Henri Cartier-Bresson: con él nació el Fotoperiodismo
Este 22 de agosto 2008, hace cien años, vino al mundo Henri Cartier Bresson, un francés de familia holgada que siempre sintió un especial apego por la gente que sufre o que sobrevive. De buen dibujante en sus ratos de ocio, pasó a la fotografía con su legendaria Leica para retratar un mundo que algunos denominaron “Belle Époque”, entre dos guerras y que muchas veces iba impregnado de cierta empatía natural.
Modestamente, he querido ser Hanri Cartier-Bresson con el que me une, además del nombre de pila, mi ternura hacia los desheredados. Como él, dibujo y pintura de aficionado, me permitieron descubrir la importancia del encuadre, del equilibrio de los volúmenes, del juego de blancos y negros, de la extensa gama de grises. Dibujo y pintura requieren reflexión y ensayo. La goma de borrar puede corregir lo que creíamos válido y no lo es. La cámara fotográfica, en el fotoperiodismo, no te permite borrar los errores, estás metido en la guerra de lo instantáneo. Cartier-Bresson fue -como todos los que pretendemos ser alumnos suyos- un cazador de imágenes. Se dedicó a cazar en Costa de Marfil en los años 30 y vender la caza a los indígenas. Pedirle al sujeto que detenga su vida un instante, es falsificar la realidad. El retrato es o no es bueno según se capture o se pose. No recuerdo haber hecho ninguno de los muchos retratos que he realizado en mi vida, pactando con el sujeto. Martín Luther King, el día de su famosa Marcha Negra sobre Washington, se volvió hacia mí buscando a alguien, y disparé. Lo mismo me sucedió con Fidel Castro cuando le iba a fotografiar de espaldas en la cima de una colina de Sierra Maestra, y disparé. Pueden ver esos retratos en mi Flickr.
La fotografía está sufriendo ataques por parte de gente que lo único que sabe es legislar por legislar. El “Press release” existía en EE.UU. en los años 1962 y 63 cuando más trabajé en aquel país. Ibamos con un cuadernillo donde cada hoja tenía un texto impreso autorizando el uso de la imagen de alguien que pasase delante de tu cámara cuando disparabas a otro sujeto o monumento. Era como correr los cien metros con esposas en las muñecas y grilletes en los tobillos. Decidí no hacer uso de ello y pactar si alguien se sentía agredido en su intimidad. Hoy, en España, so pretexto de proteger el derecho a la imagen propia y la intimidad ¡se tiene que borrar el rostro de los niños! Dentro de veinte años, un historiador tropezará en las hemerotecas con las fotos de un mundo sin niños. La calle es de todos y de nadie a la vez.
El origen de esta legislación fue el secuestro del hijo de Charles Lindbergh, el primer piloto que cruzó el Atlántico en 1927 y ganó una fortuna con su hazaña. Pero no todos los hijos de familias normales son objeto de intentos de secuestro. El de Ana García Obregón podría tener ese problema dado que su madre es famosa y rica (y se encarga ella de las exclusivas si las quiere) pero no el de millones de niños que alegran la vida de los mayores con sus dotes naturales de actores. No hablo de pedófilos. Sus víctimas no son niños fotografiados sino realidades cercanas a su entorno. La famosa foto de “El Beso” de Robert Doisneau, de una pareja besándose frente a la Alcaldía en 1950, hoy hubiese requerido permiso de los protagonistas. Toda espontaneidad de los anónimos acabará desapareciendo. Un arte que se realiza en 1/100 de segundo, no puede ser castrado por leguleyos burócratas empeñados en detener la marcha del Tiempo.
Henri Cartier-Bresson fue fundador en 1947, con Robert Capa y David Seymour, de la cooperativa de fotógrafos más famosa del mundo: Magnum. He conocido a varios de sus fotógrafos como Margareth Bourke-White, autora en 1936 de la primera portada de la revista LIFE. A David Seymour lo he conocido muerto en la morgue del hospital italiano de Ismaelieh en octubre de 1956, durante la guerra de Suez. Yacía acribillado a balazos junto a Jean Roy, de Paris-Match donde yo acababa de empezar a trabajar. Con René Burri nos conocimos durante la inauguración del Hotel Nile Hilton de El Cairo y a Thomas Dworzak, en Huesca hace dos años. Fuera de Magnum, y dentro de la escuela de Cartier-Bresson, estamos muchos sin el talento del auténtico fundador de un arte de la actualidad, del de pintar en una centésima de segundo una imagen que tenga cabeza, corazón y empatía.





Siempre son interesantes tus artículos y a menudo,como aquí,reveladores.
Comment por Milenrrama — 22 Agosto 2008 @ 20:09
Te he dejado un meme
Comment por Carmen Sánchez Carazo — 23 Agosto 2008 @ 16:59
Es cierto que se ha perdido esa espontaneidad, pero por parte de muchos periodistas (o que aseguran serlo) se ha perdido el respeto a la intimidad de muchas que no desean verse en primera plana de una revista o prriódico y ello a llevado a que las leyes se hayan endurecido. Como siempre por unos pocos, pierden todos.
He vuelto a repasar su galería de fotos y hay algunas impagables.
Comment por isadora — 23 Agosto 2008 @ 22:35