Cuba: Madrugada del 25 al 26 de julio 1953
“Poco antes de las cinco de la madrugada del 26 de julio de 1953, hoy hace 55 años, las calles de Santiago de Cuba estaban más frecuentadas de lo habitual a esas horas. El día había sido de juerga y numerosos santiagueros aún festejaban a su Patrono. A nadie le extrañó ver una caravana de 26 vehículos que se dirigía hacia el cruce de las avenidas Trocha y Garzón. Ahí, los vehículos se dividieron en tres grupos que tomaron la Avenida de las Enfermeras. En el último grupo, un hombre alto fijaba su mirada miope en los vehículos que precedían y aferraba sus manos a una metralleta. Aquel hombre se llamaba Fidel Castro, y, con sus dos centenares de compañeros, iba a tallarse un nombre en la historia contemporánea.” (Primer párrafo de mi libro Fidel Castro, Afrodisio Aguado, 1966)
Aquella expedición se aprestaba a atacar los cuarteles de Bayamo y Santiago. Treinta hombres ya estaban dispuestos alrededor del primero y 170 estaban haciendo lo mismo alrededor del Moncada cuyos soldados de permiso aún andaban bebiendo ron por las calles de la segunda ciudad del país. El propósito de la expedición era tomar el segundo cuartel de Cuba aprovechando “el relajo” santiaguero. Dos salidas podía tener la expedición: conquistar el cuartel Moncada o ser derrotados. En cualquiera de los casos, los rebeldes ganaban en notoriedad. Todas las guerras de independencia de Cuba se habían iniciado en la Provincia de Oriente. De allí eran la mayoría de los expedicionarios y los cubanos tradicionalmente más exaltados.
Durante meses, todo fue preparado en el elegante barrio del Vedado. Fidel y sus compañeros pertenecían a la rama joven del Partido Ortodoxo de Eduardo Chibás y todos se sentían frustrados por el golpe de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, fecha en que depuso sin disparar un tiro, al presidente Pio Socarrás. Los “jovenes leones” del Partido Ortodoxo, estaban furiosos por la cancelación de las elecciones previstas para el 1 de junio. Especialmente Fidel Castro, Abel Santamaría, Jesús Montané, y René Guitart, entre otros. Trabajaron duro a lo largo de varios meses, empeñándose y -como dijeron los batistianos- falsificando cheques para adquirir armas. En una finca de Siboney, Ernesto Tizol empezó a esconder las armas que le eran enviadas, ayudado por Haydee Santamaría, hermana de Abel.
A las 3 de la madrugada, Fidel había dado sus últimas instrucciones. Pepe Suárez, Montané y Guitart debían apoderarse por sorpresa de los centinelas del cuartel Moncada. Los uniformes rebeldes se asemejaban a los del ejército y podían ser confundidos con permisionarios que regresaban al cuartel. Raúl Castro, con 22 años, tenía que tomar el Palacio de Justicia situado frente al cuartel e instalar una ametralladora en el tejado. Abel Santamaría con su grupo debían ocupar el hospital Saturnino Lora, situado frente a la entrada principal del cuartel. Otro grupo debía ocupar una emisora de radio por la que radiarían, en caso de victoria, la cinta magnetofónica del último discurso de Raúl Chibás, pronunciado ante la televisión CMQ momentos antes de suicidarse delante de las cámaras.
Un discurso de 9 puntos, redactado por Fidel Castro en forma de Ideario, reclamaba un cambio social y el restablecimiento de la Constitución de 1940. A las 5.15 de la madrugada, se inició el enfrentamiento. Fidel tuvo que cubrir a los hombres de un vehículo que había volcado y del que salian compañeros suyos. El hospital sirvió de refugio para los primeros atacantes heridos. Allí estaba el doctor Muñoz, Haydee Santamaría y Melba Hernández vestidos de médico y enfermeras. Abel había capturado el hospital sin dificultades. El desconocimiento del interior del cuartel, llevó a los rebeldes a la barbería cuando buscaban la armería. Guitart fue uno de los primeros muertos del lado rebelde. Fidel ordenó la retirada.
Los que se refugiaron en el Hospital no tuvieron suerte. Muchos se vendaron y metieron en camas para pasar por enfermos. Un celador los denunció cuando ya se iban los soldados engañados. El doctor Muñoz fue muerto de un balazo en la espalda. Fueron apresados veinte hombres y las dos falsas enfermeras. La mayoría de los rebeldes se replegaron hacia la falda de Sierra Maestra. El general Martín Díaz Tamayo vino urgentemente a Santiago y encomendó al teniente Pedro Sarriá capturar a Fidel ya que lo conocía personalmente. Cuando encontró a los rebeldes, estos estaban desorientados, hambrientos y agotados por la huida. Sarriá susurró al oído de Castro, mientras le registraba, que no se identificase. En lugar de llevarlos al cuartel de Moncada, donde debían ser fusilados tras simulacro de juicio, los ingresó en la cárcel municipal. El arzobispo de Santiago, monseñor Enrique Pérez Serantes, que había bautizado a Fidel, pactó con el coronel Alberto del Rio Chaviano que respetase las vidas de los que se rindieran. Pese a ello, numerosos rebeldes fueron torturados para que implicasen al derrocado Prio Socarrás. A Haydee la llevaron un ojo de su hermano Abel pero ella no quiso confesar la inexistente implicación, y entonces la trajeron el segundo ojo. Abel murió en la carcel.
En aquel juicio hubo muchos incidentes, hasta un intento de liquidar a Fidel por parte del ejército. El líder revolucionario, sin embargo, logró varias cosas: la primera un eco impresionante en la población cubana y especialmente oriental. En segundo lugar fue condenado a 15 años de penitenciaría en isla de Pinos, la “famosa Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson, en el sur occidental de Cuba. También dio nacimiento al Movimiento 26 de Julio, que empezó a desmantelarse por los comunistas después de enero 1959. La gente decía que”la revolución era una sandía: verde por fuera (color del uniforme rebelde) y roja por dentro.” En esta ocasión, tras la sentencia, Fidel Castro lanzó su famoso:“¡ Condénenme ! ¡ No importa ! ¡ La Historia me absolverá !”
Habían muerto 70 de los 200 insurrectos. Los supervivientes vieron posteriormente sus condenas reducidas. La semilla de la revolución o guerra civil había sido plantada y empezaría a dar sus frutos en diciembre de 1956, un año antes de que yo alcanzase Sierra Maestra, de donde partió la conquista de La Habana. La caída del régimen se produjo el 31 de diciembre de 1958, ocho meses después de mi salida de la cárcel del Buró de Investigaciones y mi expulsión hacia España. Mucho del post de hoy es extracto de mi libro, agotado tras 42 años en el mercado. Puede obtenerse de segunda mano a través de este enlace.





Gracias por el enlace. Ya te lo llevaré para que me lo firmes y dediques.
Comentario por erwillillo — 28 Julio 2008 @ 1:19
Cuánto se aprende contigo!No puedo casi leerte porque hay 36 grados dentro de mi casa y estoy todo el dia debajo de la encina.Un abrazo.
Comentario por Milenrrama — 29 Julio 2008 @ 10:35