USA: Jugar con “derrota” y “dignidad”
Si hay algo que el americano no soporta es la idea de que alguien le pueda vencer. Dos siglos de literatura y Hollywood han creado un imaginario que nos hace sonreír y pensar que son como niños. Ellos siempre son ganadores, ya sea en las praderas de las Dakotas o en las Playas de Normandía. Si un guionista -como le sucedió a un amigo mío francés- les lleva un excelente tema bélico, lo primero que le piden es que el héroe sea estadounidense y no francés. Las docenas de películas, en las que la humanidad está amenazada por extraterrestres, ha mostrado siempre un americano o un grupo de ellos, enfrentándose a la invasión galáctica o a una plaga virulenta que corre el riesgo de acabar con la población del planeta. Se ha incrustado en la mente de los ciudadanos que la Hombría es tan símbolo de los EE.UU. como nuestro Don Quijote de la Mancha o el Toro de Osborne. Todos son John Wayne.
Esta consideración nos lleva al corazón del dilema: ¿abandonar Irak con dignidad o seguir luchando y haciendo creer a la gente que Al Qaeda fue derrotada pero que Irán ha sustituido a la organización de Osaba bin Laden en el escenario iraquí? Los Estados Unidos tienen un viejo contencioso con Irán. Marcaron su política a contrapelo de la población iraní desde los tiempos de Jimmy Carter y su desastrosa expedición militar al desierto de los persas, en tiempos de los rehenes de la embajada de EE.UU.. “Con Al Qaeda derrotada tras los éxitos de la ofensiva de EE.UU. la atención se vuelve hacia la influencia iraní en la región”… “Irán debe dejar de armar y sostener las milicias shiíes en Irak o tendrá que vérselas con nosotros”, dijo Bush. Añadió que no quería una guerra con ese país y preferiría que hubiese una solución diplomática. En la antigua Persia los americanos descabalgaron el régimen de Mohammad Mossadegh que había nacionalizado el petróleo anglo-americano e impusieron el Sha Reza Pahlevi. Cuando no les sirvio, permitieron su derrocamiento y la llegada de los Ayatolás con la República Islámica. Ahora es esta la que les molesta porque ambos se disputan la influencia en Oriente Medio.
Los tres candidatos a la Casa Blanca se han visto enfrentados esta semana con varias audiciones del Congreso, una de ellas con el general David Petraeus, el hombre que lleva un año dirigiendo la guerra en Irak, sobre el terreno. Le acompañaba el embajador de los EE.UU. en Bagdad, Ryan C. Crocker. El primero tuvo que confesar: “no vemos ninguna luz al final del túnel”. Sus palabras favorecían a los dos candidatos demócratas, especialmente a Barack Obama y sus tesis antibélicas. Pero Petraeus ha dejado una frase que favorece a John McCaine: Los progresos conseguidos en los últimos meses son “frágiles y reversibles”. declaró el general. McCaine se apresuró a decir que “son progresos que nos demuestran que el éxito está al alcance (de la mano)“. El americano medio está dividido entre acabar con esta guerra con “victoria y dignidad” u olvidarse de ambas y devolver a sus familias los 140.000 soldados, sanos o heridos. En España tuvimos los que preferían un puesto destacado en las páginas de la Historia y llamaron “cobardes” a los que se retiraron. Ninguno de estos críticos era hijo o hermano de quienes fueron destinados al frente “hortofrutícola” que se nos asignó. Las angustiadas familias aplaudieron la medida. Nuestro “Hollywood system” no tiene ningún John Wayne.





¿Es posible para Estados Unidos abandonar Iraq con dignidad? Estados Unidos ya se retiró inignamente de Vietnam hace más de 30 años, después de una guerra que era tan inútil y estaba tan perdida de antemano como esta. Pero es que en este caso el ejército estadounidense no sólo está perdiendo la guerra, es que ni siquiera sabe a ciencia cierta contra quién la está perdiendo, no dejará el país en manos de un gobierno fuerte y organizado sino del caos. Extender la guerra a Irán sólo puede tener un sentido: mantener en marcha una economía de guerra que sólo beneficia a unos pocos y que, como ha señalado recientemente el economista Joseph Stiglitz, está resultando desastrosa para la economía mundial.
El único candidato a la presidencia que parece tener un plan para retirar las tropas en un plazo más o menos determinado (a finales de 2009) es Obama, el de los único de los tres que se opuso en su día a la guerra. Si ganase, ¿podría Obama detener la inercia de la guerra y desmontar la gigantesca maquinaria militar puesta en marcha por la Administración Bush?
Me temo que quizá estemos ante una guerra que, de una forma u otra, va a seguir en marcha durante décadas, con un coste humano de dimensiones apocalípticas.
Un saludo
Comentario por Carlos Sardiña — 13 Abril 2008 @ 16:09
Pocas veces me quede pensando con algo tan simple como esto, pero a la vez tan complejo. Felicitaciones, gran post.
un saludo
Comentario por Tomás Ferrero — 13 Abril 2008 @ 18:55
“Una retirada a tiempo es una victoria”. Para cualquiera menos para los USA. Para ellos una retirada siempre es una derrota. Y estamos obviando el tema economico que siempre se controla mejor de cerca y con las armas.
Comentario por ANTI BLOG — 13 Abril 2008 @ 23:49
Qué desastre. Qué pena. Qué collejas le daría al menda este en primer plano de la foto.
Comentario por erwillillo — 14 Abril 2008 @ 15:50
El ejército USA nunca se retira: Da media vuelta y sigue avanzando.
Comentario por salva — 14 Abril 2008 @ 21:30