¿La torre de Babel? ¡Por favor!
Yo tenía 6 años en octubre de 1936 cuando entré en el Colegio de Saint Louis de Gonzague de Biarritz (Pays Basque, Francia). Como no sabía el francés, me sentaron al lado de un niño español que sí lo hablaba. Patrick de la Sota, era de familia vasca separatista. En un momento de la clase tuve necesidad de orinar y le pregunté a Patrick que cómo se solicitaba permiso en francés. “Madame est-ce que je peux aller pisser?” (Señora ¿puedo ir a mear?) Me lo tuve que repetir varias veces mientras el asunto se hacía más apremiante. Por fín solté la dichosa frase y una carcajada general la acogió en la clase. Recuerdo la vergüenza, de pie, sin entender el reproche de la maestra. Al año siguiente se le acabó el dinero a mi padre y fuimos a la entonces magnífica escuela pública francesa. En casa hablábamos castellano y con los amigos o en clase, era el francés el que imperaba.
En 1941, ya en París en 1941, en la escuela pública de la rue Chernoviz, un día apareció un oficial alemán. La clase se puso en pie. Le acompañaba el director de la escuela. “Quiero que me entreguen cada uno de ustedes su libro de Historia, el Michelet. Se lo devolveremos dentro de unos días. No olviden poner nombre y apellidos”. Uno de mis compañero fue recogiendo los libros y entregándoselos al oficial. Una semana más tarde recuperamos el Michelet y todos nos tiramos a ver qué cambios había sufrido. Yo tenía 12 años y a esa edad no éramos unos ignorantes sobre lo que sucedía en Francia y Europa. En el libro se decía que el Canciller Bismarck había provocado la guerra de 1870 que le había enfrentado a Francia. La página había sido reemplazada por una que presentaba al “Canciller de Hierro” como un líder que intentaba la unificación de Europa por los mismos medios que los romanos, Carlomagno y Napoleón.
A las pocas semanas, volvió el oficial alemán y en la lista de alumnos que le había entregado el director, fue apuntando la respuesta de cada alumno “¿Qué idioma extranjero quiere estudiar?”. Aunque había rechazado antes a algunos compañeros la opción del inglés, cuando me tocó el turno, insistí:”Inglés”. “Solo puede usted estudiar alemán, italiano o español” respondió impacientándose. “¡Pues español!”. Hubiese aprendido alemán si no me hubiesen forzado a ello. ¿Cómo aprendí el inglés? En 1944, a mi padre le ofreció Gainza Paz trabajar para su periódico en Buenos Aires. Él obtuvo, como periodista, prioridad en el vuelo del Clipper. Nosotros tuvimos que aguardar plaza en el barco español “Cabo de Hornos” que tenía una larga lista de esperas cercana a los 8 meses. Mi madre nos metió en A Escola francesa de Lisboa, el equivalente a Liceo Francés. En el Casino de Estoril, a los extranjeros les daban un carnet de entradas al establecimiento, con el deseo de que jugasen y perdiesen. Mi padre nunca fue jugador de casinos. Utilizábamos los vales del Casino para ver cada noche una película diferente, todas en inglés y subtituladas en portugués. Así aprendimos el inglés y el portugués, mis hermanos y yo. ¡Lo que hubiese ganado España si no se hubiesen doblado las películas!
