30 Marzo 2008

Marilyn Monroe y yo

Archivado en: General, Fotografía, Periodismo, Estados Unidos — Enrique Meneses @ 20:37

Foto:Bert SternNunca he tenido a Marilyn Monroe, Norma Jean, a tiro de mis cámaras. Sin embargo con distancia temporal, y después de muerta, sí tuve algo que ver con sus últimos momentos. Me explico. Yo llegué a Nueva York en octubre de 1962, justo cuando se iniciaba la famosa crisis de los misiles en Cuba. A John Fitgerald Kennedy le quedaban 13 meses de vida y estaba dispuesto a impedir que Khrushev convirtiese la isla caribeña en un arsenal nuclear a las puertas de EE.UU. Por aquellas fechas, me telefoneó Bert Stern, un buen fotógrafo neoyorquino. Quería verme porque Jack Lowe, fotógrafo del presidente desde sus tiempos de senador por Massachussets, le había dicho que yo era el Redactor Jefe de Delta Press en París y que tenía muchos contactos con toda la prensa europea de calidad, Paris Match, Stern (Alemania), Epoca (Italia), Gaceta Ilustrada, Blanco y Negro (España), Sondagsvriend (Holanda), Eikones (Grecia), etc… Me guardé de decirle que había renunciado al cargo unos meses antes. Me comía la curiosidad y no era el momento de defraudarlo. Nos vimos en mi piso, en el 230 East 53rd y me enseñó un reportaje que había realizado en Las Vegas para la revista Vogue. La modelo no era otra que Marilyn Monroe. Le pregunté: “¿Pero si está desnuda?”. Se sonrió y me dijo que tenía que contarme la historia desde el principio.

Bert Stern estaba alojado en Los Angeles y Marilyn en Las Vegas a finales de julio-principios de agosto 1962 . Durante los días que estuvo trabajando con ella, tomaba el avión a diario y regresaba a L.A. una vez concluida la jornada de fotografía. En Las Vegas se quedaba la actriz y el equipo de peluquería, maquillaje y vestuario. En una de esas noches, Bert acababa de regresar a Los Angeles cuando Marilyn le llamó por teléfono. “¿Puedes volver ahora mismo a Las Vegas?” De todas las extravagancias que se atribuían a la star, esta le parecía al fotógrafo la más inaceptable. “No puede esperar a mañana. Quiero que me fotografíes desnuda”. Me pude imaginar la rapidez con la que mi colega volvió al aeropuerto y tomó un avión del shuttle. Hay que decir que en aquellos tiempos había un puente aéreo continuo, día y noche, entre las dos ciudades, el vuelo duraba unos 70 minutos. Cuando Bert llegó a Las Vegas, se encontró con una mujer alegre pero no embriagada. Estaba vestida con un simple deshabillé. Y tras ofrecerle un Bourbon, se desnudó y empezó la sesión. Duró casi toda la noche. Bert hizo cientos de fotos del entonces cuerpo más deseado del mundo. Quedaron en no tener sesión de fotos para Vogue al día siguiente. Bert regresó regresó a Los Angeles y durmió como un tronco durante gran parte del día.

Cuando despertó aquel, 4 de agosto de 1962, se enteró de que Marilyn había aparecido muerta en su apartamento. Bert se quedó de piedra. ¿Qué había pretendido Marilyn con aquella serie de desnudos? ¿Una venganza contra alguien? Se hablaba de sus relaciones con los hermanos John y Robert Kennedy, presidente y ministro de justicia, respectivamente. ¿Un regalo para quienes la habían idolatrado en vida? Pasadas unas semanas, Bert intentó vender su serie de desnudos. Todas las puertas se le cerraron. El reportaje era y sigue siendo excelente. Solo la revista EROS, de gran calidad pero circulación limitada, aceptó publicarlo. Armado con un ejemplar de la revista que lo publicó, y después de haber examinado las planchas de contacto, intenté vender aquel trabajo con Stern, Paris-Match, el Sunday Times, Sie und er, Bunte y algunas más. Todos argumentaron lo mismo: “Nadie querrá que destruyamos la imagen sensual de Marylin. Nuestros lectores se volverán contra nosotros.”

