Marilyn Monroe y yo
Nunca he tenido a Marilyn Monroe, Norma Jean, a tiro de mis cámaras. Sin embargo con distancia temporal, y después de muerta, sí tuve algo que ver con sus últimos momentos. Me explico. Yo llegué a Nueva York en octubre de 1962, justo cuando se iniciaba la famosa crisis de los misiles en Cuba. A John Fitgerald Kennedy le quedaban 13 meses de vida y estaba dispuesto a impedir que Khrushev convirtiese la isla caribeña en un arsenal nuclear a las puertas de EE.UU. Por aquellas fechas, me telefoneó Bert Stern, un buen fotógrafo neoyorquino. Quería verme porque Jack Lowe, fotógrafo del presidente desde sus tiempos de senador por Massachussets, le había dicho que yo era el Redactor Jefe de Delta Press en París y que tenía muchos contactos con toda la prensa europea de calidad, Paris Match, Stern (Alemania), Epoca (Italia), Gaceta Ilustrada, Blanco y Negro (España), Sondagsvriend (Holanda), Eikones (Grecia), etc… Me guardé de decirle que había renunciado al cargo unos meses antes. Me comía la curiosidad y no era el momento de defraudarlo. Nos vimos en mi piso, en el 230 East 53rd y me enseñó un reportaje que había realizado en Las Vegas para la revista Vogue. La modelo no era otra que Marilyn Monroe. Le pregunté: “¿Pero si está desnuda?”. Se sonrió y me dijo que tenía que contarme la historia desde el principio.
Bert Stern estaba alojado en Los Angeles y Marilyn en Las Vegas a finales de julio-principios de agosto 1962 . Durante los días que estuvo trabajando con ella, tomaba el avión a diario y regresaba a L.A. una vez concluida la jornada de fotografía. En Las Vegas se quedaba la actriz y el equipo de peluquería, maquillaje y vestuario. En una de esas noches, Bert acababa de regresar a Los Angeles cuando Marilyn le llamó por teléfono. “¿Puedes volver ahora mismo a Las Vegas?” De todas las extravagancias que se atribuían a la star, esta le parecía al fotógrafo la más inaceptable. “No puede esperar a mañana. Quiero que me fotografíes desnuda”. Me pude imaginar la rapidez con la que mi colega volvió al aeropuerto y tomó un avión del shuttle. Hay que decir que en aquellos tiempos había un puente aéreo continuo, día y noche, entre las dos ciudades, el vuelo duraba unos 70 minutos. Cuando Bert llegó a Las Vegas, se encontró con una mujer alegre pero no embriagada. Estaba vestida con un simple deshabillé. Y tras ofrecerle un Bourbon, se desnudó y empezó la sesión. Duró casi toda la noche. Bert hizo cientos de fotos del entonces cuerpo más deseado del mundo. Quedaron en no tener sesión de fotos para Vogue al día siguiente. Bert regresó regresó a Los Angeles y durmió como un tronco durante gran parte del día.
Cuando despertó aquel, 4 de agosto de 1962, se enteró de que Marilyn había aparecido muerta en su apartamento. Bert se quedó de piedra. ¿Qué había pretendido Marilyn con aquella serie de desnudos? ¿Una venganza contra alguien? Se hablaba de sus relaciones con los hermanos John y Robert Kennedy, presidente y ministro de justicia, respectivamente. ¿Un regalo para quienes la habían idolatrado en vida? Pasadas unas semanas, Bert intentó vender su serie de desnudos. Todas las puertas se le cerraron. El reportaje era y sigue siendo excelente. Solo la revista EROS, de gran calidad pero circulación limitada, aceptó publicarlo. Armado con un ejemplar de la revista que lo publicó, y después de haber examinado las planchas de contacto, intenté vender aquel trabajo con Stern, Paris-Match, el Sunday Times, Sie und er, Bunte y algunas más. Todos argumentaron lo mismo: “Nadie querrá que destruyamos la imagen sensual de Marylin. Nuestros lectores se volverán contra nosotros.” (más…)

Nicolas Sarkozy levantó grandes esperanzas en toda Europa. Su dinamismo, que ahora se ha demostrada que es una hiperactividad errática, plantea más problemas que soluciones. Tenía que cambiar una actitud derrotista de un país que, desde el inicio de la Comunidad del Carbón y Acero de 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial, junto con Alemania, hizo realidad una utopía. Aquella Francia de Robert Schuman y Jean Monet, con el alemán Konrad Adenauer y el italiano Alcides de Gasperi, tenía
Los milicianos de Moqtada Al Sadr, el Ejército del Mahdi (chií) combaten en la zona de Basora, segunda ciudad del país, contra el Ejército iraquí, también compuesto principalmente de chiíes. 
Siempre me han llamado la atención las cualidades humanas del pueblo judío. No sólo porque es el más antiguo de los que han sobrevivido apegado a sus raíces sino porque, a la vez, es capaz de representar todas las sensibilidades del ser humano. Son un variado caleidoscopio de todas las razas, costumbres, líneas de pensamiento, cualidades y defectos del individuo. Cuando Amos Oz estaba pronunciando su magnífico discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, me estaba acordando de Shlomo ben Ami, de Barbara Probst Solomon, de Bob Dylan, de Isaak Rabín, de Arthur Rubinstein, de Daniel Barenboim. Una pléyade de hombres y mujeres que se han dedicado a defender los derechos humanos y, entre estos, la abolición del racismo. ¿Hay racismo en todos los países y en muchos pueblos? Desde luego. El racismo es poco apreciable cuando una sociedad es endogámica y vive encerrada en sí misma. El progreso viene del conocimiento del otro, no de su ostracismo. La lección que se desprendía de Amos Oz es un leit-motiv para las personas que se conocen. Su alegoría de las dos mujeres asomadas a la ventana, una judía y otra palestina, que no conocen la casa de la otra, ni sus pensamientoss, ni sus preocupaciones, es la escenificación del drama que enfrenta a los dos pueblos.
Parece vergonzoso que el hombre que triunfó de 6 gendarmes marroquíes y una docena de cabras en
Hablar de la
Se ha empezado a hablar de las diversas formas en que se crucificaba en tiempos de Cristo. El descubrimiento en 1968 de un esqueleto que fuera crucificado cerca de Jerusalén, permitió ver la postura adoptada por un crucificado. Ello ha servido a Simón Elliott, diseñador, a comentar la obra de la BBC Televisión, La Pasión, en cuatro capítulos. 
No conozco un sólo corresponsal que haya cubierto temas de Oriente Medio, que se creyese las mentiras que montó George W. Bush para
Conocí Africa del Sur cuando 