La mejor manera de aprender idiomas es desde la más tierna infancia. En colegios bilingües los chavales hablan en el recreo y fuera de clase en la lengua del país aunque dentro del colegio se le den los cursos en otro idioma. Mis tres hijos y yo tenemos el bachillerato español y el francés. Ellos al mismo tiempo; yo por dificultosa convalidación. Es evidente que el Liceo Francés de Madrid te ofrece asignaturas netamente españolas como Historia/geografía de nuestro país pero es absurdo que se cambie de idioma para matemáticas, física o química. En casa todos hablamos 3 idiomas como mínimo. Mi madre era medio italiana y ello me facilitó el aprendizaje del idioma. No sólo no se producen confusiones en el cerebro cuando se habla varios idiomas sino que el conjunto, mejora. ¿No ha dado Cataluña buenos escritores en castellano? Escriben en castellano y no lo hacen en catalán porque se cerciorarían una parte de su mercado. Los catalanes son conscientes de que son 6 millones contra 400. Ellos mismos saben lo que quieren para sus hijos. No son tontos. Su lengua materna no es obstáculo para que aprendan otras. Me parece muy bien que defiendan su idioma. En su día taché de estupidez las guerras de la ikurriña, hoy me parece excesiva la controversia de las lenguas vernáculas y el castellano. Cuantos más idiomas sepa la gente, mejor. Mi hija mayor lee, escribe y habla el árabe clásico como cuarto idioma después del español, francés e inglés. La segunda habla estos tres y el alemán hasta el punto de haber dirigido una empresa química en Alemania durante 5 años con gran éxito. Francés, español e inglés, con estos tres idiomas se puede ir por el mundo sin problemas. Pero los tres trabajaron en países anglófonos para dominar el idioma. Dejemos pues el problema de las lenguas vernáculas dentro de su ámbito natural y saquémoslo del campo de la política. No hay razón de que exista como problema. Otra cosa es que un grupo de mismo idioma, pudiendo evitarlo, se ponga a hablar en su lengua sin importarle los que no la entienden. Eso más que problema idiomático, es cuestión de educación.

Siempre quise ayudar a los que emprendían viajes a lugares poco frecuentados sin pasar por agencias. El placer de organizarse uno mismo con su pareja o acompañante, exige documentación y arriesgarse a calcular mal los gastos totales. Las embajadas de España no están para prestar dinero a sus conciudadanos sino que, además del cumplimiento de su labor diplomática, presta apoyo en caso de arrestos o accidentes. En grupo, el guía suele alertar de lo que se puede y no puede hacer en los lugares donde transcurre el itinerario previsto. Para quienes van solos, por su cuenta, las cosas son diferentes. Toda responsabilidad recae sobre uno mismo. Fundé el programa de RNE y mi propia revista, ambos con el nombre de “Los Aventureros”, con el afán de ayudar a quienes preferían explorar zonas no previstas en los programas de agencia y mostrar, gráfica o sonoramente, los resultados de la expedición.
Aquella expedición se aprestaba a atacar los cuarteles de Bayamo y Santiago. Treinta hombres ya estaban dispuestos alrededor del primero y 170 estaban haciendo lo mismo alrededor del Moncada cuyos soldados de permiso aún andaban bebiendo ron por las calles de la segunda ciudad del país.
En el post anterior sobre Karadjic, o lvidé mencionar la presencia de Susan Sontag en Sarajevo. Con su mechón blanco y cabello negro, se empeñó junto a Juan Goytisolo, en
El viernes 18 de julio, la Casa Blanca soltaba un acertijo que toda la prensa ha estudiado como si de un jeroglífico se tratase. Traduzco el texto con la salvedad de que los
El carnicero de Sarajevo, su ciudad de adopción, Radovan Karadzic, ha sido detenido como Dr Dragan Dabic, un discreto médico de barba blanca que practicaba la medicina alternativa. He recordado mi estancia en aquellos tres años en que la capital de Bosnia-Herzegovina fue maltratada desde las colinas vecinas mediante morteros y disparos de fusil con mirilla, directamente a la población.
¿Recuerdan el “Eje del Mal”? Irak, Irán y Corea del Norte constituyeron desde la toma del poder de George W.Bush, un trio maléfico para el neocon americano. Se le ha dicho, desde numerosos medios, las razones por las que debía abordar su deseo de ser un War President y buscar soluciones pactadas a través de conversaciones en las que nadie se impusiese a la otra parte.
El presidente de la República francesa necesita que todo sea grandioso, que se presente como un gran avance para Francia, la Unión Europea, las Relaciones Transatlánticas o mundiales. Luego, si se analizan los resultados, estos ocupan como punto final, los beneficios económicos que se lleva Francia.
Las constructoras que empezaron siendo pequeños chiringuitos del mundo del ladrillo, llegaron a ser colosos con pies de barro. Tenían dos formas de prosperar y desarrollarse: disponiendo de los ingresos del 100% de la venta de sus construcciones vía bancos. Estos se hacían con pagos mensuales de hipotecas sobre viviendas u oficinas. Ahora se encuentran convertidos en vendedores inmobiliarios. Otro era dejarte financiar por los bancos para nuevos proyectos, poniendo como garantía los propios terrenos y edificios en construcción. La financiación así obtenida permitía adquirir más terrenos y construir un mayor número de edificios. 

