“¿Cómo está usted don Santiago?”
“¿Cómo está usted don Santiago?” preguntó don Juan Carlos en su primer encuentro con el Secretario General del Partido Comunista de España. La anécdota es auténtica y muestra la facilidad con la que puede resolverse una situación protocolaria una vez que el rey fue avisado de que si tuteaba a Carrillo, según la tradición de los Borbones, el líder comunista también tutearía al monarca. También don Santiago tuvo oportunidad de mandar que se sustituyese la bandera que adornaba el escenario donde iba a pronunciar un discurso y exigir que pusiesen la bandera constitucional actual. El Rey se lleva bien con las izquierdas y eso hace hervir la sangre de sectores conservadores. El “tú” se ha popularizado en la sociedad española aunque molesta a gente que, siendo mayor, lo es menos que yo. Me alegra que médicos o enfermeras, en el hospital donde me encuentro, me traten de tú, ofrece amistad y empatía. Siempre me gustó el verso de Jacques Prévert, el autor de “Las Hojas Muertas”, cuando dice en su poema “Barbara”:
Je dis tu à tous ceux que j’aime
Même si je ne les ai vus qu’une seule fois
Je dis tu à tous ceux qui s’aiment
Même si je ne les connais pas(Digo tú a todos los que amo
Aunque les haya visto una sola vez
Digo tú a todos los que se aman
Aunque no los conozca)
Es todavía en América Latina y Portugal donde la ceremoniosidad de las relaciones se sigue considerando como prueba de respeto. El Rey es el primero que considera suficiente que le llamen “Señor”. Los republicanos franceses siempre aumentarán el trato llamándolo Monseigneur.
En cumbres iberoamericanas, es lógico que todos los jefes de Estado se consideren iguales por pertenecer a países independientes. España no va por aquel continente en plan de “Madre Patria”, como en tiempos de Franco. Atacar a José María Aznar, un ex presidente español dos veces electo en las urnas, tachándolo de fascista, no venía a cuento, máxime cuando no estaba presente, les pareció incorrecto tanto a José Luis Rodriguez Zapatero como al Rey. Como Hugo Chávez no dejaba de interrumpir a nuestro presidente del gobierno, Don Juan Carlos soltó su ya famoso “¿por qué no te callas?”. Dentro del panorama político iberoamericano, el presidente venezolano se está convirtiendo en un peligro que, gracias al petróleo, puede subvertir valores democráticos recuperados en el Cono Sur. Con el petróleo, Chávez, cual imperialista criollo compra médicos y educadores cubanos cuando no políticos de otros países menos sobrados de ingresos. El gesto de hacerse la señal de la cruz “ostentoriamente”, como diría el histriónico Gil y Gil, en plena cumbre de la OPEP, me pareció el de un iluminado en tierra de Islam. Actualmente, el Teniente coronel Hugo Chávez pretende obtener un plesbicito para su reelección automática con el fin de llevar a cabo su proyecto bolivariano en toda América Latina. No sólo se ha peleado con el Rey de España sino que también lo ha hecho con Álvaro Uribe, su colega colombiano. Abiertamente, Chávez se está postulando como sucesor de Fidel Castro. La diplomacia española está intentando resolver el incidente entre Chávez y el Rey pero el presidente venezolano ha encontrado en ello una manera de buscar el “SÍ” en el “plesbicito” que tiene posibilidad de perder. Mantener en el congelador sus relaciones con España es una frase retórica, bastante menos fuerte que una llamada a consulta de embajadores. España solo debe esperar. Sin pedir excusas, como reclama el futuro Presidente Vitalicio, porque él fue quien interrumpió al Presidente del Gobierno español. De todos modos, Chávez debe recordar que España es una de las entradas importantes a la Unión Europea.
En mi juventud, en la España franquista cantabamos “Se va el caimán, se va el caiman, se va para Barranquilla” y se le aplicabamos a nuestro dictador. La pegadiza canción había nacido en Colombia en 1941.Tras las graves acusaciones del presidente colombiano, podría resucitarse aquel himno anti-dictatorial al Teniente-Coronel venezolano.

No estoy aún preparado para escribir algo que me requiera pensar mucho, aún estoy hecho una “piltrafilla” pero hoy no podía dejar de enlazar unas líneas para hablaros de Gervasio Sánchez (Gerva). Nos conocimos en julio de 1993, en Sarajevo sitiado por el odio de quienes no podían soportar la tolerancia cultural y religiosa que existía en la bella capital Bosnia. No había electricidad en la ciudad y varias noches cenamos los dos, con velas, en la misma mesa del Holyday Inn, con los cortinones negros que nos tapaban del enemigo, situado a poca distancia del restaurante del hotel. Gervasio me descubrió como un veterano de la guerra de Suez (1956) y de Sierra Maestra (1957) del que nunca había oído hablar y yo me encontré con una nueva generación de corresponsales de guerra que hacían un trabajo de información y de restablecimiento de la verdad ante las intoxicaciones de los poderes políticos. De todos ellos, “Gerva” ha destacado por ser un hombre que fotografiaba a un herido de Angola, Camboya, Sierra Leona, Irak, Afganistán y volvía, tiempo después, para fotografiar lo que había sido de la vida de aquel mutilado o mutilada. Lo considero un “notario de los llamados daños colaterales”. Cuando se comunica oficialmente que ha dado muerte a 15 “insurrectos”, traducimos “unos sospechosos y la mayoría mujeres y niños”. Las guerras terminan y los corresponsales de guerra se marchan a la siguiente, la “tribu”, como nos bautizó Manu Leguineche, va de conflicto en conflicto. Allí, en Sarajevo, estuvieron Julio Fuentes y Miguel Gil, caídos en otros frentes, Afganistán y Sierra Leona respectivamente.
Sentencia leve para lo que las víctimas esperaban pero sin pruebas, un tribunal no puede juzgar y menos condenar. Los 


