La Sharia se acerca a El Cairo
He vivido casi siete años en Oriente Medio, cubriendo siete países pero con residencia en El Cairo. Me llega la noticia de que uno de los hoteles con nombre americano, el Grand Hyatt, propiedad del saudí Jeque Abdelaziz Ibrahim Bin Ibrahim, casado con una hermana del rey Abdalá de Arabia, ha prohibido que se sirva alcohol en su establecimiento. En Egipto el alcohol, para quien quiera beberlo, siempre estuvo disponible. Hay incluso producción de vino como el Cru des Ptolomées y el Clos Mariut. También se fabrica mucho Arak o Zibib (aguardientes de todo Oriente Medio). En Jordania, los carmelitas producen y venden Vin du Carmel. No es malo pero lo estropea el tapón metálico tipo Coca-Cola. No usan corcho.
Regresaba con mi familia del corazón de Africa y entre Juba y Kosti, nos enteramos por la emisora del barco de la compañía francesa Grands Travaux de Marseille, que construía el Canal de Jonglei (un crimen ecológico), de que en Jartum se había decretado la Sharia, la ley islámica. Como el capitán del barco era bretón, no nos faltó vino durante los días que duró la travesía ni cerveza en un campamento americano de la Exxon que visité con el capitán del barco. Estaban buscando petróleo en la región. “No beer, no petrol”, nos dijo el jefe de los yanquis. Durante ese viaje, el pakistaní que subió con su enorme grúa el Pegaso de 10 toneladas que llevábamos, fue muerto por los rebeldes de Garand, el líder cristiano de los sudistas. Es una sociedad cristiana o animista, enfrentada con el islamismo del Norte.
Cuando llegamos a Jartum, llenos de la mierda de las pistas del sur, elegí el Hotel Meridien, perteneciente a Air France, para que la expedición pudiese saborear un poco de lujo en los cuartos de baño. En el comedor, nos recordaron la Sharia que implica la ley seca. El Maître francés nos contó que unos días antes, nada más anunciarse la prohibición del alcohol en todo el país, aparecieron mozalbetes exaltados con una apisonadora y fueron colocando dos centenares de botellas con bebidas alcohólicas, desde exquisitos vinos franceses a Champán Moët & Chandon, y destruyeron todo bajo el enorme rodillo del vehículo. Sólo nos podían ofrecer Carcadé (Hisbiscos), una infusión que no pegaba nada con un tournedo o unos escalopines. Le auguro poco turismo occidental al Hotel Grand Hyatt por la supresión del servicio de alcohol y, probablemente, le retiren el derecho a utilizar el nombre de la franquicia, junto con alguna de sus estrellas.
Los saudís pertenecen a la rama wahabita del Islam, la más estricta de esta religión. En Riad, la capital, el doctor Alexander (Alejandro, español) me contaba que el whisky llegaba a la capital por caravanas procedentes de los Emiratos y que los diversos principes financiaban el negocio. Se organizaban verdaderas batallas en el desierto si el ejército sorprendía a los contrabandistas. Había orden de no tomar prisioneros, por temor a que diesen el nombre del príncipe que financiaba la operación. Los whiskies que tomamos aquella noche, en casa de Alejandro, procedían de las embajadas de Italia y Francia, un cuarto de botella cada uno, restos de anteriores expediciones de contrabandistas. Cuando llegué a Riad, llevaban un mes sin suministros.
Me hubiese gustado organizar un encuentro con un especialista del Corán para ver cómo se puede acabar con la prohibición del alcohol y del cerdo, cuyo origen es lo mal que sienta esa bebida en el desierto y el peligro de la triquinosis en tiempos de Mahoma. El aire acondicionado permite beber moderadamente y el jamón no produce enfermedades en nuestros días. Además, cualquiera que fuese por las discotecas de la Place du Canon en Beirut, se topaba con dos o tres príncipes saudíes borrachos perdidos. Pero ellos están por encima del Bien y del Mal.





Buenos días, Enrique,
Suelo quedarme con las ganas de comentar tus posts, así que hoy me paro y te felicito por el post, tan propio de tu escritura, y tan interesante. En cuanto al último párrafo, me da pena que ni en España discutamos más los musulmanes estas cuestiones. No sé si sabes que estudio la poesía árabe clásica amorosa, el gazal, que combina las metáforas báquicas con las líricas y arquitectónicas, y es de una gran belleza. Creo que es una pérdida para nuestras vidas no saber disfrutar de cosas buenas como un buen vino. Y seguir siendo uno mismo.
Con la paz,
Comentario por abenyusuf — 28 Mayo 2008 @ 11:28
¿Me traiciona la memoria o lo que estaba prohibido era la embriaguez y no el vino (que es una interpretación posterior)?
