16 agosto 2007

El Camión de Abu Simbel

Filed under: Aventura pura y dura — Enrique Meneses @ 21:21

Agustin y su camiónUna entrevista que me hicieron en Telemadrid, y que no llegué a ver por estar grabada desde hacía algún tiempo, sin fecha de emisión, hizo que Agustín García Martinez, volviese a encontrar mi pista, perdida desde hacía un cuarto de siglo. En 1983, venía yo de Jartúm a Asuán por el desierto líbico (se denomina nubio del lado oriental del Nilo) cuando, a punto de detenernos para acampar, sobre las 17.45, mi hija Bárbara, de 15 años, me señaló unas luces en el horizonte. Debía de ser el puesto fronterizo que separa los dos países. La verdad es que parece inverosímil la existencia de semejante control, sabiendo que el tráfico por este desierto es de 6 vehículos de media anual, además de millares de camellos que vienen de la República Centroafricana para ser vendidos en el mercado egipcio de Edfu. Decidí no acampar como los demás días, antes de la puesta del sol, sino cerca del puesto fronterizo hacia cuyas luces nos dirigíamos a buen ritmo.

Pasaron las horas y las luces seguían desafiantes en el horizonte, siempre a la misma distancia. No podía ser un espejismo de los que se dan en el desierto. La oscuridad me impedía evitar los desniveles del terreno y la ansiedad por llegar mantenía mi pie pisando el acelerador. Unas cuatro horas más tarde, alcanzábamos el asfalto de una carretera que arrancaba de la misma arena. Una enorme valla publicitaria con iluminación, nos daba la bienvenida a … ¡Abu Simbel! No habíamos visto ningún puesto fronterizo. En el mapa Michelín, solo había una línea horizontal trazada con cartabón. Ni aduana, ni policías, ni el más mínimo control egipcio o sudanés.

Agustín al volanteA la mañana siguiente, visitando un templo que yo había fotografiado 23 años antes, cuando estaba Ramsés II en su sitio, se me acercó un oficial de policía. Inocentemente le dije que veníamos del sur, de Jartúm. Me comunicó que teníamos que habernos presentado a él nada más llegar. De hecho, reconocía implícitamente que la frontera estaba unos 50 km más al sur y totalmente desguarnecida. Amablemente nos invitó a pasar por el cuartelillo para resolver el papeleo. Una vez en el patio del mismo, nos encontramos con una docena de españoles que, guiados por Agustín García y su pareja Marisa, habían venido de Asuán a Abu Simbel para visitar el magnífico templo salvado por la UNESCO de las aguas del lago Nasser, formado por la Gran Presa de Saad al Aali. No recuerdo cual era el problema que tenían con el oficial pero el caso es que lo resolvieron tras un par de gritos. El capitán me pidió que llevase a uno de sus hombres a Asuán donde tenía que entregar nuestros documentos de entrada a Egipto. Encontré que todo era de lo más normal. Aceptamos llevar un chaperón que no entendía nada de las canciones del folclore español que cantábamos tanto en el camión como en los dos Landrovers que formaban parte de mi expedición.

Ver el camión de Agustín, con sus dos bancadas enfrentadas a lo largo, abierto en sus laterales, con lonas al viento que servían contra el sol o contra las tormentas de arena, subir las dunas de culo, era lo más risible que me he encontrado en mis viajes. Si no era marcha atrás, el camión de Agustín no se enfrentaba a las enormes dunas del desierto. Aunque había una parte asfaltada, la carretera Asuán-Abu Simbel era, prácticamente, inexistente en aquel entonces. El viaje se hacía más ameno así. Pero finalmente llegamos a la capital del Alto Egipto. Casi había cumplido con mi promesa de cruzar el desierto en 8 días a 10 horas diarias de conducción. La cita con Annick y Anne Isabel, era en el bar del Hotel Cataract a las 20 horas del octavo día. Serían las 19 h. cuando entramos en el cuartel al que nos dirigió nuestro soldado-chaperón. Agustín me acompañaba. Sus viajeros permanecían en el camión. Ante mi sorpresa, el bickbachí que nos recibió nos declaró que estábamos arrestados. Antes de que nos separasen y se llevasen a mis tres compañeros holandeses y al neozelandés Chris Neville, les grité en inglés que dijesen solamente la verdad y nada más que la verdad.