Al leer en El País de hoy, día 30 de marzo de 2008, que el escritor francés Michel Schneider, basándose en escritos de Ralph Greenson, psicoanalista de las estrellas, que trató a Marilyn durante tres años y luego la abandonó para irse a Viena, publica un libro titulado, en su edición española, Últimas sesiones con Marilyn (Alfaguara). En su libro dice él mismo, hablando de la actriz, que había escrito “una novela falsa, una narración en la que todo es verdad y real, pero nada exacto”. Da la sensación de quererse cubrir las espaldas. A mi no me cuadran algunas cosas: Schneiderl dice que Marilyn murió en Los Angeles, Bert Stern me dijo que fue en Las Vegas, y que las fotos las hizo el día antes de su muerte. Yo las vi todas, entre las seleccionadas por EROS y las planchas de contacto que me enseñó Bert.

El artículo de El País, firmado por Jesús Ruiz Mantilla, va ilustrado con un fotograma del reportaje de Stern sacado de la plancha de contacto que tuve en mis manos. Lo de Marylin Monroe viajando con cuatrocientos libros en su equipaje parece fuera de lo razonable. No puedo hacer la crítica del libro puesto que no lo leí pero me parece un poco oportunista utilizar lo que en la jerga llamamos “un refrito”. La ilustración de El País es un fotograma de una de las planchas de contacto de Bert Stern, al que creo más que a Michel Schneider por lo que él mismo dice de su obra.

9 comentarios »

  1. No entiendo lo que es cuadrar ni lo que es razonable. Perdón, sólo sé que estuve enamorado, por años, de la Monroe.

    Comentario por dotrifaldi — 30 Marzo 2008 @ 23:21

  2. Es interesante el dato, señor Meneses, porque si es como dice puede interpretarse que Marilyn se suicidó de una forma calculada y dejo su testamento gráfico a modo de un ” ahí queda eso”. No se si con intención de dañar o no, pero solo por el gesto torero deberían haberse publicado en su día.

    Comentario por surco — 31 Marzo 2008 @ 21:55

  3. ¡Cómo han cambiado los tiempos!!

    Hoy en día sería impensable que una publicación aduciera semejantes motivos a la hora de negarse a publicar unas fotos, y mucho menos para “destruir una la sensual” de uno de los iconos cienmatográficos por excelencia.

    Es un lujo y un verdadero placer poder participar en este blog.

    Un saludo.

    Comentario por Daniel Prieto — 1 Abril 2008 @ 11:50

  4. Se dice que M.M. nunca llevaba bragas (bueno, sería en su vida privada, y no en sus pelis como se demuestra en la famosa escena sobre el respiradero del metro). Si lo de las bragas es verdad, no entiendo tanto remilgo a que los demás podamos disfrutar contemplando su maravilloso cuerpo sin “tapujos”.
    ¿De verdad que solo han sido publicadas desde entonces en ese medio que se cita, y parcialmente?.
    Lo dicho:
    Se convierte en una pena,
    la unión entre moral y pela

    Comentario por salva — 1 Abril 2008 @ 14:25

  5. Lo que he podido saber de su vida en alguna peli para la television me ha despertado una gran ternura y mucha pena.

    Comentario por erwillillo — 1 Abril 2008 @ 14:46

  6. ¡¡¡ Feliz Día de la Victoria para Don Enrique y para Todos !!!

    Tal día como hoy, el marxismo sanguinario y genocida fue derrotado en España. En nuestra patria los rojos mordieron el polvo 50 años antes de la caída definitiva del telón de acero que envió a la izquierda al cubo de la basura de la historia universal, dando una vez más la razón a nuestro precursor e invicto caudillo.

    Abajo la masonería y el socialismo internacional. ¡¡¡Arriba España!!!

    LXIX AÑO TRIUNFAL

    Comentario por Paco — 1 Abril 2008 @ 16:10

  7. Permítame, Enrique, pegarle .

    Les tengo a ustedes dos cerquita en mis suscripciones y no lo he podido evitar.

    Comentario por Ibon — 1 Abril 2008 @ 19:34

  8. Perdón. Me falló el html.
    Quería decir que me permitiera pegarle este enlace de Rafael Reig http://xrl.in/o9.

    Comentario por Ibon — 1 Abril 2008 @ 19:36

  9. ¡Otro que anda suelto llorando a su adorado y tocayo claudillo, (perdón, D. Claudio)!

    Comentario por salva — 1 Abril 2008 @ 20:08

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