Comentario por David — 28 Mayo 2008 @ 13:45
En mi época juvenil se comentaba a menudo esta anécdota atribuida a un moro:
“Me gusta el jamón de jabugo y el vino de rioja. Creo que la única ley buena que hizo Mahoma es la poligamia”.
Que nadie se ofenda: Se nota claramente que es una broma de la época.
Comentario por salva — 28 Mayo 2008 @ 14:37
La triquinosis en España aún se produce, mi hija la cogió en Coria del Rio hará unos 14 años, sigue habiendo impresentables que cazan jabalies o que matan cerdos, ahorrandose los euros ( entonces pesetas) que cuesta el veterinario.
Cuando se detecta y constata la enfermedad es “imposible” denunciar al causante - pasan demasiados días-.
Es importante que no se crea que es una enfermedad erradicada, lo es en tanto en cuanto no se baje la guardia y haya multas millonarias al que no cumpla la Ley.
Salud para todos y que sigamos disfrutando de sus escritos, que yo no me pierdo.
Comentario por Pinog — 28 Mayo 2008 @ 15:53
Estimado David,
en el Corán hay varias referencias al vino, unas más censuradoras del producto y otras más generales sobre sus efectos embriagantes. Se puede saber cúales fueron dictadas primero, y por lo tanto abrogadas por las posteriores, pero es una lógica que cabe cuestionar. En efecto, también es legítimo pensar que la censura posterior era más específica y por lo tanto más relativa a un contexto. Ergo más susceptible de ser cuestionada y revisada en su aplicación a otro contexto, sincrónico o diacrónico..
La escuela hanafí, una de las cuatro reputadas canónicas de la jurisprudencia clásica, deja entender que tolera el consumo moderado de bebidas alcohólicas. Así se explica la relación de los turcos, mayoritariamente hanafíes, con ciertas bebidas, que no es exactamente igual a la de los magrebíes o los egipcios, sin hablar de los oriundos de la Península Arábiga. En otro contexto, Sudán, el erudito islamista Hasan Al-Turabî, tildado de forma un tanto infundada de mentor ideológico y protector de Bin Laden en los noventa, hizo declaraciones explícitas desmarcándose de la intransigencia de los ulemas con los musulmanes que beben alcohol. Lo remitió a una cuestión de responsabilidad personal, en la misma línea que otras de sus declaraciones dirigidas a la prensa árabe, en un guiño constante a las clases medias con ansias de aperturismo.
Un abrazo, David. Me acuerdo mucho de ti, y me alegro de leerte en el blog de Enrique.
Con la paz,
Comentario por abenyusuf — 28 Mayo 2008 @ 23:11
Bueno, aquí también debería añadir mi comentario como española residente en Egipto. El tema del alcohol en este país sólo me lleva a pensar en una cosa: hipocresía. Es verdad que, como todo en esta vida, el exceso de alcohol, la embriagued… no es buena. Pero entonces aquéllos que más predican, deberían tomar ejemplo. Y, ¡por supuesto que hay alcohol en Egipto! el vino, por cierto, malísimo… la cerveza… bueno.. lo digo porque algunos amigos ya me están enviando emails en plan ‘tía donde te has metido’… los wahhabitas son otro mundo, esto habría que explicarlo bien.
Salama!
Comentario por itxa — 29 Mayo 2008 @ 13:11
Tienes razón, los vinos son horribles. Me olvidé de la cerveza Stella y los cigarrillos Wings (con tabaco turco pero fabricados en Alejandría).
Por supuesto que los Wahabitas son de Arabia Saudí. El ingente dinero que tienen está costeando mezquitas en todas partes, hasta en España. Quiero mucho a Egipto y sería el último en decirte “¿Donde te has metido, chica?”
Métete por todas partes y regatea, aprende lo que puedas de su idioma y sus costumbres, visita la campiña y charla, aunque sea con las manos, con los felajin. procura tranquilizar a la gente. El turismo es asustadizo.No veas las cancelaciones de viajes a España cuando hay un atentado de ETA.
¡Marsalam, habiba!
Comentario por Enrique Meneses — 29 Mayo 2008 @ 16:06
ya habibty, por supuesto que me estoy metiendo en todas partes (algunas, donde incluso no deberia, perooo….) Adoro el idioma arabe incluso en su vertiente más clásica.
Bueno. El turismo es asustadizo, pero a veces me cuestiono quien es realmente el ‘lerdo’, si los egipcios (como la mayoría de los turistas piensan cuando vienen y les hablan como a niños de 4 años), o los propios turistas (considerénme una de ellas en los primeros días de esta visita que se ha convertido residencia). El tema es que ahora va a haber un boombazo cuando se vaya dando cuenta la gente de que en Assuan y Luxor ya no venden productos made in Egypt, sino made in Chine!!
ma3 elsalama!
Comentario por itxa — 30 Mayo 2008 @ 9:23