Para calmar al Coronel, le reproché la falta de hospitalidad puesto que no nos había ofrecido nada de beber. Cambió su semblante y con unas palmaditas llamó a un ayudante que nos trajo café para mi y Coca Cola para mi hija Bárbara. Aproveché para decirle a Agustín, con el que no había orden de arresto al no haber cruzado frontera alguna, que acudiese al Cataract Hotel y preguntase por Annick Duval y explicase nuestra situación. Sabíamos desde Madrid que el gobernador de Asuán era un gran amigo del embajador de Egipto en Madrid. Frente a una mesa presidida por un general y otros dos oficiales, mi hija y yo contestábamos a las preguntas del improvisado tribunal. El tono era áspero, inamistoso. Cuando percibí el cambio horas más tarde, tras una llamada telefónica que recibió el general, comprendí que Agustín había localizado a Annick y que esta había llegado al gobernador. La suerte fue que esperaban a Ceausescu de Rumanía y de ahí que el gobernador se encontrase en su despacho hasta altas horas. A medianoche, con cuatro horas de retraso sobre nuestra cita, nos tomamos el whisky pactado en Jartúm.

Este Agustín García, hoy cazador profesional de elefantes, es el que me ha localizado por una entrevista en Telemadrid y me ha contactado por internet. Han transcurrido 24 años, casi un cuarto de siglo. En unos días parte a Mozambique dirigiendo un equipo de cazadores que han de abatir legalmente un grupo de elefantes que causan daños en los poblados y en las cosechas mozambiqueños. Suerte, Agustín.

4 comentarios »

  1. Evocador es la palabra para definir este relato, que huele a arena seca, sol implacable y hombres de labios gruesos y piel oscura.

    Como siempre gracias por compartir este recuerdo del que se disfruta cada palabra.

    Comentario by Rafita — 17 agosto 2007 @ 2:42

  2. En Blade Runner, cuando se le acaba la pila al robot, lo más apreciado son los recuerdos. “He visto cosas que no podéis imaginar, ponerse los siete soles por la puerta de Tanhauser, el combate de las naves en llamas más allá de Orión…” Vida.

    Comentario by gabi — 17 agosto 2007 @ 15:54

  3. Lo más interesante e inteligente es saberse manejar en distintos sitos y con distinta gente. Un comentario en su momento justo y dicho de la manera correcta puede cambiar mucho las cosas a su favor. Para mí, ésa es la verdaddera cultura, la que entiende su relatividad y la respeta.
    Me sigue encantando leerle.

    Comentario by erwillillo — 18 agosto 2007 @ 14:51

  4. Ozuu, que arte tienes Sr Meneses, desde luego explicar sus aventuras como Vd. la cuenta es digno de admirar. Ya, ya me gustaría a mi, poder narrar en síntesis, mis propios viajes a la solidaridad por Latinoamérica, Claro que un servidor es meramente un aficionado, y además torpe, metido en esto de opinar sobre cualquier comentario. No obstante mucho he aprendido desde que me dio la posibilidad de comentar mis ideas y pensamiento en su antigua Bitácora. Y digo que he aprendido mucho de Vd. porque siendo tan combativo en la dialéctica, muchas veces he pecado de ignorante, sin embargo sus enseñanzas me han servido para ser más comedido, prudente y sabe encajar los agravios. Pero al grano, con su articulo “ El camión de Abu Simbel”. Desde luego, muy pocos pueden imaginar, este tipo de aventuras viajeras, por un continente donde el hambre y la miseria es sinónimo de peligro y más aun si tenemos en cuenta el tiempos en que realizo sus viajes. Digo todo esto, porque un servidor conoce esas peripecias de controles en el continente latinoamericano, y aunque con las diferencias lógicas de territorios y las salvedades del idioma, siempre pude salir airoso de algunos conflictos aduaneros en mi cometido de llevar material escolar juguetes etc etc, a los niños-as de las comunidades indígenas. Le envidio sanamente amigo Enrique, y le felicito por esa sabiduría y experiencia vivida. De veras no sabe Vd como le admiro.

    Por cierto el domingo estaré, por Madrid, en transito para viajar a otro país…esta vez por vacaciones, nada de solidaridad, más bien por egoísmo y capricho de las normas que imponen el necesario descanso, las circunstancias y las exigencias familiares. No obstante y desde un barco seguiré opinando sus exquisitos artículos y donde podrá comprobar mi IP.

    Saludos a todos.

    Comentario by Libertché — 19 agosto 2007 @ 22:16

RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

Deja un comentario

Additional comments powered by BackType