23 Julio 2008

Radovan Karadzic, doctor muerte

Archivado en: Unión Europea, Internacional, Sin tregua, Derechos Humanos, Historia, Religiones, anecdotario — Enrique Meneses @ 23:14

karadzic-en-mladic240.jpgEl carnicero de Sarajevo, su ciudad de adopción, Radovan Karadzic, ha sido detenido como Dr Dragan Dabic, un discreto médico de barba blanca que practicaba la medicina alternativa. He recordado mi estancia en aquellos tres años en que la capital de Bosnia-Herzegovina fue maltratada desde las colinas vecinas mediante morteros y disparos de fusil con mirilla, directamente a la población. Aquella Avenida de los Franco-tiradores, ancha como la Castellana madrileña, guarda el recuerdo de docenas de muertos y heridos. El Hospital Kosevo había llevado los quirófanos a la parte administrativa porque los serbios ocupaban la zona que dominaba la fachada principal del edificio y disparaban a todo lo que se movía. No había anestesia y al carecer de electricidad, se operaba con cascos de minero, provistos de una linterna con pilas en el casco.

Los jardines y parques fueron convertidos en huertos, al igual que las macetas de las ventanas que  alternaban con jaulas para conejos. Cerca del mercado -donde se produciría una matanza un tiempo después de mi marcha- había un panel de madera donde la gente ponía todo tipo de información, desde la venta de un coche (por falta de gasolina) más un equipo sonoro y una cámara de fotos por unos marcos que hoy representarían menos de 100 euros. La gente se buscaba a través del panel. Se anunciaban las muertes por disparos de franco-tiradores o se anunciaba que fulano y su familia habían conseguido salir de la ciudad atravesando las líneas enemigas situadas en las montañas desde donde causaron 12.000 muertos en la población de Sarajevo. En el Aeropuerto Internacional, sólo aterrizaban aviones de las fuerzas internacionales. Debajo del nombre de la ciudad, una enorme banderola, rezaba “Wellcome to Hell” (Bienvenido al Infierno)

En una entrevista con un policía turístico musulman, descubrí que estaba casado con una mujer ortodoxa y que sus hijos elegirían religión cuando tuviesen edad de comprender. Cuando mencioné a los serbios como enemigos, me corrigió:“Son chetnicks los que nos tienen sitiados. El mando de nuestra defensa está en manos de un serbio. Los chetnicks son serbios fascistas que apoyaron a los nazis durante la guerra mundial.” En cierta ocasión, en el barrio viejo, me encontré con un grupo de judíos que reconocí porque todos llevaban sombrero negro aunque no tirabuzones. Me empezaron a hablar en inglés al ver que era periodista por mis cámaras al cuello. Cuando les dije que era español, se lanzaron a hablarme en ladino. Me preguntaron por la ayuda de Don Juan Carlos I,  “nuestro rey”. Cuando vi la Biblioteca de Sarajevo, llena de incunables, totalmente destruida, me entraron ganas de llorar. Tanta sabiduría e Historia en aquellas montañas de escombros. Me traje un trozo de la bella verja del siglo XIX, como recuerdo.

“Pazi - Snajper!” (”¡Cuidado - Francotiradores!”) en numerosas esquinas aparecía toscamente escrita esta advertencia. Unos autobuses incendiados se colocaban en los cruces para impedir que los tiradores chetnicks distinguiesen quienes cruzaban por detrás. Estamos hablando de las calles que cruzan la Avenida en ancho. Fui a visitar a mis colegas que resistían en el sótano de un edificio desde donde seguían editando cada día unos 300 ejemplares para ahorrar papel y combustible para el pequeño generador que hacía funcionar una vieja imprenta. Las noticias de fuera llegaban por una vieja parabólica chapucera. El té que te ofrecían procedía de botellas puestas al sol en la terraza donde se reunían a jugar a las cartas cuando terminaban de imprimir el diario Oslobodenje (Liberación), fundado en agosto de 1943 para luchar contra los nazis. Llegar hasta el diario, la enviada especial de La Gazette de Genéve y yo, nos obligó a aguantar fuego cerrado en el vehículo de un estudiante que nos cobraba $100 diario por ser nuestro chófer y otros $100 como interprete. Regalé varios paquetes de ducados a los editores, Kemal Kurspahić y Gordana Knezević a cambio del repugnante brebaje que nos ofrecieron. Cada día uno de los redactores tomaba su acribillado coche y llevaba los 300 ejemplares al centro de la ciudad. Recogía noticias de lo sucedido durante la noche y el día anterior y regresaba al periódico. Murieron cinco periodistas bajo las balas serbias de los franco-tiradores. Fueron heridos 25. Oslobodenje ganó el  World Press Review, por su «bravura, tenacidad y dedicación a los principios del periodismo». Entre 1992 y 1996, el diario sólo dejó de salir un día con un equipo formado por bosnios, serbo-bosnios y bosnio-croatas consiguieron sacar adelante el periódico. Una de las bellas páginas de esta Historia del Periodismo de Guerra.

6 comentarios »

  1. Magnífico post. ¡Qué lejos parece todo y qué cercano -temporal y espacialmente- está! Yo estuve en Sarajevo cuando ya había paz. Solía mirar algunos edificios de la susodicha Anvenida y las montañas que rodean la ciudad y pensaba cuán jodido fueros esos 43 meses para la gente de Sarajevo. Esperemos que no se repita.
    Ahora falta que Serbia acabe el trabajo con Mladic.

    Comentario por enric — 23 Julio 2008 @ 23:55

  2. Gracias, periodista, por darnos, con periodicidad, tu punto de vista sobre lo vivido.

    Has visto lo tuyo, y ahora, desde la perspectiva del tiempo nos dejas entrever ciertas intríngulis, ocultas en su momento.

    Es un placer leerte.

    Comentario por ártabro — 24 Julio 2008 @ 1:10

  3. Que bonita la historia del Oslobodenje. No la conocía y me parece increible. Un ejemplo de honestidad, valentía y compromiso con el deber de informar. Que bueno es leer a tipos como usted, con toda una vida dedicada a lo que muchos aspiramos hacer algún día. Ayuda a descubrir historias como estas, que, en el fondo, son las que nos invitan a trabajar por ello.

    Comentario por Lukiner — 24 Julio 2008 @ 12:40

  4. Don Enrique, una vez más un perfecto post con la necesaria información sobre aquellos terribles tiempos que vivimos en Sarajevo.

    Comentario por Javier Bauluz — 24 Julio 2008 @ 14:11

  5. Muchas gracias, Enrique, por haberme regalado este trozo de verja que, como sabes, guardo en un sitio de honor en mi salon.

    Comentario por Annick Duval — 24 Julio 2008 @ 14:32

  6. La ironía es que éste señor como psiquiatra, se dedicara lirismo como poeta, mientras a sus pies y en parques y jardines crecían las flores abonadas por el detritus de sus victimas

    Comentario por La ironía es que éste señor como psiquiatra, se dedicara lirismo como poeta, mientras a sus pies y en parques y jardines crecían las flores abonadas pohostales en cantabria — 25 Julio 2008 @ 12:18

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