda y centro. Todos tendrán que colaborar en ese cambio quirúrgico que necesita Francia.

1 comentario »

  1. ¿En qué se parece ZP a Sarkozy? Estos críos están engañados.

    Comment por Raúl — 9 Mayo 2007 @ 10:29

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